
La Saga/Adela Micha/Redacción Editorial Metro News
-Morena se lava las manos tras la detención de Diego Rivera, el alcalde de Tequila que operaba como un empleado más del CJNG.
-La 4T presume pureza mientras el operativo Enjambre desnuda cómo el crimen organizado se sienta hoy en las sillas del poder.
-Extorsiones a tequileras y relojes de millones de pesos: el perfil de un cacique que gobernó bajo el amparo de las siglas guindas.
-¿Quién se hace responsable por postular criminales? La política no tiene colores cuando el narco es el que manda en los municipios.
-De Jalisco a Sinaloa: el rastro de la narcopolítica sigue creciendo ante un discurso oficial que se cae a pedazos por la realidad.
-No es infiltración, es ocupación: en muchos rincones de México, los delincuentes no están fuera del gobierno, son el gobierno.
-El caso de Tequila es solo la punta del iceberg en un país con dos mil quinientos municipios bajo la bota de la delincuencia.
-Diego Rivera cayó por meterse con los poderosos, pero miles de extorsionadores siguen libres asfixiando al ciudadano de a pie.
-La Casa Blanca observa mientras aquí se niega el narcoestado; la detención de Rivera es la prueba irrefutable de la crisis actual.
-Borrachera de poder y sangre: Adela Micha cuestiona la moral de un partido que arropó a un criminal hasta que ya no pudo ocultarlo.
Gobierno de criminales: el narcoestado es real
Diego Rivera cayó por meterse con los poderosos, pero miles de extorsionadores siguen libres asfixiando al ciudadano de a pie.
La Casa Blanca observa mientras aquí se niega el narcoestado; la detención de Rivera es la prueba irrefutable de la crisis actual.
Borrachera de poder y sangre: Adela Micha cuestiona la moral de un partido que arropó a un criminal hasta que ya no pudo ocultarlo.
Otro narcopolítico más de Morena ha caído, y con él, se desploma una vez más el gastado cuento de que ellos son diferentes. El operativo Enjambre puso al descubierto la verdadera naturaleza de Diego Rivera, ahora exalcalde de Tequila, Jalisco, a quien el mundo describe no como un servidor público, sino como un extorsionador profesional y un cacique del crimen organizado.
La detención de Rivera no es un triunfo fortuito de la justicia, es la confirmación de una sospecha dolorosa: la 4T es una mala caricatura de sus propias promesas. El hombre que juró destruir la corrupción se dedicó a inventar adeudos de predial y permisos para extorsionar a empresas tequileras de la talla de José Cuervo, utilizando a la seguridad municipal para amedrentar a quienes no cedían a sus chantajes.
Los vínculos de Rivera con el Cártel Jalisco Nueva Generación y su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, no eran secretos a voces, eran descaros públicos. Desde proyectar imágenes del capo en conciertos hasta autodenominarse su empleado, el alcalde operaba con una impunidad que solo se explica bajo el cobijo del poder político. Mientras ganaba sesenta mil pesos mensuales, lucía relojes de millones de pesos y se adueñaba del Museo Nacional del Tequila para convertirlo en su residencia personal.
Ahora, Morena intenta lavarse las manos con un discurso de cero impunidad, afirmando que ellos mismos lo detuvieron. Sin embargo, la pregunta queda en el aire: ¿quién se hace responsable por haber llevado a un criminal al poder? El caso de Tequila no es un evento aislado; es el espejo de lo que sucede en Tabasco, en Sinaloa y en cientos de municipios donde el narcotráfico no ha infiltrado al gobierno, sino que se ha convertido en el gobierno mismo.
La realidad es cruda y no admite otros datos. El narcoestado no es una fantasía ni un invento de la prensa vendida; es la tragedia diaria de agricultores, comerciantes y ciudadanos que viven bajo el yugo de alcaldes impuestos por el crimen. La detención de Diego Rivera, operada por Omar García Harfuch, es un acierto necesario, pero insuficiente mientras el sistema siga permitiendo que los delincuentes compitan por boletas electorales. México enfrenta una borrachera de poder y criminalidad que ya no se puede ocultar ni con discursos ni con propaganda.
La transcripción del editorial de Adela Micha, en La Saga
Adela Micha:
Otro narcopolítico más de Morena. Ya nadie les cree el cuento de que ellos son diferentes y de que ellos hacen las cosas distinto. Ayer por la mañana se dio a conocer de la detención de uno más. Como parte del operativo Enjambre, arrestaron a Diego Rivera, el alcalde del municipio de Tequila en Jalisco. Todos lo describen como un extorsionador profesional, como un cacique del crimen organizado, como una muy mala caricatura de todo lo que la 4T pregona y había prometido destruir y desterrar.
Uno de sus escándalos más recientes fue extorsionar a las empresas cerveceras y tequileras del municipio. Uno de sus esquemas favoritos, según lo describen, consistía en inventarse prediales vencidos, permisos, vamos, si no pagabas te amenazaba con clausurarte y hasta te enviaba elementos de seguridad para amedrentarte. Fue así como intentó sacarle lana a algunas de las tequileras más importantes del país, entre ellas a José Cuervo, pero sus desplantes fueron mucho más allá. El año pasado lo llamaron a declarar por un caso de apología del delito.
Resulta que en un concierto del grupo Los Alegres del Barranco, en Tequila, justo se proyectaron imágenes de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, con el que se le acusa también de tener vínculos. Vamos, él mismo se decía ser su empleado. El alcalde Diego Rivera tenía también señalamientos por violencia política de género contra regidoras del Ayuntamiento. Su caso fue tan burdo que hasta lo acusan de haberse adueñado a la mala del Museo Nacional del Tequila. ¿Para qué? Pues para convertirlo en sus oficinas, vamos, en su casa personal.
Ahí hasta tuvo que intervenir la fiscalía. Se hizo también famoso por tener relojes de millones de pesos, aun cuando su sueldo era de sesenta mil pesos al mes. Como todo buen cacique, el alcalde llegó a amenazar a la prensa. En diciembre, apenas en diciembre, amagó con demandar al periodista de MX, Jorge García Orozco, a quien aquí hemos entrevistado en varias ocasiones, y lo amenazó solo por exponer sus escándalos de corrupción.
Los de la 4T pues ya saben, se están queriendo lavar las manos diciendo que ellos sí son diferentes porque ellos mismos detuvieron a Diego Rivera. Vamos, no les quedaba ya de otra. Quieren vender el discurso de que no hay impunidad para nadie, que ellos no encubren, no protegen a nadie y que la política no tiene colores partidistas. Pero este caso, el del alcalde de Jalisco, demuestra justamente lo contrario. Que Morena no es capaz de filtrar a los candidatos que propone ni tampoco a los funcionarios que designa.
Que a diferencia de lo que presumen, el narcotráfico ha logrado infiltrarse en su gobierno y que hay municipios como el de Tequila que están literalmente gobernados por criminales. Que el narcoestado no es una fantasía, es una realidad. Y no es que los delincuentes hayan infiltrado al gobierno, es que los delincuentes son el gobierno.
Diego Rivera cayó por ser criminal, pero sobre todo cayó ya por su desmesura. Hombre, ya no tuvo límites en sus delitos. Se asoció con el Cártel Jalisco para poder extorsionar, ya les decía, a las grandes empresas tequileras con dueños millonarios. Se metió con gente demasiado poderosa y luego se preguntan por qué no quiere la gente invertir en México. Pero ¿qué va a pasar en todos esos municipios?, me pregunto, donde los alcaldes extorsionan pero a las tiendas, pero a los restaurantes, pero a los agricultores, a la gente de a pie.
Esos no caen tan fácilmente. Y a Morena se le olvida también que hasta hace pocas semanas el partido seguía arropando y protegiendo a Diego Rivera. Y Morena quiere que se nos olviden que ya van demasiados casos y que gobiernan en tantos estados. En Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, ex secretario de seguridad, líder de La Barredora. La Fiscalía de Sinaloa borrando la evidencia y escondiendo los cadáveres cuando fue el secuestro del Mayo.
Los sobrinos del secretario de Marina montando una red de huachicol fiscal que ha sido el caso de corrupción más grande de la historia de México. Y bueno, pues así podríamos seguirnos. Y cada vez que hay elecciones y que nosotros, la prensa, hemos denunciado que el crimen organizado está interviniendo en los procesos electorales, que está imponiendo a sus candidatos, se nos ha dicho que estamos exagerando o que estamos vendidos o que son casos de excepción.
Y la verdad sí, sí, qué bueno que Omar García Harfuch haya detenido a este personaje deleznable, Diego Rivera, pero yo me pregunto y les pregunto: ¿quién se hace responsable por haber llevado a un criminal al poder? Y además en México, solo les recuerdo, hay casi dos mil quinientos municipios. ¿Ustedes creen que Tequila es el único caso? ¿No creen que haya muchísimas más historias parecidas? Esta borrachera de poder y criminalidad en Tequila solo está sirviendo para desnudar la tan cruda realidad que vive nuestro tan amado país.
¿Con qué cara nos vienen a decir ahora a nosotros o a la Casa Blanca, a donde ahí sí les tienen miedo, que el narcoestado no existe, que es una fantasía? ¿Con qué cara? Pues yo soy Adela Micha. #LaSaga #MetroNewsMx
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