Redacción Editorial Metro News
-El Maximato fue un sistema de control absoluto donde Calles operaba como el verdadero poder en la sombra nacional.
-Lázaro Cárdenas rompió ocho años de sumisión presidencial mediante una operación militar ejecutada en total sigilo.
-Plutarco Elías Calles fue sorprendido en su cama, enfermo de gripe y leyendo la obra de Hitler antes de ser desterrado.
-La expulsión del Jefe Máximo no fue un acto de impulsividad, sino una purga institucional fríamente calculada por meses.
-Cárdenas desmanteló la red de espionaje y control del gabinete desplazando a los ministros leales al antiguo régimen.
-El ejército mexicano, antes fiel al general Calles, juró lealtad a la investidura presidencial por encima del caudillo.
-En menos de ocho horas, una estructura de poder que parecía eterna colapsó ante la firmeza de un presidente joven.
-Calles instaló a tres presidentes y removió a dos a su antojo, hasta que topó con la resistencia de Lázaro Cárdenas.
-La Hacienda de Santa Bárbara pasó de ser el centro del poder paralelo a ser el escenario de la humillación de Calles.
-La orden de deportación se fundamentó en la protección de la seguridad nacional frente a la división provocada por Calles.
-Francisco Múgica ejecutó el arresto con instrucciones de no permitir negociaciones ni llamadas externas al expresidente.
-La imagen de Calles con dos maletas rumbo al exilio simbolizó el fin de la era de los caudillos revolucionarios en México.
-Cárdenas utilizó la reforma agraria como un arma política para construir una base de apoyo popular independiente y fuerte.
-El Maximato demostró que la Constitución era letra muerta mientras un hombre controlara los hilos desde su residencia.
-La élite política abandonó a Calles en cuanto el avión despegó, confirmando que la lealtad en México es hacia el cargo.
-Los hacendados perdieron su escudo protector y enfrentaron la expropiación masiva de dieciocho millones de hectáreas.
-Calles intentó desde el exilio recuperar su influencia mediante cartas y prensa, pero su tiempo político ya había muerto.
-La purga de Cárdenas en el gabinete en enero de 1936 fue el primer golpe letal contra la estructura callista del PNR.
-El control de Calles sobre el Congreso y la economía se desvaneció al perder el mando directo sobre el ejército federal.
-Cárdenas transformó la figura presidencial de una marioneta decorativa en una institución con autoridad constitucional.
-El Jefe Máximo subestimó la inteligencia y la capacidad de maniobra de un hombre que creía sumiso y fácil de manipular.
-El desprendimiento de Calles del poder fue una lección histórica sobre la vulnerabilidad de los sistemas personalistas.
-La noche del 10 de abril de 1936 es el punto de inflexión donde México transitó del caudillismo al presidencialismo puro.
-El silencio del personal doméstico llorando en Santa Bárbara marcó el cierre melancólico de una dictadura tras bambalinas.
-Cárdenas no buscaba poder personal, sino la consolidación de un Estado donde nadie estuviera por encima de la ley suprema.
-La prensa conservadora tuvo que doblegarse ante la nueva realidad política tras años de servir como megáfono de Calles.
-El regreso de Calles en 1941 fue el de un hombre derrotado, sin red de apoyo y condenado al olvido en su propia patria.
-La redistribución de tierras a 800 mil familias fue posible gracias a que no hubo un jefe máximo para frenar el decreto.
-El sistema político mexicano se reorganizó bajo un mando único, eliminando la bicefalia que causaba inestabilidad nacional.
-Cárdenas demostró que la legitimidad legal, respaldada por la fuerza militar, es capaz de derrocar a cualquier titán.
Análisis de una Ruptura: El día que la institución devoró al caudillo
La historia de México está plagada de traiciones, pero pocas poseen la elegancia quirúrgica y la contundencia institucional del golpe asestado por Lázaro Cárdenas contra Plutarco Elías Calles. Lo que presenciamos en la transcripción de este pasaje fundamental no es simplemente un cambio de mando; es el acta de defunción de un sistema de gobierno bicefálico que desangraba la soberanía del Ejecutivo. El Maximato era, por definición, una aberración constitucional: un hombre con el título, pero un caudillo con el mando.
Plutarco Elías Calles cometió el error clásico de los dictadores que envejecen: creer que su propia creación es incapaz de cobrar vida independiente. Calles diseñó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) como un mecanismo de relojería para perpetuarse, asumiendo que el Palacio Nacional sería siempre una oficina de trámites bajo su supervisión desde la Hacienda de Santa Bárbara.
Instaló a Portes Gil, doblegó a Ortiz Rubio hasta la renuncia humillante y domesticó a Abelardo Rodríguez. Para Calles, el presidente era un empleado; para México, la democracia era una farsa de sombras.
La llegada de Lázaro Cárdenas en 1934 fue planeada por Calles como el cuarto acto de su obra de títeres. Cárdenas, un general de 39 años, de perfil bajo y disciplina militar, parecía la pieza perfecta para mantener el statu quo. Sin embargo, la transcripción revela una verdad perturbadora para los poderosos: el silencio no siempre es sumisión, a veces es observación estratégica. Cárdenas no llegó a obedecer; llegó a estudiar las grietas de un sistema que privilegiaba el interés de un hombre sobre la necesidad de una nación que aún supuraba las heridas de la Revolución.
El análisis profundo de este conflicto nos lleva a la purga de enero de 1936. Cárdenas no utilizó la fuerza bruta como primera opción; utilizó la burocracia. Al remover de un plumazo a seis ministros leales a Calles, el presidente estaba cortando los nervios que conectaban el cerebro del Jefe Máximo con el cuerpo del Estado. Fue un movimiento de ajedrez político que dejó a Calles gritando advertencias en la prensa, sin darse cuenta de que ya no tenía manos para ejecutarlas. La autoridad no se pide, se ejerce, y Cárdenas la tomó por asalto desde las entrañas del gabinete.
La noche del 10 de abril es la culminación de este asedio institucional. Es profundamente simbólico que Calles fuera hallado leyendo *Mein Kampf*. Mientras el caudillo se perdía en las teorías del control absoluto y la superioridad de la voluntad, la realidad de un Estado moderno y organizado llamaba a su puerta con 20 fusiles y una orden de deportación. La imagen de Calles en bata, debilitado por la gripe, enfrentando al general Múgica, es la metáfora perfecta del colapso del Maximato: un gigante de pies de barro que descubre, demasiado tarde, que el ejército ya no le pertenece.
Cárdenas comprendió que para ser un presidente real debía eliminar al presidente ficticio. El destierro de Calles no fue un acto de crueldad, sino una necesidad de higiene política. Sin la salida física de Calles del territorio nacional, la reforma agraria y la nacionalización de los recursos habrían sido saboteadas por la red de intereses que el callismo había tejido en el sector empresarial y latifundista. La expulsión de Calles en ocho horas aniquiló ocho años de influencia paralela y devolvió a la silla presidencial el peso de la ley.
El resultado de esta ruptura fue avasallador. Con Calles en Estados Unidos, el escudo de los hacendados se pulverizó. La redistribución de 18 millones de hectáreas no fue solo un acto de justicia social, sino la consolidación del poder cardenista. Al entregar la tierra a los campesinos, Cárdenas compró la lealtad del pueblo, creando una base de poder que ninguna conspiración de café en la Ciudad de México podría derribar. Calles controlaba instituciones; Cárdenas controló la esperanza de las masas.
Este episodio nos enseña que el poder absoluto es una ilusión que depende de la obediencia de los subordinados. En el momento en que los generales decidieron que su lealtad estaba con la investidura y no con el hombre, Calles dejó de ser el Jefe Máximo para convertirse en un anciano enfermo con dos maletas. La nota editorial de este pasaje histórico es clara: en México, la sombra del caudillo es larga, pero la luz de la institución, cuando se ejerce con valor y frialdad, es capaz de disipar cualquier oscuridad personalista. Cárdenas no solo expulsó a un hombre; desterró para siempre la idea de que alguien pudiera estar por encima de la presidencia de la República.
La narración e historia del Maximato de Plutarco Elías Calles y su caída
Narrador:
10 de abril de 1936, 10 de la noche. Hacienda de Santa Bárbara, Estado de México. Plutarco Elías Calles está en su cama con gripe leyendo Mein Kampf de Adolfo Hitler. Afuera de la habitación, 20 soldados del ejército federal rodean la propiedad. El hombre que ha controlado México durante 8 años sin ser presidente está a punto de ser expulsado del país en menos de 8 horas. Calles no es presidente desde 1928, pero desde entonces ha instalado tres presidentes, ha removido a dos de ellos cuando dejaron de obedecer. Controla el Congreso, controla el ejército, controla decisiones económicas del país.
Los hacendados le deben su supervivencia, las reformas agrarias se detienen cuando él lo ordena. Los ministros son nombrados según su aprobación, ninguna ley importante se aprueba sin su consentimiento. Lo llaman el Jefe Máximo de la Revolución. Es el hombre más poderoso de México y esa noche de abril tiene 4 horas para empacar todo lo que pueda cargar. A las 6:30 de la mañana siguiente, un avión militar lo llevará fuera del país. Deportado, expulsado por órdenes directas del presidente Lázaro Cárdenas, el mismo hombre que Calles había recomendado para el cargo 2 años antes.
Esta es la historia de cómo un presidente de 39 años destruyó al jefe máximo en una noche. Años de control político absoluto terminaron en 8 horas. El sistema que había operado desde las sombras instalando y removiendo presidentes colapsó en una operación nocturna que cambió el equilibrio de poder en México para siempre. El maximato, como se conocería ese periodo, había comenzado en 1928. Ahora, en 1936, estaba a punto de terminar y todo comenzó con una decisión que Plutarco Elías Calles nunca imaginó que alguien se atrevería a tomar.
Narrador:
Esta no es la historia de dos hombres enfrentados por poder personal, es la historia de cómo se destruye un sistema político que operaba desde las sombras. Plutarco Elías Calles no era solo un expresidente influyente, era el centro de una estructura de control que había decidido quién gobernaba México durante 8 años consecutivos. Tres presidentes instalados, dos presidentes removidos, centenares de decisiones políticas dictadas desde fuera del Palacio Nacional. ¿Cómo se construye poder suficiente para controlar presidentes sin ocupar el cargo? ¿Qué sucede cuando alguien elegido para obedecer decide romper las reglas del sistema? ¿Y qué queda cuando un poder que parecía permanente se desmonta en una sola noche?
Para entender lo que ocurrió el 10 de abril de 1936, necesitamos volver a 1924, cuando Plutarco Elías Calles llegó a la presidencia de México. Si disfrutas investigaciones profundas sobre las estructuras de poder en la historia de México, suscríbete al canal, activa las notificaciones y déjame en los comentarios qué Hacienda quieres que investigue después. Tu apoyo hace posible este trabajo documental. Plutarco Elías Calles nació el 25 de septiembre de 1877 en Guaymas, Sonora. Hijo de familia modesta, trabajó como maestro rural antes de unirse a la Revolución Mexicana en 1911. Ascendió rápidamente en las filas militares por capacidad organizativa y lealtad a los líderes constitucionalistas.
Para 1915 ya era general, en 1919 gobernador de Sonora, en 1920 secretario de guerra bajo el presidente Álvaro Obregón. Cuando Obregón terminó su periodo presidencial en 1924, Calles fue elegido presidente. Gobernó 4 años. Durante su mandato implementó políticas económicas modernizadoras, fortaleció instituciones federales, enfrentó a la Iglesia Católica durante la guerra cristera, construyó carreteras, estableció el Banco de México y consolidó el control del Estado sobre sectores estratégicos. En 1928 su periodo presidencial terminó. La Constitución prohibía la reelección inmediata. Calles entregó el poder, pero no lo soltó.
Narrador:
Había un problema estructural en México. La revolución había terminado oficialmente en 1920, pero los líderes revolucionarios seguían compitiendo por poder. Cada cambio de presidente generaba tensiones, algunos perdedores intentaban golpes militares. El país vivía en inestabilidad política constante. Propuso una solución: crear un partido político único que organizara a todas las fracciones revolucionarias bajo una estructura institucional. En 1929 fundó el Partido Nacional Revolucionario, antecesor del futuro partido revolucionario institucional. Pero Calles no solo creó el partido, se posicionó como su líder indiscutible y desde esa posición comenzó a decidir quién sería el siguiente presidente de México.
El primero fue Emilio Portes Gil, quien gobernó de 1928 a 1930. Fue un periodo de transición diseñado para permitir que Álvaro Obregón regresara a la presidencia tras la reforma constitucional que permitía reelección no consecutiva. Pero Obregón fue asesinado antes de asumir el cargo. Portes completó el periodo interino. Calles mantuvo control absoluto sobre las decisiones políticas. El segundo fue Pascual Ortiz Rubio, quien asumió en 1930. Su presidencia fue un desastre desde el inicio. Intentó tomar decisiones independientes, Calles lo bloqueó sistemáticamente. Nombró ministros sin consultarlo, anuló políticas que Ortiz Rubio intentaba implementar.
Dos años después, en 1932, Ortiz Rubio renunció humillado. No soportó ser presidente sin poder real. El tercero fue Abelardo Rodríguez, quien gobernó de 1932 a 1934. Este sí entendió las reglas. No intentó desafiar a Calles, consultaba todas las decisiones importantes. Su periodo fue estable precisamente porque aceptó ser subordinado. Este era el maximato. Calles instalaba presidentes; si obedecían, permanecían; si desafiaban, caían. Por 8 años ese sistema funcionó sin interrupciones hasta que llegó Lázaro Cárdenas. Lázaro Cárdenas del Río nació el 21 de mayo de 1895 en Jiquilpan, Michoacán. Familia pobre, sin tierra, sin privilegios heredados.
Narrador:
Su padre Dámaso Cárdenas era comerciante modesto que vendía textiles y apenas generaba ingresos suficientes para sostener a la familia. Su madre Felícitas del Río administraba la casa con recursos mínimos. Cuando Lázaro tenía 16 años su padre murió. La familia cayó en dificultades económicas inmediatas. El joven Cárdenas abandonó la escuela y trabajó como empleado en una oficina de recaudación fiscal, luego como ayudante en una imprenta local. Ganaba lo mínimo. Veía todos los días cómo el sistema favorecía a quienes ya tenían poder y cerraba puertas a quienes nacían sin nada. En 1913 a los 18 años estalló la Revolución Mexicana y Cárdenas se unió al Movimiento Constitucionalista.
Narrador:
No tenía formación militar pero tenía convicción. Ascendió rápidamente por capacidad y lealtad. General a los 25 años. Durante los años revolucionarios atravesó Michoacán, Jalisco, Veracruz. En cada región veía el mismo patrón: haciendas controlando tierras mientras campesinos sin propiedad se unían a la revolución buscando reforma agraria. En 1928 fue nombrado gobernador de Michoacán. Ahí implementó su primera reforma agraria. Redistribuyó 11,000 hectáreas entre campesinos de la región. Fue modesta comparada con lo que vendría después, pero le enseñó una lección crítica: los propietarios no entregarían nada voluntariamente. Solo la fuerza del Estado respaldada por autoridad legal podía romper estructuras de poder territorial.
En 1933 Plutarco Elías Calles buscaba candidato para la presidencia. Necesitaba alguien confiable, alguien que entendiera las reglas del maximato. Cárdenas parecía perfecto. Había sido leal durante la revolución, como gobernador no había causado problemas, era disciplinado, callado, obediente. Calles lo recomendó. El Partido Nacional Revolucionario lo nominó. En 1934 Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia de México con 39 años. Calles esperaba que fuera como Abelardo Rodríguez, un presidente que consultara, que obedeciera, que entendiera quién realmente mandaba. Calles había calculado todo excepto una cosa: Cárdenas no había olvidado lo que vio durante la revolución y no había llegado a la presidencia para recibir órdenes.
Cuando Plutarco Elías Calles dejó la presidencia en 1928 no se retiró a vida privada. Mantuvo residencia en Ciudad de México, recibía visitas diarias de políticos, empresarios, militares. Su casa funcionaba como centro de poder paralelo al Palacio Nacional. Las decisiones importantes se consultaban con él antes de ejecutarse. Los nombramientos ministeriales requerían su aprobación. Las políticas económicas se ajustaban según sus indicaciones. El primer presidente del maximato fue Emilio Portes Gil, quien gobernó de diciembre de 1928 a febrero de 1930. Portes Gil entendía perfectamente su rol. No era presidente con autoridad plena, era administrador temporal mientras se preparaba el regreso de Álvaro Obregón, quien había ganado la reelección pero fue asesinado antes de asumir el cargo.
Durante ese periodo Calles decidió quién ocupaba los ministerios clave. El secretario de guerra designado por Calles, el secretario de Hacienda aprobado por Calles, el secretario de Gobernación consultado con Calles. Portes Gil firmaba los nombramientos pero las decisiones se tomaban fuera del palacio. Cuando surgían conflictos importantes Portes Gil viajaba personalmente a la residencia de Calles para recibir instrucciones. Los periódicos de la época documentaron esas visitas frecuentes. Todos sabían quién realmente mandaba. Portes Gil nunca intentó cambiar esa dinámica. Completó su periodo sin confrontaciones, entregó el poder como estaba planeado. El segundo presidente fue Pascual Ortiz Rubio, quien asumió en febrero de 1930.
Su caso fue diferente. Ortiz Rubio llegó pensando que tendría autoridad real. Había sido gobernador de Michoacán, embajador en varios países, político con experiencia. Creía que Calles respetaría su independencia una vez que fuera presidente. Estaba completamente equivocado. Desde las primeras semanas Calles intervino directamente en decisiones presidenciales. Ortiz Rubio intentó nombrar su propio gabinete, Calles rechazó varios nombres y propuso alternativas. Ortiz Rubio cedió en algunos casos, insistió en otros. Calles simplemente ignoró las insistencias y contactó directamente a los ministros que quería instalar. Los nombramientos se hicieron según la voluntad de Calles no del presidente. Ortiz Rubio intentó implementar políticas agrarias más cautelosas que las que Calles favorecía.
Narrador:
Calles hizo declaraciones públicas criticando esas políticas. Los ministros comenzaron a recibir instrucciones contradictorias: una del presidente, otra del jefe máximo. La mayoría obedecía a Calles. En junio de 1931 Ortiz Rubio intentó remover al secretario de guerra, un hombre leal a Calles. El secretario se negó a renunciar y visitó a Calles buscando respaldo. Calles lo apoyó públicamente. El secretario permaneció en su puesto. La autoridad presidencial quedó humillada frente al país entero. La prensa comenzó a llamar a Ortiz Rubio el presidente de cartón. Un hombre con el título pero sin el poder. Caricaturas políticas lo mostraban como marioneta con hilos controlados por Calles. La humillación era constante y pública.
En septiembre de 1932, después de dos años de conflictos continuos, Ortiz Rubio renunció. Presentó su renuncia al Congreso alegando razones de salud, pero todos sabían la verdad. No soportó ser presidente sin poder real. No toleró recibir órdenes de alguien que oficialmente no ocupaba ningún cargo. El tercer presidente fue Abelardo Rodríguez, quien gobernó de septiembre de 1932 a noviembre de 1934. Rodríguez aprendió de los errores de Ortiz Rubio. Desde el primer día aceptó las reglas del maximato. No intentó nombrar ministros sin consultar a Calles, no implementó políticas sin aprobación previa. Cuando tenía dudas sobre decisiones importantes visitaba a Calles y recibía instrucciones. Su presidencia fue estable precisamente por esa sumisión. No hubo conflictos públicos, no hubo humillaciones.
Narrador:
Rodríguez administraba, Calles decidía. El sistema funcionaba porque ambos aceptaban sus roles. Durante esos 2 años Calles consolidó aún más su poder. Controlaba el Partido Nacional Revolucionario completamente. Tenía lealtad del ejército. Los gobernadores estatales le consultaban decisiones antes de actuar. Los empresarios buscaban su aprobación para inversiones importantes. Los hacendados sabían que reformas agrarias se detenían cuando Calles lo ordenaba. Para 1934 el maximato llevaba 6 años operando. Tres presidentes habían pasado por el Palacio Nacional, ninguno había gobernado realmente. Calles era el poder detrás del trono y ese poder parecía permanente. Había construido un sistema donde el título de presidente existía pero la autoridad presidencial estaba en manos del jefe máximo. Y entonces llegó el momento de elegir al cuarto presidente.
Narrador:
Calles necesitaba alguien confiable, alguien que entendiera las reglas. Lázaro Cárdenas parecía perfecto. Lázaro Cárdenas asumió la presidencia el primero de diciembre de 1934. Durante los primeros meses todo parecía funcionar según el patrón establecido. Cárdenas nombraba ministros consultando con calles, implementaba políticas que no generaban conflictos, visitaba la residencia del jefe Máximo regularmente. Desde fuera parecía que el maximato continuaría sin interrupciones. Pero Cárdenas estaba observando. Estudiaba cómo funcionaba el sistema, identificaba quiénes en el gabinete eran leales a calles, quiénes podían ser persuadidos, quiénes eran simplemente oportunistas que seguirían al poder más fuerte. Hablaba poco en reuniones públicas, escuchaba, tomaba notas mentales.
Narrador:
En los primeros 6 meses de 1935 Cárdenas comenzó a moverse. No con confrontación directa, con acciones graduales que parecían técnicas pero tenían consecuencias políticas profundas. Empezó reemplazando mandos militares regionales. Oficiales leales a calles fueron transferidos a posiciones menos estratégicas. Nuevos comandantes seleccionados personalmente por Cárdenas asumieron control de guarniciones clave. Los cambios se justificaban como rotaciones administrativas normales pero el resultado era claro: Cárdenas estaba construyendo lealtad militar propia. Luego comenzó la reforma agraria. En marzo de 1935 Cárdenas ordenó la expropiación de tierras en Michoacán, su estado natal. No eran propiedades enormes, no era una reforma masiva pero era significativa porque se hizo sin consultar a calles.
Narrador:
Los hacendados afectados protestaron. Algunos tenían conexiones con calles, esperaban que el jefe máximo interviniera para detener las expropiaciones. Calles no intervino inmediatamente. Observaba, evaluaba si esto era un desafío real o simplemente Cárdenas cumpliendo promesas de campaña sin importancia estratégica. En abril Cárdenas expandió la reforma agraria a otros estados: Puebla, Veracruz, Jalisco. Las expropiaciones seguían siendo moderadas comparadas con lo que vendría después pero el ritmo aumentaba. Los hacendados empezaron a organizarse. Visitaban a calles, le decían que Cárdenas estaba yendo demasiado lejos, que la reforma agraria debía ser controlada, gradual, sin afectar propiedades productivas.
Narrador:
En mayo de 1935 Calles decidió actuar. No confrontó a Cárdenas directamente. Usó la prensa. Dio una entrevista a periódicos importantes donde declaró que México necesitaba estabilidad económica, que las reformas agrarias descontroladas generaban incertidumbre, que los inversionistas extranjeros se asustaban cuando veían expropiaciones sin criterios claros, que el presidente debía moderar sus políticas. No mencionó a Cárdenas por nombre. No necesitaba hacerlo. Todos entendían el mensaje. Era la forma en que Calles había controlado a presidentes anteriores: declaraciones públicas que funcionaban como advertencias. Ortiz Rubio había cedido ante esas advertencias. Rodríguez había consultado antes de seguir adelante. Cárdenas no hizo ninguna de las dos cosas.
Narrador:
En junio Cárdenas aceleró las expropiaciones. Dobló el ritmo de redistribución de tierras. Visitó personalmente comunidades campesinas y anunció que la reforma agraria era prioridad nacional, que el gobierno defendería el derecho de los trabajadores a poseer tierra, que ningún hacendado estaba por encima de la ley. El desafío era claro ahora. Calles había dado una advertencia pública, Cárdenas la había ignorado completamente. Más que ignorarla, había hecho exactamente lo contrario. La élite política observaba con fascinación y ansiedad. ¿Qué haría Calles? Con Ortiz Rubio había escalado la presión hasta forzar la renuncia. Con Rodríguez no había sido necesario porque Rodríguez obedecía desde el inicio. Pero Cárdenas no estaba renunciando ni obedeciendo, estaba desafiando.
Narrador:
En agosto de 1935 Calles intensificó la presión. Convocó reuniones con líderes del Partido Nacional Revolucionario. Les recordó que él había fundado el partido, que el partido existía para mantener estabilidad institucional, que presidentes que generaban caos debían ser controlados. No dijo explícitamente que Cárdenas debía ser removido pero la implicación estaba clara. Algunos líderes del partido respondieron con lealtad a calles, otros permanecieron silenciosos. Observaban hacia dónde se inclinaba el poder real. Si Calles lograba remover a Cárdenas como había removido a Ortiz Rubio, querían estar del lado ganador. Pero si Cárdenas lograba resistir, no querían quedar marcados como opositores.
Cárdenas siguió avanzando. En septiembre anunció una gira nacional. Visitaría estados clave, hablaría directamente con gobernadores, comandantes militares, líderes sindicales, organizaciones campesinas. Oficialmente era una gira de trabajo para entender las necesidades del país. En realidad Cárdenas estaba construyendo alianzas, consolidando lealtades, preparando el terreno para lo que vendría. Durante esa gira Cárdenas fue recibido con entusiasmo por sectores populares. Campesinos que habían recibido tierra en las expropiaciones lo veían como defensor. Trabajadores que esperaban reformas laborales lo apoyaban. Militares de rango medio que habían ascendido bajo su presidencia le eran leales.
Narrador:
Calles observaba desde Ciudad de México. Veía cómo Cárdenas construía poder popular mientras él controlaba instituciones tradicionales. Era un tipo de confrontación diferente a las anteriores. Ortiz Rubio había intentado mantener poder institucional. Cárdenas estaba construyendo poder popular que podía enfrentar instituciones. Para finales de 1935, 18 meses después de asumir la presidencia, Cárdenas había hecho algo que ningún presidente del Maximato había logrado: no había cedido ante calles, no había renunciado y estaba construyendo bases de poder independientes. El jefe máximo enfrentaba una situación nueva y tendría que decidir cómo responder.
Narrador:
Enero de 1936. Plutarco Elías Calles decidió que había tolerado suficiente. Cárdenas llevaba 14 meses desafiando su autoridad. Las reformas agrarias continuaban acelerándose, los comandantes militares leales a calles estaban siendo reemplazados, el presidente visitaba estados y construía alianzas sin consultarlo. Era momento de aplicar la solución que había funcionado con Ortiz Rubio. El 12 de enero Calles convocó a periodistas en su residencia. Dio declaraciones que fueron publicadas al día siguiente en los principales periódicos del país. Dijo que México enfrentaba inestabilidad económica peligrosa, que las reformas agrarias descontroladas estaban destruyendo la producción nacional.
Narrador:
Que los campesinos recibían tierra pero no tenían crédito ni herramientas para trabajarla productivamente. Que el país necesitaba un gobierno responsable que priorizara estabilidad sobre experimentos sociales. Esta vez mencionó a Cárdenas directamente. Dijo que el presidente había perdido rumbo, que estaba siendo influenciado por radicales que no entendían realidades económicas, que si las políticas actuales continuaban México enfrentaría crisis que tomaría décadas resolver. Era la advertencia más directa que Calles había hecho públicamente contra un presidente en funciones. Con Ortiz Rubio declaraciones similares habían precedido la renuncia forzada. La élite política entendió el mensaje inmediatamente. Calles estaba preparando el terreno para remover a Cárdenas.
Los periódicos especularon sobre cuánto tiempo le quedaba al presidente. Algunos editoriales sugerían que Cárdenas debería moderar sus políticas si quería completar su periodo, otros directamente pronosticaban su renuncia en los siguientes meses. Diputados y senadores del Partido Nacional Revolucionario comenzaron a posicionarse. Algunos visitaron públicamente a calles mostrando lealtad, otros permanecieron silenciosos esperando ver cómo evolucionaba el conflicto. Cárdenas respondió tres días después. No con declaraciones a la prensa, con acciones. El 15 de enero de 1936 el presidente reorganizó su gabinete completamente. Removió a todos los ministros que tenían lealtad conocida a calles.
Narrador:
El secretario de Hacienda que había sido nombrado con aprobación del jefe máximo fue reemplazado, el secretario de Gobernación también, el secretario de comunicaciones. En total seis ministros fueron removidos en un solo día. Los reemplazos eran hombres que Cárdenas había seleccionado personalmente. Políticos que habían mostrado lealtad a la presidencia no al jefe máximo. Algunos venían de la gira nacional donde Cárdenas había construido alianzas, otros eran figuras que habían apoyado las reformas agrarias desde el inicio. Era un golpe institucional. Cárdenas estaba desmantelando la red de control que Calles había construido dentro del gobierno y lo hacía abiertamente, sin disculparse, sin negociar.
Calles respondió el 20 de enero con declaraciones aún más duras. Dijo que México estaba siendo gobernado por incompetentes, que el gabinete nuevo era un grupo de radicales sin experiencia, que la Revolución Mexicana no se había hecho para entregar poder a demagogos que prometían tierra sin entender economía. Llamó a los líderes del Partido Nacional Revolucionario a tomar responsabilidad. Sugirió que el Congreso debía actuar si el presidente no corregía rumbo. No usó la palabra renuncia pero la implicación era transparente: calles estaba pidiendo al Congreso que presionara a Cárdenas para renunciar exactamente como había ocurrido con Ortiz Rubio 4 años antes.
La crisis alcanzó punto crítico en febrero. Diputados cercanos a calles comenzaron a organizar bloques legislativos opositores. Hablaban de presentar mociones de censura contra el presidente. Algunos gobernadores estatales, especialmente aquellos con conexiones a calles, hicieron declaraciones cuestionando las políticas presidenciales. La élite empresarial también se manifestó. Hacendados que veían sus propiedades amenazadas por expropiaciones publicaron cartas abiertas criticando el gobierno. Inversionistas extranjeros expresaron preocupación. La prensa conservadora amplificó todas esas voces presentando un país al borde del caos económico. Parecía que calles estaba ganando.
Narrador:
Había movilizado instituciones, medios, élites económicas. Había creado narrativa de crisis que justificaría la remoción presidencial. Ortiz Rubio había renunciado bajo presión menor que esta pero Cárdenas no era Ortiz Rubio. En marzo de 1936 el presidente convocó reunión privada con comandantes militares clave. Les preguntó directamente si el conflicto con calles escalaba, ¿el ejército obedecería órdenes presidenciales o seguiría al jefe máximo? La mayoría respondió que obedecería al presidente. Algunos por lealtad personal a Cárdenas, otros porque entendían que la Constitución daba autoridad al presidente en funciones no a expresidentes. Unos pocos permanecieron ambiguos. Cárdenas había confirmado lo que necesitaba saber: tenía respaldo militar suficiente y con ese respaldo podía hacer algo que ningún presidente del Maximato había intentado. Podía expulsar al jefe máximo.
Narrador:
9 de abril de 1936 Lázaro Cárdenas convocó reunión urgente con su gabinete de confianza y comandantes militares leales. En esa reunión tomó la decisión: Plutarco Elías Calles sería expulsado del país. No habría negociación, no habría advertencias previas. La operación se ejecutaría esa misma noche. Cárdenas firmó la orden de deportación con base en facultades presidenciales para proteger seguridad nacional. El documento legal argumentaba que calles representaba amenaza a estabilidad política del país, que sus declaraciones públicas incitaban división, que su presencia en territorio mexicano generaba conflictos institucionales incompatibles con orden constitucional.
Narrador:
El general Francisco Múgica fue designado para comandar la operación. Múgica era leal a Cárdenas desde años revolucionarios. Tenía órdenes claras: arrestar a calles, darle 4 horas para empacar pertenencias esenciales, trasladarlo al aeropuerto militar y ponerlo en un avión con destino a Estados Unidos antes del amanecer. 20 soldados fueron asignados a la operación. Tropas seleccionadas personalmente, hombres que no tenían lealtad a calles. A las 9 de la noche del 10 de abril los militares salieron de Ciudad de México en vehículos sin identificación oficial. Destino: Hacienda de Santa Bárbara donde calles residía temporalmente. 22 horas: los vehículos militares llegaron a Santa Bárbara. La propiedad estaba en las afueras de la ciudad. Casa grande, terrenos amplios, guardias privados en la entrada. Pero los guardias no esperaban operación militar federal. Cuando vieron los vehículos no sabían si debían detenerlos o dejar pasar. El general Múgica mostró órdenes presidenciales. Los guardias cedieron.
Narrador:
22 horas 15 minutos: los soldados rodearon la casa principal. Múgica entró acompañado de cuatro oficiales. Preguntaron a personal doméstico dónde estaba Calles. Les dijeron que estaba en su habitación. Había estado enfermo con gripe los últimos días, no recibía visitas. 22 horas 20 minutos: Múgica y los oficiales subieron al segundo piso. Tocaron la puerta de la habitación. Una voz desde adentro preguntó quién era. Múgica identificó su rango militar y dijo que traía órdenes presidenciales urgentes. La puerta se abrió. Plutarco Elías Calles estaba en bata. En la mesita de noche junto a su cama había un libro: Mein Kampf de Adolfo Hitler, edición en español. Calles había estado leyendo antes de ser interrumpido. Miró a los militares con confusión inicial, luego con comprensión, luego con furia controlada.
Narrador:
Múgica le informó que tenía orden presidencial de deportación. Que debía prepararse para salir del país. Que tenía hasta las 2 de la mañana para empacar lo que pudiera llevar en dos maletas. Que a las 6:30 de la mañana un avión lo trasladaría a Estados Unidos. Calles exigió hablar con el presidente. Múgica respondió que no había posibilidad de comunicación. Las órdenes eran definitivas. Calles preguntó bajo qué cargos legales se justificaba la deportación. Múgica mostró el documento firmado por Cárdenas. Calles lo leyó. Dijo que era ilegal, que violaría sus derechos constitucionales, que el presidente no tenía autoridad para deportar ciudadanos mexicanos sin juicio. Múgica no discutió legalidad. Repitió que las órdenes eran claras y se ejecutarían. Calles tenía hasta las 2 de la mañana para empacar.
Narrador:
22:45 minutos: calles comenzó a vestirse. Se movía lentamente. Parte por la gripe que lo debilitaba, parte porque intentaba ganar tiempo. Pidió permiso para hacer llamadas telefónicas. Múgica negó el permiso. Dijo que no habría comunicaciones externas hasta que la operación estuviera completa. Calles entonces pidió hablar con su familia. Múgica concedió ese permiso limitado. La esposa de calles fue informada de la situación. Se le dijo que podía acompañar a su esposo al exilio o permanecer en México. Ella decidió acompañarlo. 23 horas 30: calles comenzó a seleccionar qué empacar. Documentos personales, ropa, dinero en efectivo que tenía en la casa. Intentó llevarse archivos políticos completos. Múgica revisó el contenido y rechazó varios documentos considerados sensibles. Solo pertenencias personales serían permitidas.
Narrador:
Durante las siguientes horas Calles alternó entre intentar negociar y empacar en silencio. Preguntó varias veces si había posibilidad de postergar la deportación aunque fuera días. Múgica respondía siempre igual: las órdenes presidenciales no admitían modificaciones. 2 de la mañana: calles había llenado dos maletas. Su esposa también. Múgica informó que era momento de partir hacia el aeropuerto. Calles pidió 15 minutos más. Múgica negó la extensión. El tiempo asignado había terminado. 2 horas 15 minutos: calles salió de su habitación, bajó las escaleras. Caminaba lentamente. Al llegar a la planta baja miró alrededor de la casa. Personal doméstico observaba en silencio, algunos lloraban. Calles no dijo nada. Salió por la puerta principal. Afuera esperaban los vehículos militares. Calles y su esposa fueron escoltados al vehículo central. Dos soldados subieron con ellos. Otros vehículos adelante y atrás formaron convoy.
Narrador:
A las 2:30 de la mañana el convoy partió rumbo al aeropuerto militar de Balbuena. El trayecto duró aproximadamente 3 horas. Las calles de Ciudad de México estaban vacías a esa hora. El convoy se movió sin incidentes. No hubo intentos de rescate, no hubo protestas. La operación se ejecutaba exactamente como Cárdenas había planeado. 5 horas 30 minutos: el convoy llegó al aeropuerto militar. Un avión ya estaba preparado en la pista. Calles fue escoltado directamente desde el vehículo hasta la escalerilla del avión. No hubo ceremonia, no hubo declaraciones, solo silencio. 6 horas 30 minutos: el avión despegó destino Los Ángeles, California. Plutarco Elías Calles, el hombre que había controlado México durante 8 años sin ser presidente, salió del país deportado como enemigo del Estado. Llevaba dos maletas. Dejaba atrás el poder que había construido durante casi una década. El jefe máximo había sido expulsado en 8 horas.
Narrador:
11 de abril de 1936, 6 de la mañana. Cuando el avión con Plutarco Elías Calles despegó de Ciudad de México, la noticia ya comenzaba a circular entre la élite política. Las primeras llamadas telefónicas se hicieron desde el aeropuerto. Funcionarios leales a Cárdenas contactaron a diputados, senadores, gobernadores. El mensaje era simple: el jefe máximo había sido expulsado del país por órdenes presidenciales. El maximato había terminado. La reacción inicial fue incredulidad. Políticos que habían visto a tres presidentes operar bajo control de calles no podían procesar que alguien finalmente lo hubiera removido. Algunos pensaron que era rumor, otros que era operación temporal y calles regresaría en días. Muy pocos entendieron inmediatamente que esto era definitivo.
A las 8 de la mañana Lázaro Cárdenas convocó reunión de emergencia en Palacio Nacional. Asistieron todos los miembros del gabinete, comandantes militares de la Ciudad de México, líderes del Partido Nacional Revolucionario. Cárdenas confirmó oficialmente la deportación. Leyó el documento legal que la justificaba. Declaró que había actuado para proteger estabilidad institucional del país. Que ningún ciudadano, sin importar su historia revolucionaria, estaba por encima de la autoridad presidencial constitucional. No pidió aprobación, no abrió debate. Simplemente informó de una decisión ya ejecutada. Los líderes del partido que habían sido leales a calles enfrentaron decisión inmediata: podían protestar y arriesgar ser identificados como opositores del presidente que acababa de demostrar capacidad de expulsar al hombre más poderoso del país, o podían aceptar la nueva realidad y mantener sus posiciones. La mayoría eligió la segunda opción.
Algunos incluso declararon públicamente su apoyo a la decisión presidencial. El ejército respondió con disciplina institucional. Los comandantes que Cárdenas había designado en meses previos expresaron lealtad total. Aquellos que habían sido cercanos a calles permanecieron silenciosos. No hubo intentos de sublevación, no hubo llamados a resistencia. El ejército obedeció al presidente en funciones. La prensa publicó la noticia en ediciones extraordinarias ese mismo día. Los periódicos conservadores que habían apoyado a calles moderaron su tono inmediatamente. Algunos editoriales que días antes criticaban a Cárdenas ahora publicaban análisis más cautelosos. La prensa favorable al gobierno celebraba el fin del maximato como restauración del orden constitucional.
Narrador:
Los hacendados que habían confiado en protección de calles entendieron que su escudo político había desaparecido. Las reformas agrarias que calles había frenado o moderado ya no tenían quien las detuviera. Algunos intentaron hacer contactos directos con el nuevo gabinete buscando negociar protección de sus propiedades. Descubrieron que el gobierno de Cárdenas no estaba interesado en negociaciones. Gobernadores estatales que habían sido nombrados con bendición de calles comenzaron a enviar telegramas a Palacio Nacional declarando lealtad al presidente. Sabían que sus posiciones dependían ahora completamente de Cárdenas. Aquellos que habían hecho declaraciones públicas apoyando a calles en las semanas previas intentaron distanciarse rápidamente de esas posturas.
Narrador:
En los días siguientes la élite política mexicana se reorganizó completamente alrededor del poder presidencial. El vacío dejado por calles no fue ocupado por otro líder desde las sombras. Fue ocupado por la institución presidencial misma. Cárdenas había roto el patrón donde el jefe máximo controlaba presidentes. Ahora el presidente controlaba el sistema político. Y con ese control absoluto Cárdenas estaba libre para implementar las reformas que había planeado desde el inicio. Plutarco Elías Calles llegó a Los Ángeles, California el 11 de abril de 1936. Instaló residencia temporal con su familia. Durante las primeras semanas intentó organizar respuesta política desde el exilio. Escribió cartas a aliados en México, contactó periodistas estadounidenses para dar su versión de los eventos. Declaró que la deportación era ilegal, que Cárdenas había violado derechos constitucionales de ciudadano mexicano, que regresaría cuando la legalidad fuera restaurada.
Pero sus palabras ya no tenían peso. Los políticos mexicanos que antes respondían sus llamadas ahora ignoraban sus mensajes. Los periódicos que antes publicaban sus declaraciones ahora las trataban como opiniones de exfuncionario sin poder. El sistema que había construido durante 8 años operaba ahora bajo control total de Cárdenas. Calles intentó regresar a México en 1937. Solicitó permiso oficial. Cárdenas lo negó. Alegó que su presencia seguía representando amenaza a estabilidad institucional. Calles presentó recursos legales, fueron rechazados. Intentó presión diplomática a través de gobierno estadounidense, no funcionó. Permanecería en exilio hasta que Cárdenas dejara la presidencia.
Si has llegado hasta aquí conocías la historia de cómo Cárdenas expulsó a Calles ¿te sorprende que el sistema del Maximato terminara en una sola noche? Hoy la hacienda de Santa Bárbara donde Plutarco Elías Calles fue arrestado la noche del 10 de abril sigue en pie. Es propiedad privada. Pocos visitantes conocen que en esa casa ocurrió el evento que terminó con 8 años de control político desde las sombras. No hay placas conmemorativas, no hay museos. Solo una construcción que permanece mientras la historia que albergó se ha olvidado. Plutarco Elías Calles permaneció en exilio en Estados Unidos hasta 1941. 5 años viendo desde fuera cómo el país que había controlado operaba sin él.
Narrador:
Observó cómo Lázaro Cárdenas implementaba las reformas agrarias más masivas de la historia mexicana sin que nadie pudiera detenerlo. Vio cómo el sistema político que había construido se reorganizaba completamente alrededor de la institución presidencial. En 1940 cuando Manuel Ávila Camacho asumió la presidencia después de Cárdenas, Calles solicitó permiso para regresar a México. Esta vez fue concedido. Pero regresó sin poder, sin influencia, sin la red de lealtades que había controlado durante casi una década. Era simplemente un expresidente más. Vivió sus últimos años en Ciudad de México en relativo anonimato. Murió el 19 de octubre de 1945. Tenía 67 años. Su funeral fue modesto. Asistieron familiares, algunos viejos amigos, pocos políticos. No hubo honores de estado masivos, no hubo declaraciones presidenciales lamentando su muerte.
Narrador:
El hombre que había sido el jefe máximo de México murió como ciudadano privado sin el poder que había ejercido durante 8 años. El maximato nunca regresó. Después de Cárdenas ningún político mexicano volvió a controlar presidentes desde las sombras de esa forma. La institución presidencial recuperó autoridad constitucional plena. Los presidentes que siguieron gobernaron con poder real, no como administradores subordinados a figura externa. Eso no significa que México se convirtió en democracia perfecta. El Partido Revolucionario Institucional, heredero del partido que calles fundó, mantendría control político del país durante 70 años. Pero ese control operaba a través de la presidencia misma, no a través de un jefe máximo que instalaba y removía presidentes.
Narrador:
La expulsión de calles tuvo consecuencia inmediata en la reforma agraria. Con el jefe máximo fuera del país Cárdenas aceleró las expropiaciones masivas que había comenzado tímidamente. Entre 1936 y 1940 redistribuyó 18 millones de hectáreas. 3,000 haciendas fueron expropiadas total o parcialmente. 800,000 familias campesinas recibieron tierra. Los hacendados que habían confiado en protección de calles descubrieron que ese escudo había desaparecido completamente. Algunos intentaron resistir legalmente, otros sabotearon maquinaria antes de entregar propiedades, unos pocos recurrieron a violencia. Ninguna estrategia funcionó. Sin calles bloqueando las reformas desde el poder político Cárdenas tenía camino libre para transformar la estructura de propiedad de tierra en México.
La noche del 10 de abril de 1936 cambió el equilibrio de poder permanentemente. No solo porque Calles fue expulsado, sino porque demostró que el sistema del maximato podía romperse. Que presidentes podían gobernar con autoridad constitucional real. Que estructuras de poder que parecían permanentes eran vulnerables cuando alguien decidía desafiarlas con fuerza institucional respaldada por legitimidad legal. Cárdenas entregó la presidencia en 1940 después de completar su periodo de 6 años. Dejó un país transformado. El sistema de haciendas estaba destruido, el maximato había terminado, la presidencia tenía autoridad real. México era un país diferente al que había recibido en 1934.
Narrador:
Esta fue la historia de cómo un presidente de 39 años destruyó al hombre más poderoso de México. El jefe máximo que controló el país durante 8 años. Que instaló tres presidentes, que removió a dos cuando desobedecieron. Que dictaba política sin ocupar cargo oficial hasta que Lázaro Cárdenas lo expulsó en 8 horas. 8 años de poder terminaron en una noche. El sistema que parecía eterno colapsó en una operación militar ejecutada mientras la Ciudad de México dormía. El hombre que había leído Mein Kampf en su cama fue puesto en un avión al amanecer y nunca recuperó el control que había ejercido. Porque hay cosas que una vez rotas no vuelven. El maximato fue una de ellas. #MetroNewsMx

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