Fin de la farsa de "Abrazos, no Balazos": Golpe a "El Mencho" sacude al país
Lorenzo Córdova/Latinus//Redacción Editorial Metro News
-El abatimiento de "El Mencho" marca el colapso de la política de abrazos, forzando un retorno a la confrontación directa obligada.
-México requiere una estrategia multidimensional que trascienda lo policial para atacar las raíces financieras y sociales del crimen.
La reciente operación militar que resultó en el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no es un evento aislado ni fortuito; es el certificado de defunción de una de las épocas más oscuras y negligentes en la gestión de la seguridad pública en México. El reconocimiento oficial de que este golpe se logró mediante la coordinación con agencias de inteligencia estadounidenses no solo subraya la relevancia del objetivo, sino que pone al descubierto la fragilidad de la soberanía cuando esta se utiliza como escudo para la inacción. Estamos ante una ruptura definitiva con la estrategia de "abrazos, no balazos", una política que, lejos de pacificar, funcionó como una tregua fáctica de seis años que permitió al crimen organizado robustecer su capacidad de fuego y su control territorial.
El análisis de Lorenzo Córdova es preciso al señalar que México ha pendulado entre la guerra frontal iniciada por Felipe Calderón y continuada por Enrique Peña Nieto, y el desentendimiento absoluto de la administración obradorista. Sin embargo, el retorno a la confrontación bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum no parece ser fruto de una convicción ideológica renovada, sino de una asfixiante presión desde Washington. Las amenazas de la administración Trump de catalogar a los cárteles como organizaciones terroristas y ejecutar operaciones militares directas en suelo mexicano han forzado al Estado a retomar su obligación primaria: el uso legítimo de la fuerza para perseguir el delito.
No obstante, el riesgo de repetir los errores del pasado es inminente. La historia reciente nos demuestra que descabezar organizaciones es insuficiente si no se desmantelan sus estructuras de soporte. El crimen organizado en México ya no es solo un fenómeno delictivo; es un sistema multidimensional con aristas financieras, sociales, culturales y hasta religiosas. Las organizaciones criminales han dejado de ser simples bandas de traficantes para convertirse en corporaciones ilícitas que lavan dinero en negocios legales, penetran partidos políticos y alteran procesos electorales. Mientras el Estado mexicano siga combatiendo este monstruo únicamente como un problema de seguridad pública, los golpes espectaculares serán meros paliativos en un cuerpo carcomido por el cáncer de la corrupción.
La omisión del sexenio anterior no fue solo un error de cálculo; fue una negligencia criminal que permitió la expansión del control delictivo más allá del ámbito municipal, llegando a permear las estructuras más altas del poder. Hoy, el país presenta índices de violencia que solo se encuentran en naciones bajo conflicto bélico declarado. La disminución de cifras en ciertos indicadores, sean reales o maquilladas, no oculta la realidad de un territorio donde el Estado ha cedido el monopolio de la violencia.
Haber dejado atrás la política de desentenderse del problema es un primer paso necesario, pero insuficiente. Para que México salga de este ciclo de sangre, la respuesta debe ser integral, permanente y no solo reacciones esporádicas ante la presión externa. Se requiere una política pública que atienda la precariedad económica que empuja a las familias hacia el crimen y que rompa la convivencia tóxica entre el poder político y el delincuencial. El abatimiento de un capo es un éxito operativo, pero la erradicación del problema exige una reconstrucción profunda de las instituciones y un ataque frontal a la estructura financiera que alimenta esta guerra interminable.
La editorial de Lorenzo Córdova, en Latinus
Lorenzo Córdova:
El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación por parte del Ejército Mexicano y que como ha sido reconocido oficialmente se logró a partir de un trabajo coordinado con las autoridades estadounidenses que proporcionaron información clave para su localización constituye un golpe importantísimo en contra de uno de los más relevantes grupos del crimen organizado en nuestro país.
Se trata de una ruptura definitiva con la demencial estrategia de abrazos no balazos sostenida durante el sexenio de López Obrador que evidentemente fue forzada por la presión de la administración de Trump para que el gobierno de México rindiera y entregara resultados efectivos prontos y evidentes. En las últimas dos décadas hemos basculado entre dos políticas radicalmente diferentes de cómo enfrentar el fenómeno de la criminalidad organizada. Fuimos de la confrontación directa contra las bandas criminales bajo la lógica de la guerra al narcotráfico lanzada por Calderón y continuada prácticamente sin variaciones por Peña Nieto a la inactividad casi total del estado de los abrazos y no balazos de López Obrador.
Hoy Sheinbaum retoma la estrategia de confrontación directa de los gobiernos panistas y priistas en buena medida por las exigencias norteamericanas y las amenazas del vecino país del norte de intervenir con operaciones militares directas en contra de las organizaciones que han sido definidas por ellos como terroristas. Como lo he sostenido en otras ocasiones el problema que han tenido las dos posturas con las que se ha enfrentado el fenómeno criminal es que no ha habido un enfoque integral a partir de las distintas dimensiones que el mismo representa. Se le combate como si fuera un asunto meramente de seguridad pública a partir de una confrontación directa de las fuerzas del orden del estado en contra de las estructuras criminales de esas organizaciones como supone el enfoque de Calderón Peña y ahora también el de Sheinbaum o bien se les deja hacer a sus anchas mirando hacia otro lado y pensando ilusa y tontamente que el fenómeno se va a resolver por sí solo como ocurrió en el sexenio lopezobradorista.
Mientras no se detone una política pública integral y omnicomprensiva de las distintas facetas que ha llegado a tener el fenómeno criminal me temo todas las actuaciones del estado están condenadas al fracaso más allá de los eventuales golpes de mano como ocurrió ahora con el abatimiento del Mencho. Y es que el del crimen organizado es un asunto que hoy tiene múltiples vertientes que no pueden dejar de ser tomadas en cuenta como las distintas caras con la que el mismo se presenta. Es por supuesto un asunto delictivo y por lo tanto no puede obviarse la persecución permanente y constante de las fuerzas de seguridad del estado.
Esa fue la principal omisión de la demencial y hasta criminal estrategia del gobierno de López Obrador pensar que quienes se dedican a esas actividades delincuenciales lo hacen porque no les queda de otra. Se trata de una omisión por cierto que hoy sabemos lo único que provocó fue una tregua de seis largos años que le permitió a las organizaciones criminales robustecerse armarse aún más expandirse territorialmente diversificar sus negocios ilícitos fortalecer sus estructuras financieras incursionar en no pocos negocios legales para blanquear su dinero y también permear muchas instituciones del estado en diferentes niveles y ya no solo en el plano municipal así como también penetrar las estructuras de los partidos políticos y hasta intervenir en campañas electorales.
Por eso tiene sentido que el gobierno haya vuelto a asumir como necesaria la confrontación directa del aparato criminal asumiéndolo como lo que es una estructura delincuencial sin que importe tanto en este sentido si eso ocurrió por convicción propia o por presión del gobierno de los Estados Unidos. Sin embargo de nada le servirá al país un mero y llano regreso a las infructuosas estrategias del calderonismo y del peñismo en las que el problema se enfrenta solamente combatiendo a las estructuras paramilitares del narcotráfico desmantelando sus laboratorios clandestinos confiscando y destruyendo cargamentos de droga y armamento así como persiguiendo capturando y juzgando a sus cabecillas e integrantes.
Si a esa nos vamos seguiremos dando golpes espectaculares que de vez en cuando ocurren como pasó también en los gobiernos de Calderón y Peña haciendo algunas detenciones o abatiendo a sus líderes o sicarios sin que haya una efectiva erradicación del problema. En estos 20 años se han desmantelado algunos grupos criminales otros nuevos han surgido muchos se han reinventado y otros tantos se han escindido en medio de una crisis de inseguridad que por mucho que se empeñe el actual gobierno en festejar la disminución cierta o inventada que sea de las cifras de algunos indicadores como el de los homicidios no ceja y hace que México siga teniendo índices de violencia solo equiparables a países en guerra.
Y es que en México empezará a tener resultados positivos en el combate a la criminalidad organizada solo cuando asuma que este fenómeno es multidimensional y que requiere además de una respuesta contundente y permanente y no eventual y esporádica por parte de los cuerpos de seguridad del estado también una estrategia integral que atienda la dimensión financiera el crimen organizado es ante todo un negocio ilegal pero negocio la económica para muchas personas el crimen es una manera fácil y en ocasiones la única de contar con un ingreso para sus familias en medio de un contexto de estancamiento o precariedad económica la social para amplios sectores de la sociedad mexicana las actividades criminales son una manera de mejorar sus condiciones de vida la cultural para muchos la criminalidad no solo no es repudiable sino que representa una atractiva expresión de tradiciones y modos de vida la religiosa y por supuesto la de la corrupción que supone pues el crimen organizado puede existir solo y únicamente con una tolerancia o una convivencia con el poder político en sus diversos niveles.
Mientras eso no se entienda estaremos condenados a tener que seguir padeciendo ese cáncer del México moderno. Estamos lejos de encontrar soluciones eficaces y estructurales pero al menos el haber dejado atrás la estúpida política de desentenderse del problema que el obradorismo puso en marcha y que lo único que hizo fue agravarlo a niveles impensables es un primer e importante paso que debe reconocerse. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido
