Redacción Editorial/Metro News Mx
La democracia mexicana enfrenta un síntoma alarmante que va más allá de las urnas: la incapacidad del sistema para tolerar la crítica ciudadana. Partiendo del reporte de Aristegui Noticias (Denuncian que ‘reventadores’ impidieron colocar manta sobre ‘narco-gobernantes’ - https://aristeguinoticias.com/0705/mexico/denuncian-que-reventadores-impidieron-colocar-manta-sobre-narco-gobernantes/), los hechos ocurridos en la Ciudad de México son una fotografía nítida de la fragilidad de nuestra libertad de expresión.
El colectivo "Mexicanos al Grito de Paz" ha puesto el dedo en la llaga al denunciar que grupos de choque, conocidos como "reventadores", impidieron físicamente la colocación de una manta que señalaba la supuesta colusión entre gobernantes y el crimen organizado. Este incidente, sumado al borrado sistemático de pintas en las inmediaciones del Senado, revela una preocupante "eficiencia de censura" que contrasta con la impunidad que impera en las investigaciones de fondo.
El uso de grupos de choque para asfixiar la protesta no es nuevo, pero su normalización en 2026 resulta inaceptable. Cuando el debate público se traslada de las ideas a la fuerza física en la vía pública, el Estado de derecho retrocede. El mensaje es claro: Hay temas que no se deben tocar. La táctica es burda: Ante la imposibilidad de rebatir con argumentos los señalamientos de narcopolítica, se opta por destruir el soporte físico del mensaje.
El colectivo cuestiona con dureza: “¿No se cansan de encubrir criminales?”. Esta interrogante resuena en un México donde las acusaciones contra figuras de alto perfil —desde el exgobernador Rubén Rocha Moya hasta las élites de Sinaloa y Tamaulipas— han escalado a instancias internacionales.
La respuesta de los grupos afines al poder ha sido el borrado sistemático. Sin embargo, retirar una lona no elimina la sospecha ciudadana; al contrario, la valida. La censura actúa como un megáfono: al intentar ocultar la protesta, los agresores solo lograron que el reclamo de justicia se viralizara con mayor fuerza en la esfera digital y mediática.
Un gobierno que se jacta de ser democrático no debería temer a un pedazo de tela en un puente. La verdadera "paz" no se construye silenciando a los críticos, sino rompiendo los lazos con la delincuencia que esos críticos denuncian.
Si las instituciones siguen priorizando la protección de la imagen política por encima de la limpieza de sus filas, la ciudadanía seguirá gritando, con o sin mantas. La libertad de expresión no es un permiso otorgado por el Estado, sino un derecho que se ejerce, especialmente cuando resulta incómodo para quienes ostentan el poder.
El silencio impuesto es el grito más fuerte de una crisis que ya no se puede ocultar con pintura. #MetroNewsMx

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