Eugenio Amézquita Velasco

-La Iglesia venezolana sostiene una resistencia ética frente a la intención gubernamental de suplantar la fe por ideologías políticas.
-El Estado moderno incurre en el error de creerse otorgante de derechos, olvidando que estos son inherentes a la dignidad humana natural.
-La descalificación sistemática y la difamación son las nuevas herramientas de persecución contra las instituciones que actúan como voces críticas.
-Se advierte una preocupante fractura del tejido social mediante discursos de odio que dividen a la población en bandos irreconciliables.
-El episcopado venezolano aboga por una purificación de la memoria para que los errores del pasado no se repitan en el futuro próximo.
-La Iglesia se posiciona como un referente moral necesario en contextos donde el silencio social es impuesto por el miedo y la represión.
-Se analiza el impacto del tutelaje extranjero y la presencia de intereses ajenos que complican la soberanía y la paz en el territorio.
-La campaña "Sanar la herida y abrazar la vida" surge como una respuesta pastoral para reconstruir la unidad de una nación fragmentada.
-Existe una analogía directa entre los procesos políticos de Venezuela y México respecto al uso del lenguaje para polarizar al pueblo.
-La verdadera política debe trascender la descalificación personal para enfocarse en propuestas que dignifiquen a la persona y su entorno.

La institución eclesiástica como último reducto de la dignidad humana

La realidad geopolítica de América Latina, marcada por el ascenso de regímenes con tendencias autoritarias disfrazadas de justicia social, presenta un desafío sin precedentes para la autonomía de las instituciones civiles y religiosas. En este contexto, las declaraciones de Monseñor José Antonio Concensao Ferreira no solo representan la voz de la jerarquía eclesiástica venezolana, sino que constituyen un diagnóstico profundo sobre la erosión del Estado de Derecho y la manipulación de la subjetividad colectiva. La convergencia de experiencias entre Venezuela y México que se sugiere en el diálogo, no es una coincidencia fortuita, sino el síntoma de una metodología de control político que utiliza la polarización como eje de gobernanza.



La presencia de Mons. Concensao Ferreira se da en el marco de la visita a Cañada de Caracheo, comunidad del municipio de Cortazar y perteneciente a la Diócesis de Celaya, para acudir junto con el sacerdote iraquí Naim Shoshandy y el Padre Sergio Chuela, mexicano y Misionero de Guadalupe, a venerar las reliquias del Beato Fray Elías del Socorro Nieves así como participar en la llamada "Noche de los testigos", en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, de Cortazar, con la presencia de Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, obispo de la Diócesis de Celaya así como de los párrocos Adolfo Manzano y Martín Álvarez Torres, respectivamente delas parroquias antes citadas, además de los padres vicarios y el Pbro. Samuel Damián Pascual, responsable de Dimensión de Misiones en la Diócesis de Celaya. Dominik Kustra, de origen polacoresponsable de la zona Centro Norte de México de la Fundación Pontifica Ayuda a la Iglesia Necesitada y Julieta Appendini, mexicana y directora nacional de AIN México.

Históricamente, la relación entre el Estado y la Iglesia en naciones como México y Venezuela ha estado marcada por tensiones derivadas de la lucha por la hegemonía moral. Sin embargo, el fenómeno contemporáneo presenta una mutación peligrosa: el Estado no solo busca separar lo religioso de lo público, sino que pretende absorber lo religioso para dotar de una pátina de sacralidad a sus propios actos políticos. Cuando el poder civil intenta organizar festividades religiosas o suplantar la caridad por el asistencialismo clientelar, está incurriendo en una usurpación de la identidad cultural. Esta tendencia, analizada bajo el marco legal de la libertad de culto y la autonomía institucional, representa una violación a la pluralidad democrática.

Un punto crítico en el análisis es la concepción del origen de los derechos humanos. Existe una distorsión filosófica y legal en los regímenes de corte populista que postulan que es el Estado quien "concede" derechos. Esta premisa es la base de toda dictadura. Como bien se señala, los derechos son inherentes a la persona por su propia naturaleza (iusnaturalismo), y el Estado tiene únicamente la función de tutelarlos. Cuando el gobernante se percibe a sí mismo como el dador de libertades, automáticamente se arroga la potestad de quitarlas. En Venezuela, esta premisa ha justificado la restricción de libertades fundamentales bajo el argumento del bienestar colectivo, una retórica que también ha comenzado a permear en el discurso político mexicano.

El impacto social de esta dinámica es la fragmentación. La estrategia de "fracturar al pueblo" mediante etiquetas peyorativas —fomentando la lucha entre clases o sectores sociales— destruye el tejido social básico. La desconfianza se convierte en la norma y el reconocimiento del otro como hermano o ciudadano desaparece. En este escenario, la Iglesia Católica emerge como un actor incómodo. Su naturaleza transnacional y su fidelidad a un magisterio que trasciende las fronteras nacionales la protegen, hasta cierto punto, de ser absorbida por la narrativa oficialista. Por ello, la persecución en el siglo XXI ya no es solo cruenta o física, sino que se traslada al campo de la "muerte civil" a través de la difamación.

Llamar a las cosas por su nombre implica reconocer que la descalificación de la Iglesia bajo acusaciones generalizadas es una táctica de propaganda diseñada para minar su autoridad moral. Si bien la Iglesia ha reconocido errores internos y ha implementado protocolos de sanación y justicia, el uso político de estas debilidades busca silenciar la voz crítica de la institución frente a las violaciones de los derechos humanos. La "muerte civil" es el objetivo: invalidar al interlocutor para que su denuncia sobre la pobreza, la corrupción o el nepotismo no tenga eco en la opinión pública.

La situación en Venezuela, con veintisiete años de un modelo político que ha generado más preguntas que respuestas económicas y sociales, sirve como espejo para las democracias jóvenes de la región. El venezolano ha desarrollado una resiliencia basada en la prudencia, pero la herida interna es profunda. La reconstrucción de una nación no pasa únicamente por el cambio de nombres en el poder, sino por la "purificación de la memoria". Este concepto legal y moral es fundamental: reconocer el daño causado, no para la venganza, sino para asegurar la no repetición.

El futuro de nuestras sociedades depende de la recuperación de la política como un ejercicio de altura intelectual y respeto humano. La abstinencia de la palabra soez y el abandono de la descalificación como herramienta electoral son requisitos indispensables para la paz. La Iglesia, al mantenerse fiel a su misión de acompañar la dignidad humana, se convierte en el último reducto de análisis crítico en un mar de voces silenciadas por el miedo. La solidaridad internacional y el aprendizaje mutuo entre pueblos como el mexicano y el venezolano son esenciales para resistir a la desmesura del poder absoluto que olvida que su única función legítima es servir a la persona.

La transcripción de la entrevista a Mons. José Antonio Concensao Ferreira, secretario de la Conferencia Episcopal Venezolana

Eugenio Amézquita Velasco: 
Bueno pues tengo el gusto y el agrado de estar nada más y nada menos que con Monseñor José Antonio Concensao Ferreira, obispo, uno de los uno de los obispos de eh Venezuela y que además es el secretario de la Conferencia del Episcopado venezolano. Nada más veintisiete diócesis creo que decíamos, ¿no?, y nueve arquidiócesis, no sé si los nota...

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Tenemos cuarenta circunscripciones eclesiásticas.

Eugenio Amézquita Velasco: 
Okay. Monseñor, obviamente que todo el mundo voltea a ver a Venezuela por todo lo que ha pasado eh pero el tema central aquí es cómo está la Iglesia Católica, qué cómo está viviendo esta situación y sobre todo eh eh una serie de presiones que que parece que no solamente en Venezuela, en México identificamos cosas parecidas en estos regímenes de izquierda donde a veces pareciera que el gobierno no solamente quiere ser gobierno, también quiere ser iglesia y organizar posadas y organizar cosas religiosas como si ellos tuvieran la autoridad para hacerlo. No sé si en Venezuela ha esto, ¿qué me puede decir?, ¿cómo está Venezuela?, ¿hay persecución?, ¿hay tristeza?, ¿qué está haciendo la iglesia también?, gracias Monseñor.

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Bien, te hablo de la iglesia. La Iglesia en Venezuela en todos sus años de historia y en estas últimas décadas ha mantenido su fidelidad, fidelidad al evangelio, fidelidad al magisterio, fidelidad al Papa y justamente esa fidelidad es la que nos ha hecho perseverar y caminar juntos. Por esa fidelidad hemos mantenido la comunión y claro, cuando vienen estas circunstancias externas o estas presiones externas, justamente tener la mirada en Jesucristo y en la doctrina de la Iglesia es lo que no nos hace desviar de la mirada o escuchar otras voces que no son las propias nuestras. Justamente la Iglesia no viene a suplir ni al Estado ni a la sociedad civil, la iglesia viene a acompañar y a dar un aporte para reconstruir justamente desde los grandes valores del evangelio pues a nuestras sociedades.

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Por ello, cuando hay ciertas instituciones o en este caso ciertas ideologías que quieren manejar la fe en general y a la iglesia pues como en su en su particular pues están equivocados porque la iglesia no es ni competidora pero tampoco debe ser apartada. La iglesia acompaña justamente en la gestación de buenas sociedades porque nuestro fin último es la persona humana y su dignidad y a veces por supuesto la iglesia se puede volver incómoda cuando se convierte en un referente moral o en una voz que clama en medio de tanto silencio o de tantas voces silenciadas. Porque muchas veces la gente, el pueblo quiere hablar pero tiene miedo, entonces la iglesia tiene que decir: mira, aunque esto no te gusta escucharlo, aquí hay violaciones de la dignidad de la persona humana. Y no es simplemente para denunciarlo sino tenemos que recuperar esto para que esto no continúe, no siga adelante.

Eugenio Amézquita Velasco: 
Eh eh en algún momento el obispo de Celaya, y muy similar a lo que usted está diciendo, eh hablaba de que el gobierno no es para dar los derechos, es para que respete y que los derechos se hagan valer. Eh ¿algo de esto sucede en Venezuela con que el Estado quiera hacerse como que es que yo te estoy dando el derecho de que tú puedas hacer esto?

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Quizás eso es uno de los grandes problemas de estos últimos de estas últimas décadas en el mundo. El Estado cree que es la que genera los derechos de la persona, ¿no?, los derechos son inherentes a la persona humana y los pueblos le confían a unos personajes que conforman o gobiernan temporalmente el Estado para que tutelen y velen que esos derechos no sean violados. Ahí está la gran equivocación de muchos de pensar que tú puedes tener libertad, tú puedes expresarte, tú puedes hacer esto aquello porque yo te lo concedo. No, es inherente a la persona humana y yo como estado debo garantizar de que eso se pueda cumplir, de que seas respetado. Por eso es una gran responsabilidad del Estado porque es la que tiene que garantizar que los los derechos de cada persona sean respetados y nunca sean violentados.

Eugenio Amézquita Velasco:  
Eh no sé si para la gente de Venezuela, con cierta similitud de lo que pasa en México estamos observando, no sé si estoy equivocado usted me confirmará, una especie como de tutelaje de Estados Unidos que entra de manera muy violenta, se ve que hay una presencia militar extranjera que no es norteamericana precisamente sino cubana para ponerle nombre y empiezan a darse una serie de cosas. Empieza empieza a parecer que ahora sí hay presos políticos, empiezas a parecer que sí había corrupción, empieza a aparecerte una serie de cosas por este tutelaje. Sin embargo, la gente está viendo las mismas caras, ve los mismos nombres, ve nepotismo, ve la hermana y al hermano gobernando. ¿Qué le genera esto a la gente?, no sé, yo yo estaría así como intranquilo... bueno ¿se van o no se van o qué?, ¿no?, porque estas gentes tienen veintisiete años o es un gobierno de veintisiete años de dictadura, son los mismos no más están pasando cambiándose los nombres. ¿La gente qué piensa, qué siente, qué qué opina?

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Yo te lo resumiría en una frase muy sencilla: hay más preguntas que respuestas en este momento y es lo que la gente está experimentando. El venezolano pues ha aprendido a ser muy resiliente, eh a ser muy prudente, pero en cada venezolano hay muchas preguntas. Por supuesto en el ámbito político pero también en lo económico: ¿cuándo será que yo tenga mayor poder adquisitivo?, por eso son muchísimas las preguntas que el venezolano en este momento se está haciendo y aún las respuestas no las ve con claridad.

Eugenio Amézquita Velasco: 
Eh siguiendo la historia de Estados Unidos como un imperio, una potencia que busca expandirse como cualquier otra imperio ¿no?, eh eh ha vivido experiencias muy dolorosas como en Vietnam, como en Afganistán, donde como que las cosas le salieron de control. Hoy está en un plan y las cosas no sucedieron como... pero estamos viendo en Venezuela otra estrategia, es decir no se no están haciendo una labor eh de extirpación total del tumor, pareciera que lo están cortando a cachitos y hasta con rayo láser para que no queden contaminados otras partes en lo que pareciera que al final va a haber elecciones libres. Verdaderamente la gente va a poder elegir a quien ellos quieran y que gane a que el pueblo quiere. ¿Cree que esto es una estrategia precisamente para que no sea de manera viola, no se sacuda a Venezuela de una forma que a la larga le pudiera hacer daño y que Estados Unidos obviamente pues le resultaría haber echado a perder todo un proceso que que hasta ahorita estamos viendo?, ¿cree usted que hay hay algo de eso?

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Mira nosotros tenemos dos narrativas, escuchamos dos narrativas que no están muy divorciadas: la de narrativa de los Estados Unidos y la narrativa de los que están ejerciendo pues el poder en Venezuela. Eh en estas dos narrativas uno las va escuchando, uno sigue esperando respuestas con mayor claridad pero ¿qué espera el venezolano y qué espera la iglesia?, que todo esto deriva en la paz justamente porque la violencia no conlleva nada, genera más violencia y la violencia desestabiliza a los pueblos. Lo que aspiramos es que esto realmente lleve un proceso para que podemos reinstitucionalizar el país pero lo más importante, y te lo digo ya partiendo un poco de nuestra última exhortación, es reconstruir al pueblo venezolano que se ha visto roto, fragmentado, profundamente herido por este conflicto de tantos años. Por ello nosotros hemos hablado que es muy importante, y en eso la iglesia quiere dar soporte, quiere no sustituir sino también como parte de la nación dar pues una una palabra y una acción para que el venezolano se reencuentre y se reconozca.

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
El tema no es solo reencontrarnos porque hay muchos que se reencuentran para insultarte; no, no, somos hermanos, somos venezolanos a pesar de que podemos tener diferencia pero somos venezolanos y un interés común que se respete la memoria o lo que nosotros llamamos la purificación de la memoria, que no se niegue que sucedieron cosas malas pero que tenemos que justamente entender que eso sucedió y que no queremos que se repita. Que realmente de ahí pasemos a un proceso de perdón para llegar a la verdadera reconciliación. Un pueblo que no se reconcilia es un pueblo que no va a progresar en ningún ámbito, en ningún ámbito y es lo que queremos en este momento. Después están las narrativas que escuchamos de cada uno de estos eh sea los Estados Unidos o del gobierno de Venezuela pero al final a nosotros lo que lo que queremos es un pueblo reconciliado y un pueblo que pueda vivir en paz con justicia y con verdad.

Eugenio Amézquita Velasco: 
Esta esta temática que usted me está comentando me recuerda a México donde durante seis años el discurso gubernamental parecía con el deseo de fracturarnos, de dividirnos, enfrentarnos a los mexicanos: tú eres tú eres fifí, tú eres pobre, tú eres de tal grupo. Me parece que en Venezuela parece que esa estrategia la estuvieron empleando también para fracturar al pueblo ¿no?

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Lastimosamente se se fracturó y se sembró la desconfianza y es lo que hay que volver a a entender que podemos tener ideologías políticas distintas pero el interés es común y es justamente el bienestar y la tranquilidad y la paz de todos los venezolanos y eso parte de el encuentro, el reconocimiento y el respeto. Respeto que muchas veces no lo vimos en un sector y en otros y eso hay que hay que recuperarlo. De hecho, aprovechando nosotros en la Cuaresma en Venezuela la iglesia tiene la campaña compartir que es una campaña para la solidaridad pero también justamente para incentivar eh la reconstrucción de cierto de cierto tejido social y este año hemos optado por un eslogan una frase: se llama sanar la herida y abrazar la vida. Porque justamente hay muchas heridas en los venezolanos de cualquier tinte político, hay muchísimas heridas pues tenemos que sanar la herida, sanarla como lo hizo Jesús y abrazarnos a la vida del resucitado que se da vida y vida en abundancia y ahí estamos tratando de dar nuestro aporte para este pueblo pues que Dios nos ha encargado que es el pueblo de Dios que peregrina esa tierra que amamos y que no y que no deseamos ver fracturado ni deseamos ver envuelto en la violencia no.

Eugenio Amézquita Velasco: 
Más por último monseñor, acá usted estamos en Cañada de Caracheo y para el público que está observando esta este video eh Monseñor quiso venir a conocer junto con otros sacerdotes de otras experiencias en el mundo eh eh pues a este sacerdote que aquí en es primer beato de de de estado de Guanajuato, el padre Elías del Socorro Nieves eh martirizado junto con los hermanos Sierra eh y bueno pues escuchó de cerca el proceso de de esta persecución y el martirio final ¿no?, eh ¿hay algo en estos instantes parecido así violento directo de persecución contra la Iglesia venezolana o con contra los miembros de la Iglesia Venezolana, no solamente contra la jerarquía ¿no?, a los miembros de la Iglesia Católica allá o cuál es la forma, cuál es la metodología que se está empleando y que ustedes detectan?

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Muchas veces la persecución no es solo con con la sangre o con la violencia, también es con la descalificación y a veces hemos sentido eso claramente. La descalificación de la iglesia, de hablar mal de ella, de incluso de querer fracturarla, de que una cosa son los obispos otra cosa es el pueblo llano eh y eso es terrible. Es terrible cuando se quiere fracturar a cualquier familia, a cualquier pueblo y a cualquier iglesia, eso es terrible y es un poco lo que hemos sentido en estos tiempos ver cómo se quiere manipular el hecho religioso para intereses personales.

Eugenio Amézquita Velasco: 
¿No se ha dado el caso que eh de una mala fe, no hablo de buena fe, de mala fe se acuse algún sacerdote algún obispo es que son pederastas, es que son esto, es que son ladrones, es que se aprovechan del pueblo para eh darles muerte civil?, o sea acabarlos y además con cosas que ni siquiera son ciertas, es simplemente nada más porque alguien hizo algo a todos son iguales. ¿No han utilizado esa metodología?

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
Lamentablemente algún personaje del gobierno en algún programa lo ha dicho, lo ha dicho que la la iglesia está llena de pederastas y me parece que es algo bastante vil hablando desde lo humano, ni siquiera hablo desde los derechos propios de cada nación y sus leyes. Es algo bien deshonroso, bastante miserable porque también podríamos descalificar a los políticos. Yo no puedo decir que todos los políticos pues son sean malas personas o que todos los políticos sean corruptos. Más aún ahí sí me atrevo a decir: la iglesia en esta sociedad con toda esta miseria de estos sucesos tan horrorosos y penosos que han pasado con la pederastia es la única institución social que ha puesto remedio rápido y que no ha tenido vergüenza de decir lamentamos tener que anunciar que esto ha pasado dentro de nosotros y pedimos perdón. Porque la Iglesia por convicción propia desde la fe no teme pedir perdón pero también busca la reparación del mal que cometió alguno de sus miembros. Entonces es muy lamentable justamente que cualquier dirigente político utilice la descalificación.

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
El Papa León en su mensaje de cuaresma justamente nos decía que nos invitaba a hacer la práctica de la abstinencia pero una abstinencia de la palabra, de la lengua, y yo cuando leía sus palabras decía: qué interesante es esto que todos aprendiéramos, los políticos, a la abstinencia de las malas palabras, de pensar que la política se construye descalificando y destruyendo al otro y no la verdadera política que propone, da ideas, que el debate es necesario en la política pero una política con un lenguaje de altura, ¿no?, que porque yo ensucie al otro es cuando yo gano mayor capital electoral y político. Eso hay que descartarlo de nuestra sociedad, basta ya de la descalificación, de la difamación. Hay que llegar a la altura nuevamente de las ideas, de las propuestas, de los proyectos y que sea el pueblo el que diga: yo me voy por este proyecto que es más digno y no por este estilo que es más soez y descalificador.

Eugenio Amézquita Velasco: 
Señor pues no sé si quiera algo más y si no que nos regale su bendición para todo el público que va a ver esta este video.

Mons. José Antonio Concensao Ferreira: 
No, agradecer de verdad eh a este pueblo en general, al pueblo de México por su perseverancia. Son unos testigos de la fe en el mundo entero y para América Latina y el Caribe mucho más. Gracias por por perseverar, gracias por su amor a la santísima Virgen, gracias por su testimonio con su con sus mártires de mantener la fidelidad permanente a Cristo y bueno gracias por este testimonio que hoy pude presenciar de primera mano de este mártir en esta comunidad. Que el Señor les bendiga abundantemente en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Eugenio Amézquita Velasco: 
Muchas gracias padre. Soy Eugenio Amézquita Velasco, de Guanajuato Desconocido, desde Cañada de Caracheo, nada más y nada menos con Monseñor, quien viene desde Venezuela.
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