Ante las posturas políticas: El voto católico no negocia la vida humana en las urnas
-Las recientes posturas de una asociación política de apoyar en sus principios la "interrupción del embarazo" o aborto, obliga a recordar la enseñanza de la Iglesia Católica sobre el particular, en un país donde la mayoría ciudadana está registrada dentro de esta iglesia y una gran mayoría cristiana
-El fiel debe rechazar plataformas políticas que promuevan el aborto para evitar la cooperación formal con el mal y mantener la coherencia con su fe.
-La Doctrina Social de la Iglesia establece que el derecho a la vida es un bien no negociable que prevalece sobre intereses económicos o de partido.
-El compromiso político del creyente exige un discernimiento ético riguroso que priorice la dignidad del no nacido como base de cualquier orden social.
La reciente postura de una asociación política -que busca ser un partido político- al colocar en sus documentos el favorecer la "interrupción del embarazo", forma eufemística de llamar así al aborto, además de buscar la creación de clínicas para "salud reproductiva" (https://www.metronewsmx.com/2026/02/somos-mx-el-aborto-como-estatuto-de.html ), trae a la mente la necesidad de mencionar las posturas claras de la doctrina de la Iglesia Católica en defensa de la vida humana.
Como se establece en los documentos de su doctrina, la Iglesia no se adhiere a partidos específicos, sino que marca los límites morales dentro de los cuales un católico puede ejercer su libertad política con el fin de proteger la dignidad humana desde su origen.
El principio de los "bienes no negociables"
La Iglesia enseña que existen valores que no están sujetos a negociación pues afectan la base de la dignidad humana.
"Cuando la acción política se enfrenta con principios morales que no admiten dispensas, excepciones o compromiso alguno, entonces el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona".
Esto está basado en la nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, N. 4. (https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20021124_politica_sp.html )
La objeción de conciencia y obligación grave
Los católicos con responsabilidades políticas tienen la obligación moral de oponerse a leyes abortistas.
"En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, 'ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio con el propio voto'".
Esto queda claramente establecido en la Carta Encíclica Evangelium Vitae, N. 73.
La coherencia eucarística de los políticos
El apoyo al aborto crea una ruptura entre la fe y la práctica pública que impide la plena participación sacramental.
"Los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene una relación objetiva con la Eucaristía".
Esto queda definido por la Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, N. 83. (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis.html )
El criterio del "mal menor" en el voto
Cuando no es posible elegir un candidato totalmente fiel a la doctrina, se debe buscar limitar el daño.
"Un legislador, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, podría lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el plano de la cultura y de la moralidad pública".
El documento Evangelium Vitae, N. 73 y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, N. 570, precisan lo anterior.
La gravedad moral del aborto: Papa Francisco
El Papa Francisco radicalizó el lenguaje para advertir sobre la gravedad de esta práctica en el ámbito social.
"¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema? No se puede, no es justo eliminar a un ser humano, aunque sea pequeño, para resolver un problema", tal y como lo precisó en su Audiencia General, del 10 de octubre de 2018. (https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2018/documents/papa-francesco_20181010_udienza-generale.html )
Audiencia General del Papa Francisco: Miércoles, 10 de octubre de 2018
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La catequesis de hoy está dedicada a la Quinta Palabra: no matarás. El quinto mandamiento: no matarás. Estamos ya en la segunda parte del Decálogo, la que se refiere a las relaciones con el prójimo; y este mandamiento, con su formulación concisa y categórica, se yergue como una muralla de defensa del valor fundamental en las relaciones humanas. Y ¿cuál es el valor fundamental en las relaciones humanas? El valor de la vida. Por eso, no matarás.
Se podría decir que todo el mal obrado en el mundo se resume en esto: el desprecio por la vida. La vida está agredida por las guerras, por las organizaciones que explotan al hombre —leemos en los periódicos o vemos en los informativos muchas cosas—, por las especulaciones sobre la creación y por la cultura del descarte y por todos los sistemas que someten la existencia humana a cálculos de oportunidad, mientras que un número escandaloso de personas vive en un estado indigno para el hombre. Esto es despreciar la vida, es decir, de algún modo, matar.
Un punto de vista contradictorio consiente también la supresión de la vida humana en el seno materno en nombre de la salvaguardia de otros derechos. Pero, ¿cómo puede ser terapéutico, civilizado, o simplemente humano un acto que suprime la vida inocente e indefensa en su florecimiento?
Yo os pregunto: ¿Es justo «quitar de en medio» una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema? No se puede, no es justo «quitar de en medio» a un ser humano, aunque sea pequeño, para resolver un problema. Es como contratar a un sicario para resolver un problema.
¿De dónde viene todo esto? La violencia y el rechazo a la vida, ¿de dónde nacen, en el fondo? Del miedo. De hecho, acoger al otro es un desafío al individualismo. Pensemos, por ejemplo, cuando se descubre que una vida naciente es portadora de discapacidad, incluso grave. Los padres, en estos casos dramáticos, necesitan cercanía real, solidaridad verdadera, para enfrentar la realidad y superar temores comprensibles. En su lugar, a menudo reciben consejos apresurados para interrumpir el embarazo, es decir, es una forma de decir: «interrumpir el embarazo» significa «quitar de en medio a uno», directamente.
Un niño enfermo es como todos los necesitados de la tierra, como un anciano que necesita ayuda, como tantas personas pobres que luchan por salir adelante: él, el que se presenta a sí mismo como un problema, es en realidad un don de Dios que puede sacarme del egocentrismo y hacerme crecer en el amor. La vida vulnerable nos muestra el camino de salida, la manera de salvarnos de una existencia replegada sobre sí misma y de descubrir la alegría del amor. Y aquí me gustaría parar para agradecer, agradecer a muchos voluntarios, agradecer al voluntariado italiano fuerte que es el más fuerte que he conocido. Gracias.
¿Y qué lleva al hombre a rechazar la vida? Son los ídolos de este mundo: el dinero —mejor deshacerse de esto, porque costará— el poder, el éxito. Estos son parámetros incorrectos para valorar la vida. ¿Cuál es la única medida auténtica de la vida? ¡Es el amor, el amor con el que Dios la ama! El amor con el que Dios ama la vida: esta es la medida. El amor con el que Dios ama a toda vida humana.
De hecho, ¿cuál es el sentido positivo de la Palabra «No matarás»? Que Dios es «amante de la vida», como hemos escuchado hace poco en la lectura bíblica.
El secreto de la vida se nos ha revelado por cómo la trató el Hijo de Dios, que se convirtió en hombre, hasta asumir, en la cruz, el rechazo, la debilidad, la pobreza y el dolor. En cada niño enfermo, en cada anciano débil, en cada migrante desesperado, en cada vida frágil y amenazada, Cristo nos está buscando, está buscando nuestro corazón para revelarnos la alegría del amor.
Vale la pena acoger a toda vida, porque cada hombre vale la sangre de Cristo mismo. ¡No se puede despreciar lo que Dios ha amado tanto!
Debemos decirles a los hombres y mujeres del mundo: ¡no desprecies tu vida! La vida de los demás, pero también la suya, porque el mandamiento también es válido para eso: «No matarás». A muchos jóvenes se les debe decir: ¡no despreciéis vuestra existencia! ¡Dejad de rechazar la obra de Dios! ¡Tú eres una obra de Dios! ¡No te subestimes, no te desprecies con adicciones que te arruinarán y te llevarán a la muerte!
Nadie mide la vida de acuerdo con los engaños de este mundo, pero que cada uno se acepte a sí mismo y a los demás en nombre del Padre que nos creó. Él es «un amante de la vida»: esto es hermoso, «Dios es un amante de la vida». Y todos somos tan queridos por él que ha enviado a su Hijo por nosotros. «Porque —dice el Evangelio— tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna».
Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Los animo a que siguiendo el ejemplo de Jesús, que vino a dar su vida por nosotros, sepamos acoger y proteger la propia vida y la de los demás en el nombre de Dios Padre. Muchas gracias.
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