Redacción Editorial
-Dos notas editoriales de José Luis Ramírez Sánchez describen un escenario de fragilidad y deterioro donde el tiempo del gobierno ya se agotó sin haber dado resultados tangibles.
-Se denuncia que la administración ha perdido el tiempo en discursos vacíos mientras la siniestralidad escala a niveles alarmantes.
-El texto concluye que el gobierno de Juan Miguel Ramírez ha fallado en entender la movilidad como un principio de justicia social.
-La sentencia final es un llamado a la acción ciudadana para detener la desmesura de una administración que ya se siente ausente.
-José Luis Ramírez señala que la ciudad no está para experimentos de prueba y error a mitad de un mandato que ya luce desgastado.
-La gestión de Juan Miguel Ramírez es tachada de ligera e inconsistente, revelando un profundo desconocimiento de la administración pública.
-El anuncio de desaparecer la Dirección de Movilidad es calificado por el hermano del alcalde como un acto de autosabotaje gubernamental.
-Las notas de los medios celayenses ponen de manifiesto un alcalde que primero dice una cosa, luego dice otra y luego ya no sabe qué dijo.
-El análisis destaca que el alcalde prefiere la mano dura contra grafiteros mientras muestra sumisión ante los grupos criminales.
-Se denuncia que el sistema de transporte público está estancado y con una tendencia a la baja que lo vuelve financieramente inviable.
-El hermano del edil critica los discursos oficiales de honestidad, señalando que las inercias de corrupción y deficiencia persisten.
-Se califica como un cuento chino la promesa de autobuses eléctricos, mientras las unidades actuales son obsoletas y están fuera de norma.
-La falta de pericia técnica ha provocado que el sistema de semaforización colapse, dejando la seguridad vial a la deriva en la ciudad.
-Se señala una criminalización irrespetuosa y sin pruebas por parte del alcalde hacia los anteriores directores de la dependencia.
-La administración es señalada por reducir la política de inclusión a simple publicidad y pintura roja en rampas mal diseñadas.
-José Luis Ramírez advierte que desaparecer Movilidad es un desatino que atenta contra el derecho constitucional de los ciudadanos.
-La propuesta de ahorro por la desaparición de la oficina es exhibida como irrelevante frente al derroche en festejos y ferias.
-El autor asegura que la autoridad moral y política se ha perdido en el gobierno municipal de Celaya ante tanta improvisación.
-La conclusión del hermano es lapidaria: el actual gobierno es una desmesura irresponsable que debe ser arrancada de raíz.
-El crecimiento del 150% en el padrón de motocicletas ha tomado por sorpresa a una administración sin capacidad de planeación.
-José Luis Ramírez denuncia que el gobierno municipal ignora que la moto es hoy el motor de inclusión social para los más pobres.
-Se señala que los accidentes de motocicleta generan un impacto económico invisible de 72 millones de pesos anuales para la ciudad.
-El hermano del alcalde critica que no existan carriles compartidos ni infraestructura segura, condenando a los jóvenes al riesgo.
-La falta de un plan de movilidad condena a Celaya a una motorización individual desordenada y altamente contaminante.
-Se califica como una amenaza al derecho constitucional de movilidad el desmantelar las áreas técnicas encargadas de la seguridad.
-El autor afirma que la autoridad municipal es corresponsable de las muertes viales al no garantizar condiciones de seguridad mínima.
-Se tacha de desatino que el alcalde priorice el ahorro administrativo sobre la vida y la integridad física de los celayenses.
-El análisis revela que el transporte público es tan deficiente que obliga a los trabajadores a arriesgarse en vehículos de dos ruedas.
-José Luis Ramírez propone que reducir los accidentes en un 50% ahorraría 36 millones de pesos, algo que el gobierno ni siquiera proyecta.
-La infraestructura actual es descrita como excluyente y diseñada solo para el automóvil, ignorando la realidad social de Celaya.
-El hermano del edil exige justicia espacial para que ciclistas y motociclistas dejen de ser estigmatizados por la autoridad.
En dos artículos publicados por José Luis Ramírez Sánchez (https://reportebajio.com/autosabotaje-en-movilidad-y-transporte-doble-o-nada/ y https://reportebajio.com/la-motocicleta-y-la-carrera-de-la-movilidad-doble-o-nada/ ), hermano del presidente municipal de Celaya Juan Miguel Ramírez Sánchez, más las publicaciones realizadas por diversos medios locales desde el 14 de enero hasta casi finalizar el mes de enero, exhiben a una administración municipal que está dañando a Celaya y a los celayenses. Una exhibición de ineptitud señalado desde el dedo acusador del mismísimo hermano del alcalde y que pone en claro que el gobierno emanado de Morena y que llegó al poder quién sabe mediante qué "maromas", le ha estado mintiendo a la ciudadanía y haciendo experimentos que le están costando millones de pesos al erario
Crónica de un desgobierno anunciado: El análisis de José Luis Ramírez
La administración municipal de Celaya, encabezada por Juan Miguel Ramírez Sánchez, enfrenta un juicio severo y frontal proveniente de su propio núcleo familiar. José Luis Ramírez Sánchez, a través de un análisis técnico y político de gran calado, ha desnudado las carencias, omisiones y lo que él denomina como un autosaboteo constante en una de las áreas más sensibles para la población: la movilidad y el transporte. Lo que se desprende de sus textos no es solo una crítica administrativa, sino una denuncia de la falta de seriedad de un gobierno que parece navegar sin brújula.
El punto de ruptura más evidente es la intención del alcalde de desaparecer la Dirección de Movilidad y Transporte. Para José Luis Ramírez, esto no es una estrategia de optimización, sino un error garrafal. El calificativo de autosabotaje resuena con fuerza, especialmente cuando se considera que Celaya, con casi 600 mil habitantes, requiere de instituciones sólidas y no de la fragmentación de responsabilidades. El hermano del edil señala que esta decisión es un balazo a la reelección y una muestra clara de que se está gobernando bajo la dinámica de prueba y error, un lujo que una ciudad con la complejidad de Celaya no puede permitirse.
La movilidad en Celaya se encuentra en un estado de fragilidad alarmante. El sistema de transporte público, lejos de avanzar hacia la modernización prometida, se encuentra en un proceso de involución. José Luis Ramírez destaca que, tras la pandemia, el número de usuarios y de unidades en operación ha caído drásticamente. De las 400 unidades que circulaban antes de 2020, hoy solo quedan 288, y de ellas, 66 son chatarra. La promesa de los autobuses eléctricos de origen chino es fustigada como un cuento chino y un banderazo de aire, ya que no existe ni siquiera la infraestructura de carga necesaria para que operen. Mientras tanto, los ciudadanos padecen retrasos que van de los cinco minutos hasta las dos horas.
El análisis profundiza en la incapacidad técnica de la administración. Se menciona con ironía y severidad que el mayor aporte en materia de accesibilidad ha sido pintar de rojo los accesos para personas con discapacidad, sin atender el diseño universal ni el mantenimiento. Más grave aún es la situación de la semaforización, donde la falta de gestión ha llegado al extremo de culpar a las ratas por el robo de cables, una excusa que para el autor revela la desatención total de la seguridad vial. El incremento de accidentes, con un promedio de 200 por mes y un costo social millonario, es la prueba tangible de un gobierno que ha fallado en proteger a su gente.
Uno de los puntos más críticos del señalamiento de José Luis Ramírez es la ligereza con la que el alcalde toma decisiones de gran impacto. Juan Miguel Ramírez ha argumentado que desaparece la dirección porque no encuentra a alguien honesto para el cargo, una afirmación que su hermano califica como una generalización irrespetuosa que criminaliza a los profesionales del sector sin presentar pruebas. Este vacío de liderazgo, con una dirección que ha pasado meses sin titular, ha derivado en una dispersión de funciones que solo agrava los problemas de congestión y contaminación que asfixian a la ciudad.
El hermano del alcalde también pone el dedo en la llaga sobre la incongruencia financiera. El argumento del ahorro para justificar el desmantelamiento de Movilidad se desmorona cuando se compara con el gasto excesivo en la Feria de Celaya, donde se dilapidaron casi tres millones de pesos diarios sin dejar un beneficio social real. Para el analista, esto demuestra que las prioridades del gobierno municipal están volcadas hacia lo electoral y lo político, ignorando que la movilidad es un derecho humano que facilita el acceso al trabajo y la salud.
Finalmente, la crítica trasciende el tema técnico para tocar la fibra de la seguridad y la moralidad pública. José Luis Ramírez cuestiona duramente la postura del alcalde frente a la delincuencia. Mientras Juan Miguel Ramírez declara que no vino a combatir a los grupos criminales, presume mano dura contra jóvenes grafiteros. Esta sumisión a los criminales frente al castigo a conductas menores es vista como la pérdida total de la autoridad moral y política. La sentencia es clara: Celaya merece un buen gobierno y el actual, por su desmesura e irresponsabilidad, parece haber agotado ya su tiempo y su legitimidad.
Esta es la segunda y última entrega del análisis editorial, enfocada en el fenómeno de la motocicleta, la crisis de seguridad vial y la conclusión del juicio político-administrativo que José Luis Ramírez Sánchez sostiene contra la gestión de su hermano.
La tragedia sobre dos ruedas: El fracaso en la seguridad de Celaya
La segunda parte del análisis de José Luis Ramírez Sánchez es una bofetada de realidad estadística y social para la administración de Juan Miguel Ramírez. El foco se traslada de las oficinas burocráticas a las calles, donde la motocicleta se ha convertido en el síntoma más evidente de un sistema de transporte público colapsado y una autoridad municipal que ha decidido mirar hacia otro lado. Para el hermano del alcalde, la proliferación de motocicletas no es un accidente, sino la respuesta desesperada de una población que no encuentra en el gobierno soluciones de movilidad dignas.
El crecimiento explosivo del 150% en el uso de motocicletas entre 2018 y 2025 es presentado como una "carrera" que el gobierno municipal está perdiendo por goleada. Mientras el ayuntamiento se enreda en discusiones sobre desaparecer dependencias para ahorrar unos pesos, miles de ciudadanos, principalmente jóvenes y trabajadores de bajos ingresos, se ven obligados a usar la motocicleta para sortear la ineficiencia de un transporte público caro e irregular. José Luis Ramírez es enfático: la moto es hoy una herramienta de inclusión social que la administración de su hermano criminaliza o ignora, en lugar de integrar con infraestructura segura.
Lo más crudo del análisis es el señalamiento de la alta siniestralidad. Con datos de la propia Dirección de Tránsito, se revela un escenario de guerra urbana: 200 accidentes mensuales, de los cuales una cuarta parte termina con lesionados graves. El autor le pone precio a la negligencia: cada accidente grave cuesta, en promedio, 100 mil pesos. Al año, esto suma una sangría de 72 millones de pesos en costos médicos, pérdida de productividad y daños materiales. Es un "gasto invisible" que el alcalde prefiere no ver, pero que desangra la economía de las familias celayenses.
El hermano del edil no se tienta el corazón al calificar esta situación como una violación al Artículo 4º Constitucional. Sostiene que el derecho a la movilidad en condiciones de seguridad es una obligación que el municipio está evadiendo. Al intentar fragmentar la Dirección de Movilidad, el alcalde no solo comete un error administrativo, sino que comete un atentado contra la seguridad pública. José Luis Ramírez argumenta que, si el gobierno tuviera un gramo de visión técnica, entendería que invertir en cultura vial y carriles compartidos no es un gasto, sino una inversión que podría ahorrarle a la ciudad hasta 36 millones de pesos anuales tan solo reduciendo los accidentes a la mitad.
La crítica final es una estocada a la esencia misma del actual gobierno. José Luis Ramírez describe a una autoridad municipal que ha perdido la brújula y la moral. El contraste es doloroso: un alcalde que persigue a grafiteros pero que se muestra sumiso ante la delincuencia organizada, y que prefiere "ahorrar" desapareciendo una dirección estratégica mientras derrocha millones en ferias que no dejan rastro de beneficio social. La infraestructura de Celaya, bajo esta lógica, se mantiene como un modelo excluyente que favorece el automóvil y desprecia la vida de quienes se desplazan a pie, en bici o en moto.
En el cierre de este análisis profundo, queda claro que para José Luis Ramírez, el tiempo de la administración de Juan Miguel Ramírez se ha agotado. Los calificativos de "desmesura" e "irresponsabilidad" no son gratuitos; son el resultado de observar un gobierno que ha sustituido la planeación técnica por vaguedades políticas. La conclusión es una advertencia para los ciudadanos: la movilidad y la seguridad de Celaya no pueden dejarse en manos de quienes han demostrado que su única estrategia es el desmantelamiento institucional. La consigna es lapidaria: el gobierno actual ya se fue, y Celaya sigue esperando a alguien que realmente sepa gobernar.
FUENTES INFORMATIVAS CONSULTADAS:

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