Mons. Enrique Díaz, obispo de Irapuato: no permitan que el crimen organizado gobierne la vida pública.
Redacción Editorial
Tras la masacre de once personas en Salamanca, exigió que los tres niveles de gobierno asuman su responsabilidad y garanticen paz y seguridad para las familias guanajuatenses, como lo dieron a conocer los medios Milenio y Periódico Correo
En el contexto del llamado episcopal, se precisa un hecho detonante. El asesinato de once personas en Salamanca, que evidenció la fragilidad de la seguridad en la región y de donde se desprende el mensaje central del obispo de Irapuato, que es el de "no dejen que nos gobierne el crimen organizado. Queremos vivir en paz, queremos seguir trabajando y luchando por nuestras instituciones, valores, escuelas y familias”.
El obispo subrayó el impacto de la violencia en la vida cotidiana y la necesidad de que los espacios públicos sean seguros para las familias.
La voz del obispo Enrique Díaz Díaz no es un grito aislado, sino el eco de una sociedad que se siente atrapada entre la indiferencia oficial y el poder creciente del crimen organizado. Guanajuato, motor industrial y cultural de México, se ha convertido en un escenario donde la violencia amenaza con normalizarse. El riesgo más grave no es solo la pérdida de vidas, sino la erosión de la confianza ciudadana en las instituciones.
El llamado episcopal desnuda una contradicción intolerable: mientras las autoridades presumen cifras y programas, la realidad se mide en funerales, miedo y desplazamiento. La violencia no puede maquillarse ni minimizarse. Cada ataque, cada masacre, es un recordatorio de que el Estado está cediendo terreno a poderes fácticos que imponen su ley a sangre y fuego.
Las responsabilidad de los gobiernos
Por lo que toca al gobierno federal, es un llamado de que debe garantizar que las fuerzas de seguridad actúen con eficacia y coordinación, sin excusas ni dilaciones.
Para el gobierno estatal, este tiene la obligación de reconocer la magnitud de la crisis y dejar de esconderse tras discursos triunfalistas.
Finalmente, los gobiernos municipales, que son la primera línea de contacto con la ciudadanía y no pueden permanecer pasivos frente al miedo que paraliza comunidades enteras.
El papel de la sociedad
El obispo también advierte contra la indiferencia ciudadana. Normalizar la violencia es aceptar que el crimen gobierne. La sociedad debe exigir rendición de cuentas, participar en la construcción de paz y rechazar el pesimismo que paraliza. La esperanza no puede ser ingenua, pero sí combativa: se trata de defender la vida, la dignidad y la libertad.
La exhortación de Mons. Enrique Díaz Díaz es más que un sermón: es un manifiesto contra la claudicación del Estado. Guanajuato no puede resignarse a ser gobernado por el crimen. La paz no es un lujo, es un derecho. Y ese derecho exige valentía política, responsabilidad institucional y compromiso ciudadano. La pregunta que queda abierta es si los gobiernos escucharán este llamado o seguirán administrando la violencia como si fuera un dato estadístico más.
Guanajuato enfrenta una encrucijada. O se recupera el control institucional y se defiende la vida, o se cede definitivamente al poder del crimen. La voz del obispo es un recordatorio de que aún hay quienes se niegan a aceptar la derrota moral y política frente a la violencia. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido
