Eugenio Amézquita Velasco
-El sacrificio azteca no fue solo religión, sino una herramienta de terrorismo de Estado para consolidar un imperio opresor.
-Llamar "acto religioso" al sacrificio es una descripción antropológica, pero jamás una exculpación ética bajo leyes universales.
-La caída de Tenochtitlan fue una rebelión indígena masiva contra una tiranía que convertía a sus jóvenes en masacre ritual.
-El rechazo al sacrificio no es "presentismo"; los pueblos sometidos ya lo denunciaban como una masacre intolerable en su época.
-El gobierno usa el mito azteca como narrativa de legitimidad política, suavizando atrocidades para crear un pasado glorioso.
-El ensalzamiento oficial de lo azteca refuerza el centralismo y borra la historia de los pueblos indígenas que se les opusieron.
-Nezahualcóyotl es la prueba de que el humanismo y el derecho a la vida ya se razonaban en el México antiguo frente al dogma.
-La poesía del Rey Poeta establece al ser humano como bien supremo, demostrando que el sacrificio no era una verdad absoluta.
-Los derechos humanos son inherentes y universales; ninguna cultura o religión tiene autoridad para anular la vida de un individuo.
-El "neo-aztequismo" actual es una estética de resistencia que usa el misticismo antiguo para validar intereses políticos hoy.
¿Qué mueve al gobierno actual a ensalzar lo azteca, lo prehispánico y justificar los sacrificios humanos como algo propio de la religiosidad prehispánica azteca?
Esta es una pregunta que toca la médula del uso político de la historia. Cuando un gobierno —en este caso, la administración de la llamada Cuarta Transformación— decide ensalzar un periodo específico del pasado, no lo hace necesariamente por rigor académico, sino para construir una narrativa de legitimidad y símbolos de poder.
Este es uno de los temas más complejos y debatidos en la historiografía y la ética histórica. Para abordarlo con objetividad, debemos separar la comprensión académica -explicar por qué lo hacían- del juicio moral (si es justificable bajo estándares humanos universales).
La frontera entre lo religioso y lo ético
Desde la antropología, el sacrificio humano no se califica como "bueno" o "malo", sino como una función social y cosmogónica. Para los mexicas -aztecas-, el universo estaba en una deuda constante con los dioses; la sangre era el "agua preciosa" -chalchiuatl- necesaria para que el sol siguiera su curso. Sin sacrificio, el mundo se detendría.
Sin embargo, calificarlo como "acto religioso" es una descripción, no una exculpación. El límite de esa justificación llega cuando el rito se convierte en un instrumento de control político y terror estatal. Historiadores modernos coinciden en que el aumento masivo de sacrificios en el siglo XV -especialmente bajo el reinado de Ahuitzotl- tenía como objetivo principal desmoralizar a los enemigos y consolidar la hegemonía de la Triple Alianza.
¿Religión o Masacre? La perspectiva del "Otro"
Hay razones de peso para señalar que el concepto de "religión" no era compartido de la misma forma por las víctimas. Para los tlaxcaltecas, huejotzincas o totonacas, las Guerras Florales o Floridas no eran una oportunidad espiritual, sino una cacería organizada.
Para el Azteca, era un deber sagrado para mantener el equilibrio del cosmos. Pero, para el pueblo sometido, era una violación sistemática a su integridad, una pérdida de sus jóvenes y una humillación política.
El factor determinante en la Caída de Tenochtitlán
Es un hecho histórico aceptado que el odio y el repudio hacia los mexicas por estos actos fueron la herramienta principal de Hernán Cortés. No fueron los "espejitos" ni solo las armas de fuego lo que derrotó al imperio, sino una coalición de decenas de miles de guerreros indígenas -especialmente tlaxcaltecas- que vieron en los españoles una oportunidad de terminar con lo que ellos consideraban una tiranía sanguinaria.
El sentimiento de las naciones aliadas a Cortés no era de "conversión religiosa" inmediata, sino de liberación de una masacre ritual perpetua. El resentimiento acumulado por décadas de ver a sus hijos llevados a la piedra de sacrificios fue el motor que destruyó a Tenochtitlan.
¿Es correcto juzgar el pasado con ojos del presente?
Existe un concepto llamado presentismo, que advierte sobre el error de juzgar a personas del siglo XV con leyes del siglo XXI. Sin embargo, en este caso, el juicio negativo no viene solo del presente, sino de los contemporáneos de los aztecas.
Si los pueblos vecinos de los mexicas ya consideraban estos actos como algo intolerable que justificaba una guerra de exterminio, entonces el rechazo no es solo una "sensibilidad moderna", sino una reacción humana natural ante la violencia institucionalizada.
Es válido entender el sacrificio azteca como un elemento central de su fe, pero es históricamente exacto afirmar que para el resto de Mesoamérica, esa "fe" era vivida como un sistema de opresión violenta. El odio generado por estas prácticas fue, irónicamente, el catalizador que llevó a la desaparición de la propia cultura que las practicaba.
La postura del gobierno actual que pretende "suavizar" las masacres de los aztecas
Todo proyecto político de gran calado busca un origen heroico. Al elevar al Imperio Mexica -Azteca- como la cúspide de la identidad mexicana, el gobierno intenta trazar una línea directa entre esa "grandeza interrumpida" por la Conquista y su propio proyecto de "redención" nacional. El ensalzamiento de lo azteca sirve para crear un enemigo histórico claro -el invasor extranjero y sus aliados- y posicionar al Estado actual como el heredero de esa soberanía originaria.
El relativismo cultural como herramienta de defensa
Para que la narrativa del "pasado glorioso" funcione, hay que minimizar los aspectos que la sociedad moderna considera atroces. Aquí es donde entra la justificación de los sacrificios como "religiosidad". Al llamarlo "acto religioso", se intenta desplazar el juicio moral hacia un plano de "comprensión cultural". El argumento oficial suele ser que no podemos juzgar a los aztecas con valores actuales, lo cual es cierto hasta cierto punto, pero se usa políticamente para evitar admitir que el sistema mexica era, en muchos sentidos, un imperio opresor y violento con sus vecinos.
Ensalzar lo Azteca por encima de lo Tlaxcalteca, lo Maya o lo Purépecha refuerza una visión centralista de México -con sede en la Ciudad de México-. Esto es muy útil políticamente para un gobierno que concentra el poder en el centro del país. Reconocer que los aztecas eran odiados por sus sacrificios obligaría a reconocer que la caída de Tenochtitlan fue, en realidad, una rebelión de otros pueblos indígenas, lo cual rompe la narrativa de "indígenas vs. españoles".
Al exaltar las raíces prehispánicas, el gobierno busca conectar emocionalmente con las causas populares y los grupos históricamente marginados. Sin embargo, hay una contradicción: se exalta al indígena del pasado -el guerrero águila, el arquitecto de pirámides- mientras que a veces se ignoran las necesidades reales de los indígenas del presente. Es una "estética de la resistencia" que utiliza el misticismo antiguo para validar decisiones políticas actuales.
Justificar los sacrificios como "fe" permite mantener la imagen de una sociedad "armónica y sabia" que fue destruida por la "barbarie europea". Si se admite que los sacrificios eran masacres de control político -como ya se señaló-, el Imperio Mexica deja de ser una víctima pura y se convierte en un actor histórico complejo, con luces y sombras. Para la propaganda política, las sombras son estorbosas; se prefieren los relatos en blanco y negro.
El gobierno no ensalza lo prehispánico por una conexión mística real, sino por utilidad simbólica. Se utiliza la figura de los aztecas como un escudo de identidad nacionalista. Al "suavizar" los sacrificios como simple religión, buscan proteger ese símbolo de cualquier crítica que pueda debilitar el discurso de la "esencia mexicana" que ellos dicen representar.
Lo irónico es que, al hacerlo, ignoran voces como la de Nezahualcóyotl, que desde dentro del mismo mundo prehispánico ya ofrecía una alternativa basada en el raciocinio y el amor al hombre.
El caso del rey Nezahualcóyotl: lo injustificable de las masacres aztecas
Nezahualcóyotl rompe el esquema del gobierno y de la justificación de los asesinatos rituales, auténticas masacres, cometidas por los aztecas en el templo mayor. El llamado "Rey Poeta" da en el clavo con un argumento histórico y filosófico irrebatible: el humanismo no es una invención moderna, sino un descubrimiento del raciocinio.
Si el derecho humano es inherente a nuestra naturaleza, la capacidad de reconocerlo depende de la sensibilidad y el ejercicio de la razón. El caso de Nezahualcóyotl, el "Rey Poeta" de Texcoco, es la prueba fehaciente de que en el México prehispánico existía una corriente de pensamiento que ya cuestionaba la brutalidad y priorizaba el valor de la vida y la fraternidad por encima de los dogmas de sangre.
Aquí te comparto por qué tu reflexión sobre Nezahualcóyotl desmonta la idea de que "todos pensaban igual" o que el sacrificio era "inevitable":
Nezahualcóyotl representó un quiebre intelectual dentro del mundo nahua. Mientras que la élite mexica en Tenochtitlan radicalizaba el culto a Huitzilopochtli y la necesidad de sangre, en Texcoco, Nezahualcóyotl impulsaba el culto al Tloque Nahuaque -el "Señor del cerca y del junto"-, una deidad invisible, creadora y abstracta que no exigía sacrificios humanos, sino ofrendas de flores e incienso.
El célebre poema, atribuido a él, no es solo estética; es una declaración política y ética:
Amo el canto del cenzontle,
pájaro de cuatrocientas voces.
Amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero más amo a mi hermano, el hombre.
Al decir "pero más amo a mi hermano, el hombre", está estableciendo una jerarquía de valores donde el ser humano es el bien supremo, superando incluso la belleza de la naturaleza -el cenzontle, el jade, las flores-.
El hecho de que existiera un Nezahualcóyotl demuestra que ya se razonaba sobre la dignidad humana. Esto significa que el sacrificio no era una "verdad absoluta" incuestionable para todos los indígenas; era una imposición ideológica de los grupos en el poder. Si un hombre de esa época pudo concluir que el amor al hermano -el prójimo- era lo más importante, significa que la noción del derecho a la vida ya estaba disponible para el intelecto humano.
Por lo tanto, desde una perspectiva de justicia universal, el sacrificio humano ya era una transgresión a la naturaleza humana en el siglo XV, y figuras como Nezahualcóyotl eran la prueba de que se podía gobernar y entender el cosmos sin derramamiento de sangre.
La palabra "hermano" en su poesía es clave. Reconocer al otro como un igual -hermano- es la base del Derecho Natural. Si el otro es mi hermano, no es un objeto, no es una "moneda de cambio" para los dioses, ni es un enemigo desechable. Es un sujeto con la misma dignidad que yo.
¿Por qué entonces no se detuvieron los sacrificios? Porque, lamentablemente, a lo largo de la historia, el poder político y el control social suelen aplastar al raciocinio humanista. El imperio mexica utilizó la religión del sacrificio como una herramienta de terrorismo de Estado para mantener el control sobre otros pueblos. El pensamiento elevado de Texcoco -humanista- perdió la batalla política frente al pensamiento expansionista y violento de Tenochtitlan.
Nezahualcóyotl es el eslabón perdido que demuestra que los derechos humanos no son "occidentales" ni "modernos"; son una conclusión a la que llega cualquier mente humana que ejerza el raciocinio y la empatía con libertad. Él demostró que se podía ser profundamente prehispánico y, al mismo tiempo, profundamente defensor de la vida humana.
Los Libros de Texto Gratuitos, el rediseño de la memoria colectiva al actual estilo del gobierno en turno
El análisis de la narrativa histórica en los libros de texto gratuitos de la SEP -Ciclos Escolares 2024-2025 y 2025-2026- revelan un cambio profundo en la forma en que se construye la identidad nacional. Este modelo, alineado con la "Nueva Escuela Mexicana", no solo es un cambio pedagógico, sino un rediseño de la memoria colectiva.
En los libros actuales -como Nuestros Saberes y Proyectos Comunitarios, se ha eliminado casi por completo la visión de la "Conquista" como un encuentro de dos mundos. Ahora se enfatiza la Resistencia Indígena. Con esto se busca que el estudiante se identifique con el vencido, pero no desde la derrota, sino desde una lucha que "continúa viva" en la actual transformación política del país.
A diferencia de los libros de décadas pasadas, donde el sacrificio humano se presentaba como una práctica sangrienta que horrorizó a propios y extraños, los nuevos textos suelen darle un tratamiento de "necesidad cosmogónica". Se explica como una forma de mantener el equilibrio del universo. Si bien es arqueológicamente exacto, el libro omite el juicio ético o el testimonio de los pueblos que sufrían estas prácticas, presentándolo como un componente "sagrado" que debe ser respetado en su contexto cultural, evitando palabras como "crueldad" o "masacre".
Para que la narrativa de "el pueblo contra el invasor" funcione, los libros de texto tienden a minimizar el papel de los Tlaxcaltecas, Totonacas y otros grupos que se unieron a los españoles. Al no profundizar en por qué estos pueblos odiaban a los aztecas -los sacrificios y los tributos asfixiantes-, se crea la ilusión de que Mesoamérica era un bloque unido que fue traicionado por unos cuantos, en lugar de un mosaico de naciones liberándose de un imperio centralista.
Aunque se mencionan otras culturas, los libros siguen siendo "azteca-céntricos". Se utiliza la estética y la historia mexica para definir "lo mexicano". Esto es una herramienta política: un pasado centralizado en el Valle de México justifica un presente con un poder central fuerte.
Existe una técnica narrativa constante de conectar los problemas de la era prehispánica con la agenda política actual. Se utiliza la defensa de la soberanía de Cuauhtémoc para validar posturas actuales frente a organismos internacionales o potencias extranjeras. La historia se presenta no como algo que pasó, sino como algo que se está repitiendo y resolviendo hoy.
Es curioso notar que, aunque se menciona a Nezahualcóyotl y su poesía, rara vez se profundiza en su disidencia ética contra los sacrificios. Presentar a un Nezahualcóyotl que razonaba contra la violencia de su tiempo debilitaría la idea de que "así era la cultura de entonces y no se puede juzgar". Se prefiere al Nezahualcóyotl "arquitecto" o "poeta de la naturaleza", pero no al "humanista racional" que cuestionaba el sistema.
Los libros de texto actuales operan como un manual de identidad donde el pasado es moldeado para que el futuro ciudadano vea en el Estado actual al guardián de una esencia indígena que fue "agredida" y que ahora está en "recuperación". Es una historia que apela más a la emoción y al sentido de pertenencia que al análisis crítico de las contradicciones de las sociedades antiguas. #MetroNewsMx

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