Redacción Editorial
-Mons. Aguilar califica a la Constitución de 1917 como una norma laica que "podemos decir atea" en su origen y esencia.
-El prelado afirma que los templos construidos antes de 1992 no pertenecen a la Iglesia, sino que "son del gobierno" federal.
-Denuncia que el artículo 3 prohibió enseñar valores evangélicos en las escuelas, eliminando a Dios de la educación pública.
-Asegura que Plutarco Elías Calles aplicó las leyes contra la Iglesia con la intención de "atorarle hasta donde pegue".
-El Obispo sostiene que "la idea es acabar con la Iglesia Católica", mediante expropiaciones y limitaciones legales al culto.
-Critica que hoy se debe pedir permiso a gobiernos municipales hasta para sacar a la Virgen en una procesión religiosa.
-Señala que en el Senado se "rompen las vestiduras" si un legislador se persigna, alegando una falsa laicidad del espacio.
-Cuestiona que se permita a un senador "matar una gallina" para ritos prehispánicos, pero se censure la mención de Dios.
-Advierte que los acuerdos de 1929 fueron una traición donde el gobierno eliminó a los cristeros que entregaron sus armas.
-Sostiene que la historia oficial ha borrado la gesta cristera intencionalmente porque "quien escribe la historia pues gana".
-Afirma que "del color que sea en el gobierno no quiere a la Iglesia Católica", buscando que esta deje de existir.
-Denuncia que la Iglesia sigue monitoreada y que siempre habrá intentos gubernamentales para limitar el ejercicio del culto.
-Define los ataques actuales en redes sociales como "linchamientos mediáticos" que buscan dañar la imagen de la institución.
-Propone que la "única espada que puede abatir cualquier tiranía es la organización" sólida de todos los fieles laicos.
-Concluye que atentar contra la Virgen de Guadalupe es un ataque directo "contra la misma identidad de México" y su fe.
La deuda histórica y la persecución sistémica contra la fe
La reciente alocución de Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, Obispo de Celaya, no es un simple ejercicio de memoria histórica; es un diagnóstico crudo y vigente sobre la relación de subordinación y hostilidad que el Estado mexicano ha impuesto a la Iglesia Católica. Al analizar la "resistencia cristera" bajo la óptica del siglo XXI, el prelado desarticula el mito de la libertad religiosa en México, revelando que la estructura jurídica del país ha sido, desde 1917, una herramienta de asfixia institucional.
El engaño de los acuerdos
Desde una perspectiva jurídica, la Constitución de 1917 no fue un pacto social inclusivo, sino un manifiesto de exclusión. Los artículos 3° y 130° representaron la institucionalización del ateísmo de Estado, prohibiendo la enseñanza de valores trascendentales y despojando a la Iglesia de su personalidad jurídica. Mons. Aguilar Ledesma es preciso al señalar que, aunque el "reconocimiento" llegó en 1992, la propiedad de los templos históricos permanece en manos del Gobierno Federal.
Esta situación coloca a la Iglesia en una posición de precariedad patrimonial, donde el Estado actúa como un arrendatario caprichoso que, bajo figuras como la extinción de dominio, mantiene una espada de Damocles sobre la institución.
El análisis de los "arreglos" de 1929 entre Emilio Portes Gil y la jerarquía católica es demoledor. La historia veraz, lejos de los libros de texto gratuitos, demuestra que el Gobierno incumplió sistemáticamente su promesa de amnistía. La eliminación física de los líderes cristeros tras deponer las armas constituye un crimen de Estado que la narrativa oficial ha intentado borrar.
Esta desconfianza histórica es el fundamento de la postura actual de la Diócesis: el poder político en México, históricamente, no dialoga para solucionar, sino para desarmar y someter.
Del paredón al linchamiento digital
El impacto de esta persecución en la comunidad es profundo. Mons. Aguilar Ledesma identifica correctamente una transición en los métodos de represión. Si en 1926 el método era el fusilamiento y la tortura —como en los casos documentados de los mártires de la región del Bajío—, en 2026 el método es el linchamiento mediático. La utilización de las redes sociales y la ligereza periodística para imputar delitos sin carpetas de investigación judicial son, en esencia, nuevas formas de "muerte civil". El objetivo sigue siendo el mismo: socavar la autoridad moral de la Iglesia para debilitar el tejido social.
El lenguaje del Obispo es directo y carece de eufemismos. Al afirmar que "el Gobierno no quiere a la Iglesia Católica", no incurre en un juicio de valor subjetivo, sino en una observación objetiva de la praxis política. La discriminación es evidente: mientras se celebran ritos neopaganos en espacios legislativos bajo el amparo de la "multiculturalidad", el signo de la cruz o la mención de Dios en la vida pública son perseguidos con un celo inquisitorial por parte de los sectores que se autodenominan laicos.
La organización como única defensa
La postura de la Diócesis de Celaya, representada en la voz de Mons. Aguilar Ledesma, establece una conclusión editorial clara: la fe en México no es una concesión del Estado, sino una resistencia ciudadana. La libertad religiosa es un derecho natural que precede a cualquier constitución. Por tanto, la organización de los laicos y la defensa de la verdad histórica son los únicos mecanismos para evitar que la tiranía administrativa termine por erradicar la presencia pública del catolicismo.
El Estado mexicano tiene una deuda de justicia con la historia que no se salda con convenios superficiales, sino con el respeto absoluto a la autonomía de la fe. Mientras persista el monitoreo de homilías y el control patrimonial de los recintos sagrados, la "Guerra Cristera" no habrá terminado; simplemente habrá cambiado de trinchera.
La transcripción de la conferencia de Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, obispo de Celaya
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Resistencia cristera. Les pongo ahí el mensaje de los obispos al pueblo de Dios en la Asamblea de noviembre del 2025. En ese mensaje que ustedes pueden googlear en Google Landia, decía el monseñor Eduardo, estamos diciendo ahí los obispos que no se trata de recordar esto para buscar venganza u odio contra quienes hicieron todo este daño, sino pues conmemorar años en los que nuestros antepasados supieron defender la fe como lo hicieron y sentirnos orgullosos de esos hermanos nuestros y aprender de ellos. De eso se trata entonces ese mensaje. Ahí lo tiene usted: memoria de resistencia cristera que nos interpela. Es decir, no solamente darnos cuenta que hubo, sino nosotros, en relación con estos hermanos, también quedamos cuestionados.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Pasamos adelante. Antecedentes de la resistencia cristera. Ya nos decía monseñor Eduardo que la iglesia nació perseguida. Esto Jesús no lo dijo, no nos engañó a nadie: a ustedes los perseguirán. Entonces no es para nosotros novedad que nos persigan, pero sí lo que sí es novedad es cómo reaccionamos ante la persecución. El Señor Jesús nos dijo al final de las bienaventuranzas: cuando a ti te persiguen, te calumnian, te difamen, no dice enójate o maldice; al contrario, alégrate, salta de contento, tu premio será grande en los cielos. Entonces sabemos que seremos perseguidos. Y ustedes ven cómo muchos de los hermanos nuestros mártires terminaban su vida pues pensando en la vida eterna, perdonando a los enemigos, bendiciéndolos. Nunca terminaban maldiciendo a nadie y ojalá te pase lo mismo y vas a ver qué es, no, jamás en la vida cristiana ha sucedido eso.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Tenemos la Constitución de 1917 que, como ustedes saben, esa Constitución promulgada en Querétaro pues ya fue una constitución laica, que podemos decir atea. Y que tanto el artículo tercero como el artículo 130, el primero referente a la educación donde ya no se puede enseñar nada que tenga valores evangélicos que tengan que ver con Jesús. Todavía en la Constitución de 1857 la educación, ese artículo tercero, decía que podía educarse cada quien en libertad; pues ya en 1917 ya no es en libertad, o sea tiene que ser laica, es decir, nada de que andar hablando de Diosito, nada de andar hablando de Dios en lo que sea de Jesús. Entonces en las escuelas pues desde entonces hasta la fecha pues no se puede hablar del Señor. Pero ese fue el artículo tercero.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
El 130 tiene que ver con la Iglesia y asociaciones religiosas. Y ahí en ese artículo 130 ya lo promulgará en 1926 la famosa Ley Calles. Es decir, Calles dice: esto lo voy a hacer vigente porque sí estaba ahí pero como que no lo aplicaban los anteriores. Entonces dice Plutarco Elías Calles: pues ahora sí vamos a atorarle hasta donde pegue. Y entonces pues esa serie de leyes Calles que tenía varias cosas. Pasamos a la siguiente. Esas principales disposiciones eran: todas las iglesias deben estar registradas ante el gobierno. Todavía muchos de ustedes piensan: es que la iglesia, miren sus templos. Los templos, hasta antes de 1992, no son de nosotros, son del gobierno. Quede claro y asentado, porque dicen: ay la iglesia y mire los templos, que ese del Carmen, que la Merced. Esos son del gobierno. Todos los templos, cuando se establecieron las relaciones Iglesia-Estado en 1992, los templos construidos como este que estamos construyendo, pues sí es de la iglesia, hasta que no se les ocurra poner otra ley de expropiación, porque pues el gobierno es el gobierno.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Otra disposición, aparte del registro de iglesias, era la limitación del culto. Solamente se podía hacer dentro del templo, fuera nada. Todavía hoy a los gobiernos, incluso municipales, hay que pedirles permiso hasta para sacar a la Virgen, hasta para poder hacerlo todo. No crean que esto, que la marcha que se hizo ayer, hay que pedir permiso. No crean que uno puede así en libertad para andar, no se puede. Prohibición de las enseñanzas católicas. No se puede. Nos toleran algunos, las escuelas particulares, y a veces tienes que camuflarle a la educación, tienes que llamarle ética o educación en valores para poder hablar algo de Jesús porque no se puede enseñar lo católico. Y es que realmente la idea es acabar con la Iglesia Católica, punto.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
La otra fue la expropiación de bienes. Muchos de los bienes que ahora son palacios de gobierno pues fueron los seminarios. O sea, muchos que son hoy lugares de oficinas en algunos centros históricos pues fueron conventos, fueron seminarios, fueron templos de alguna compañía de Jesús, etcétera. Entonces muchos de los bienes de la iglesia han sido expropiados. También la limitación de la aparición política. Hasta antes del 92 los sacerdotes y las religiosas no podíamos ni votar ni ser votados. Ya en el 92 nos dieron el reconocimiento legal jurídico a la iglesia porque no teníamos estatuto jurídico, la iglesia jurídicamente no existía, no existíamos. Entonces obviamente esto fue creando un caldo de cultivo de mucha inanimadversión en la iglesia, en grupos de la iglesia, y que dijeron: bueno, pues entonces el gobierno no deja hacer nada, entonces era nada más del templo para adentro.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Y ahora ya quién sabe, porque ahora ya ahí tienen las bocinas, están ahí algunos grabando a ver qué dice el obispo para ir a decirlo a la Secretaría de Gobernación. Es que el obispo está diciendo esto, que el sacerdote fulano dice esto, porque está prohibido hablar contra el gobierno. Y ahí viene otra vez. ¿Se acuerdan allá en aquellos tiempos cuando estaba Héctor Lechuga y estaban estos comediantes, el Loco Valdés? Pues a muchos los echaron a la cárcel porque hacían chistes de los políticos. Y pues ahí viene otra vez, y querían poner otra vez eso de que no se puede decirles nada. Bueno, y también obviamente pues a los obispos. Seguimos.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Siguiente: principales protagonistas en esa lucha cristera. Estamos hablando de 1926 a 1929. Por parte del gobierno estaba Plutarco Elías Calles, era el presidente de 1924 a 1928. El atentado de la Virgen, ¿qué año fue?, dijo monseñor que en el 21. Entonces fueron temas que ya fueron preparando para que esto, que ya estaba medio caldeadito, pues se metieran de una vez. Después Emilio Portes Gil fue el que va a firmar los acuerdos que van a ser en junio del 29. Estaba Joaquín Amaro Domínguez, ministro de Guerra y Marina; Saturnino Cedillo, gobernador de San Luis Potosí; y otro más, Tomás Garrido Canabal, gobernador de Tabasco. Esos fueron digamos los más duros, duros, estos no andaban con cosas tristes.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Por parte de los cristeros, que así se les llama a ellos o así les llamaban ellos. Aquella incluso aquella canción de Vicente Fernández que se llama El Cristo: el martes por la mañana me fusilan, me fusilan a las seis de la mañana. ¿Por qué? Por querer en Dios eterno y en la gran Guadalupana. Me encontraron rezando y con una estampita de la Virgen en el sombrero. Bueno, todo eso estaba prohibido, no crean que ahorita como ustedes traen la playera de mamá Lupita. No, eso no se podía. Ahorita traen sus playeras y eso, pero en este tiempo nada de eso.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Por parte de los cristeros estaba Enrique Gorostieta Velarde. Este fue el general de los cristeros, que era un general que sabía de guerra, que fue contratado para que adiestrara a los cristeros. Están Pedro Quintanar, un líder cristiano en el norte de Jalisco y en el sur de Zacatecas. Luis Navarro Origel, primer líder en Guanajuato. Victoriano Ramírez, muy famoso "El 14", así le decían, y este fue en los Altos de Jalisco. Y Aristeo Pedrosa, sacerdote y general de brigada cristera. Que también hubo sacerdotes; unos que le corrieron y se escondieron, otros que a escondidas y ocultándose pero se quedaron atendiendo pastoralmente las parroquias. Los sacerdotes confesaban, iban a ver a los enfermos, se vestían de campesinos de lo que sea y seguían en las casas bautizando, matrimonios, viendo enfermos.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Y muchos de ellos, como estos mártires que tenemos aquí, pues fueron de los que se quedaron atendiendo. J. Trinidad Rangel, a él lo mataron el 25 de abril del 28 porque fue a una Semana Santa con unas religiosas y lo pescaron saliendo de misa. Él celebraba misa y estaba allá en la cuevita en Cortazar, arriba en la Cañada de Caracheo. Entonces ellos mantenían la fe, andaban ahí. Los hermanos Sierra, que andaban con el Padre Nieves, pues obviamente muchos de ellos también murieron. Muchos laicos. Entonces hubo laicos, hubo religiosas, sacerdotes que también anduvieron, y algunos sacerdotes que entraron también con los cristeros; algunos de ellos sí tomaron incluso las armas. Hay por lo menos dos muy famosos, uno de ellos es el padre Aristeo Pedrosa.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Mártires ejecutados por Plutarco Elías Calles son San Cristóbal Magallanes y los 24 mártires que fueron beatificados el 22 de noviembre de 1992 y canonizados el 21 de mayo del 2000 por San Juan Pablo II. Esos sí fueron todos de Plutarco Elías Calles, o sea, fueron ejecutados. Después, algunos que ya son beatos, no son santos: el padre Miguel Agustín Pro. De hecho del padre Miguel Agustín Pro se dice que estuvo a punto de salvarse porque la Conchita, la esposa de Plutarco Elías Calles, que era piadosita, intervino para que no mataran al padre jesuita. Pero cuando él manda decir que ya suspendan, a las 10:30 de la mañana, ya llegó tarde el que iba con la recomendación, ya lo habían ejecutado. Al padre Pro lo ponían como cómplice o haber participado en el atentado contra Álvaro Obregón. Lo señalaron, le buscaron esa excusa.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Bueno, también tenemos al beato Anacleto González Flores. Fue el primero de abril de 1927. Aquí en la región fue el primero, fue en Valtierrilla el padre San Bernabé de Jesús Méndez Montoya, y él fue el 5 de febrero. Luego el 10 de marzo, al mes siguiente, fue el Padre Nieves en la Cañada de Caracheo. El 25 de abril fue J. Trinidad. Entonces casi iban por mes aquí en el Bajío. Así era, no piensen que era ay uno, no, eran seguidos. No estaba tan fácil. El beato Anacleto, ese murió en Guadalajara, que es el patrono de los laicos, que ustedes lo han de conocer. Ya varias veces aquí han dado algunos temas en torno al beato Anacleto González Flores. Seguimos adelante.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Obispos en el conflicto cristero. Primero algunos obispos: el arzobispo José Mora del Río, estaba también el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, Francisco Javier Orozco y Jiménez, Pascual Díaz Barreto y Miguel de la Mora. Estos obispos fueron los que participaron. En el sentido que no todos los obispos estaban de acuerdo en el levantamiento cristero; unos pues así como al que te pegue por la mejilla derecha pon la izquierda. Otros, como ellos estos que acabamos de decir, estos sí estaban de acuerdo: José Mora del Río de la Ciudad de México, Leopoldo Ruiz y Flores de Morelia, Francisco Javier Orozco Jiménez de Guadalajara, Pascual Díaz Barreto de Tabasco y Miguel de la Mora de acá de León.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Y algunos sacerdotes. La mayoría de los sacerdotes era un ejercicio pastoral espiritual 100%. Actuaron como capellanes. Vamos a decir algunos números porque hay que ver de cuánta gente estamos hablando. Más o menos unos 100 sacerdotes anduvieron de capellanes, es decir, en los movimientos cristeros. ¿Pues quién confesaba a los cristeros?, ¿quién les decía misa? Porque andando aún en los cerros y andando con las armas pues también tenían su misa y también los confesaban y también les ponían los santos óleos. Entonces había padres cristeros, unos 100 que no tomaron las armas pero andaban de capellanes. Y otros sí tomaron las armas.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
De los que tomaron las armas tenemos ahí a esos dos que les decía: el padre Aristeo Pedrosa en Jalisco y el otro que se llamaba José Reyes Vega. A él le llamaban el Pancho Villa de sotana. Era así como el padre pistolas, pero aquel sí le jalaba, aquel sí no andaba con medias tintas. Por eso le decían el Pancho Villa de sotana, porque él, de hecho ahí en Tepatitlán cuando fue y lo tomaron preso, pues antes de agarrarlo no crean que lo agarraban así como este último que agarraron que ni ruido hicieron. No, estos no se dejaban, estos era a trancazo limpio y se defendían como gatos entre las brasas. Entonces a este así le decían, al padre Vega, le decían el Pancho con sotana.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Les digo todo esto porque pensamos que en la vida cristera nada más era pues así muy fácil. No, no estaba nada fácil, o sea, había de todo. También tenemos algunos: Pedro Quintanar en Zacatecas y Luis Navarro Origel en Guanajuato. Es decir, no crean que nada más, pero ciertamente todo era en el centro del país. Por eso el centro del país, que también es el ombligo, ahí el tema de Cristo Rey. Y fue lo que ya platicó monseñor, que ahí fue donde al delegado apostólico lo corrieron y que ya habían dinamitado ese centro. Por eso se iban a poner otra piedra, porque después lo dinamitan y van a poner otro monumento más grande porque es el monumento a la fe. Y que lo dinamitaron así como quisieron dinamitar a la Virgen de Guadalupe en el 21 pues también al Cristo Rey lo dinamitaron. A ese sí lo dinamitaron, eh, y este Cristo Rey que tienen ahora ese es el segundo que se hizo, este no es el original.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
El primero lo dinamitaron. Por eso cuando vayan allá a Cristo Rey pues también vayan y den la vuelta a toda la historia que está ahí. Porque luego nada más van y se toman la foto allá en el aire y guau, para la foto del face y para el perfil y para su estado de cuenta. No, vayan a la historia que es importante. El padre Miguel Agustín Pro es ejecutado por supuesta participación, como ya les había dicho, en el intento de asesinato del expresidente Álvaro Obregón. Y así había más. Seguimos. Además hubo organizaciones que participaron en el conflicto. Están esas cuatro: primero la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, pues esos fueron unos laicos que dijeron: bueno, ¿y cómo vamos a defender no solamente la fe sino defender nuestra libertad religiosa? No la libertad de conciencia, porque la libertad de conciencia es que tú creas en lo que tú puedas creer; ya sería el colmo que el gobierno nos privara de creer lo que tú quieras creer. Sino la libertad religiosa de expresar libre y públicamente tu fe. Porque no se puede. Ustedes saben, en el Senado si algún senador ahí va y se persigna, se rompen las vestiduras: es que es laico aquí, no se puede aquí persignarse, no puedes mencionar el nombre de Dios. ¿Por qué? Porque no hay libertad religiosa. Todos tienen que ser libres de expresar su fe.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Bueno, esta liga se organizó con laicos. Y esos laicos que venían de una organización que Monseñor Luis María Martínez, que es la que está en la letra D, se llama Participación Discreta y Reservada de la "U", Caballeros de Colón que ya se los acaba de mencionar. Esa letra "U" eran algunos laicos que Luis María Martínez, siendo obispo auxiliar de Morelia, les dio formación a todos esos laicos. O sea, esos laicos estaban formados, organizados; o sea, no eran gente de buena voluntad y de estampitas y de un rosario. Esa gente tenía formación y capacitación para la organización. Muchos de esa "U" que eran gente discreta también participaron después en la Liga Nacional de la Defensa. Y estuvo otra que es la Unión Popular, esa fue organizada por el beato Anacleto González Flores. Y todos esos eran grupos de jóvenes que pertenecían a la Acción Católica.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
En la Acción Católica no había tantos movimientos como hoy. Hoy levanta una piedra y cada quien inventa un movimiento. Ahora tengo otro movimiento, ahora tengo otro. Antes nada más estaba la Acción Católica, y la Acción Católica estaba para las damas, para los caballeros, para los obreros, para los campesinos, para las enfermeras, para los jóvenes. Y la Acción Católica era la formación que se daba. Y los jóvenes de la Acción Católica fue a los que organizó el beato Anacleto para la resistencia pacífica, porque él tenía una idea, por eso le decían el nuevo Gandhi, una resistencia pacífica. Pero él tenía una capacidad muy grande de organización. Y él, lo que lo andaban buscando al beato Anacleto era porque era muy amigo del obispo Orozco y Jiménez, obispo de Guadalajara, que también era un gran pensador y era el que también un gran organizador junto con Díaz Barreto, el de Tabasco, y que estaban organizando todo esto. Entonces ahí los andaban buscando y como era muy amigo Anacleto entonces querían sacarle la sopa, decir dinos dónde está Orozco y Jiménez.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Bueno, así se vivía la fe, eh, no crean que como ahora. Ser cristiano en esos tiempos, ser católico, era sentencia de muerte. Sentencia de muerte, o sea, no te la perdonaban. Ahora nos dan linchamientos mediáticos, ahí nos sacan en las redes y que ay que los obispos. Esos linchamientos mediáticos duelen, pero no tanto como los balazos. Pero fíjense la letra C: Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco. Es decir, muchas mujeres también participaron, mujeres jóvenes. Estas brigadas ¿qué hacían? Eran toda la logística. Antes que eso se inventaran los halconcillos y estas cosas, estos ya se habían inventado las mujeres las brigadas. Estos se encargaban de todo ese rollo: se encargaban de llevar los alimentos a los cristeros en el cerro, incluso algunas de estas llevaban las armas, incluso todo lo que era la munición y demás. Además servían también como enfermeras, alguien tenía que curar pues a los caídos. Entonces era un grupo muy numeroso también de mujeres que también participaron.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Y claro, el estandarte de todas estas organizaciones era la Virgen de Guadalupe. Todavía hay algunas banderas por ahí de la Virgen de Guadalupe, de la Acción Católica, de los Caballeros de Colón, de la Adoración Nocturna; hay algunas que todavía están manchadas de sangre y cuando uno va con ellos ahí las ven. O sea, para ellos no las van a lavar obviamente porque pues es un signo de lo que costó nuestra fe en esos tiempos. Seguimos. Los acuerdos con los que termina este conflicto se dieron en la Ciudad de México y ahí participaron por parte del gobierno Emilio Portes Gil, que era el ya presidente interino después de Plutarco Elías Calles. Estuvo también Joaquín Amaro, dijimos que era el secretario de Guerra y Marina, y también estuvo otra persona ahorita que no recuerdo.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Por la Iglesia Católica fueron tres: el obispo Leopoldo Ruiz y Flores de Morelia y delegado apostólico. ¿Por qué era delegado apostólico? Por dos razones: porque en México para poder ser sacerdote necesitabas ser mexicano, entonces un delegado venía de Italia pues obviamente no podías ejercer. Y segundo porque lo habían corrido, ¿se acuerdan que no estaba? Entonces eligen a este obispo de Morelia, Leopoldo Ruiz, como delegado. Entonces el que va a firmar junto con el otro obispo Pascual Díaz Barreto, que es el obispo de Tabasco, y un sacerdote que fue de secretario, José Garibi Rivera, que era secretario del obispado de Guadalajara; ya después será obispo y después será cardenal ese también que estuvo ahí de secretario. Seguimos adelante.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
¿Qué pasó? ¿A qué acuerdos llegaron ese 21 de junio de 1929? Se hicieron los acuerdos el 21 de junio y el 22 de junio entraron en vigor. Primero: el gobierno reconoció la existencia de la Iglesia Católica. O sea, hasta esa fecha dijeron: sí existe. O sea, sí existimos. Nos dieron el derecho a existir. Todavía en ese tiempo no había un reconocimiento jurídico, eso va a ser hasta el 92. Ahí nada más dijeron: sí existe. Sí, sí existimos, caray, sí son bastantes. Dos: amnistía a los cristeros que rindieran las armas y se comprometían a respetar la ley. Esto fue lo que prometió el gobierno. Obviamente que no lo cumplió. Después del 29, como dijo monseñor, pasaron muchos años y luego a todos los cristeros que depusieron las armas se les fue buscando de a uno por uno y los fueron eliminando. Quedan por ahí dos o tres que se salvaron, pero a todos los demás los eliminaron. No le tengan mucha fe a esas palabras y compromisos de gobiernos.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Tres: devolución de iglesias y propiedades eclesiásticas que habían sido confiscadas. O sea, iban a devolver todo. Tampoco devolvieron todo, devolvieron algunas. No es cierto que todos los seminarios y todo eso que confiscaron no lo devolvieron. Si ustedes van allí por ejemplo a Morelia, pues todo lo que es la prepa que está atrás de San José era el seminario. El otro antiguo seminario pues es el palacio de gobierno. Donde es Correos era todo el convento de las teresianas, y así. El que es el Clavijero era el de los jesuitas y no regresaron nada. Y como a la iglesia nos gusta construir y a ellos expropiar pues así nos vamos, ahí nos llevamos la iglesia. Y a veces hasta el gobierno no te ayuda a construir, al cabo que después hoy ya se llama ley de extinción de dominio, ya está aprobada. Si a una institución le gusta algún lugar pues bueno.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Cuatro: registro de sacerdotes ante el gobierno para poder oficiar. Eso también sigue hoy vigente. Nosotros tenemos que darnos de alta ante Gobernación para que puedas ejercer, como si te dieran autorización. Entonces bueno, también. Y cinco: limitaciones al culto público, pero se permitió la celebración de misas y otros actos religiosos en el templo. O sea, ¿qué ganamos? La ley siguió igual, porque realmente pues ya se celebraba en los templos. Y eso ante la presión del gobierno, quienes cerraron los templos como una resistencia fueron los obispos. Entonces al final nada más dicen: vuelvan a celebrar pero dentro de sus templos. Y allá adentro pues entonces ¿qué ganamos? Pues bueno, muchos para el cielo. Pero ahorita vamos a ver qué beneficio. Adelante.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
¿Qué enseñanzas del conflicto cristero para el gobierno y la Iglesia Católica? Estas son conclusiones mías, no son de un historiador ni de un consenso, son cosas mías y así las dejamos, como cosas mías y con el valor que tiene eso nada más. Por parte del gobierno, pienso que el gobierno tiene que aprender a respetar la libertad religiosa. Es un derecho fundamental humano y no es que él lo reconozca en el sentido legal; lo debe reconocer también en lo legal, pero es un derecho humano. Los derechos son inherentes a la naturaleza humana, por eso el Estado no debe dar derechos, debe reconocer los derechos que tenemos. Y por eso luchamos para que se nos reconozca ese derecho de nuestra libertad religiosa. No le estamos pidiendo permiso, sino es algo que él debe reconocernos pues eso nos pertenece por naturaleza. Ya nada más falta que diga: no pueden pensar. Bueno, eso pertenece a la naturaleza humana racional. O diga: no puedes amar, no puedes sentir, no puedes. Bueno, esos son derechos ¿por qué? Porque son inherentes a la naturaleza humana, somos personas humanas y el Estado no debe dar derechos sino reconocer nuestros derechos.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Segundo: se necesita diálogo y negociación por parte del gobierno, no otra imposición de esas al estilo de Plutarco Elías Calles. Lo que genera son conflictos. O sea, yo creo que el gobierno tiene que aprender también a dialogar y aunque a veces les gana la tentación del autoritarismo de querer hacer las cosas porque ellos son el gobierno, pues tienen que aprender que si existimos pues hay que aprender a dialogar y a negociar. Aquí estamos todos, aquí vivimos todos. Tres: reconocimiento de la importancia de la Iglesia Católica en México. Es decir, no somos cinco, no somos seis gentes. O sea, debes reconocer la presencia. Aquí estamos. No puede decir: no veo nada. Bueno, pues en cada evento pues lo hacemos, hacemos presencia. Como decía Monseñor, ¿cuántos millones fueron a la Basílica de Guadalupe este año? 27 millones. Bueno, ¿entonces eso no existe o no existe? Existimos. A veces se quieren hacer que no, y siempre cuando hay una marcha de la Iglesia Católica o alguna cosa dicen hasta los mismos periódicos: un centenar. Hacemos una marcha de 5,000 o 6,000 gentes y los periódicos: un centenar de católicos expresaron. Cuando fueron allá a manifestarse al Congreso por el aborto, que eran un montonal, decían: un grupo de católicos. Bueno, así nos cuentan, así nos ven, así como minimizando el asunto.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Cuatro: presencia de la Virgen de Guadalupe. Le comentaba hace un ratito a Monseñor que en una de las conferencias que dio Jan Meyer, que fue el que escribió esos tres volúmenes de La Cristiada, dio una conferencia en Aguascalientes y cito a él: que la esposa de Plutarco, ya después que ya no era presidente, le preguntó: oye, ¿y eso del conflicto cristero por qué quedó así?, ¿en qué quedó?, ¿qué pasó? Y dice Jan Meyer que Plutarco le respondió a su esposa: es que algo no advertí, que en cada hogar había una Virgen de Guadalupe. Eso fue lo que me pasó. Pues qué bueno que se le pasó eso. Él pensaba que el problema eran los curas, que el problema eran los templos, que el problema era la relación de la iglesia de Roma con acá, la cantidad de sacerdotes que querían distribuir por comunidades. Como en Tabasco este Tomás Garrido que decía: bueno, por cada tantos un sacerdote y nada más, y además los quiero casados. Así era su autoritarismo. Pero yo digo que al gobierno no se le olvide la presencia de María de Guadalupe porque a María de Guadalupe la llevamos en la sangre y en cada glóbulo rojo y en cada glóbulo blanco está la Virgen de Guadalupe. Hay que recordarles eso. Atentar contra la Virgen de Guadalupe es atentar contra la misma identidad de México. Bueno, para que no se les olvide, porque se le olvidó a Plutarco; pues a estos, a los nuevos, que no se les olvide.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Para la iglesia también hubo aprendizajes. Para la iglesia, yo considero también cuatro. Primero: aprender a defender la libertad religiosa. Es un derecho que tenemos que aprender a defender, es nuestro. No es que estamos pidiendo algo extra, es un derecho natural religioso. Que uno tenga una religión musulmana o mahometana, bueno, es su derecho. Que nosotros somos católicos, es eso y tenemos el mismo derecho que tiene cualquier otro. Y si tienen el derecho los mazahuas de brincar e ir y hacer, y si aquel candidato o aquel senador puede matar una gallina y ofrecérsela a Quetzalcóatl o a Huitzilopochtli o a quien sea, nosotros también tenemos el mismo derecho de ofrecer nuestro sacrificio de la Santa Misa. También es un derecho. Y nosotros no nos enojamos porque mates una gallina, pero tú tampoco te enojes porque ofrecemos la misa. Entonces digo, tenemos que aprender ellos y nosotros; ellos a reconocernos y nosotros a defender lo que es nuestro.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Dos: unión y organización. Si algo podemos decir que logró y por qué se lograron las cosas fue por una sencilla razón: organización. Si las cosas funcionan es cuando hay organización. Cuando las cosas no funcionan es porque hay desorganización. Y a veces lo que nos falta a la iglesia aprender de ellos es aprender a organizarnos. Pues es que cada quien anda en su mundito y entre más movimientitos hay más desorganizados, y cada quien anda en su barco y cada quien con su bandera y cada quien. Y todos decimos: la iglesia es una. Pero una la de las guadalupanas, una la de Regnum Christi, otra la de Llama de Amor, otra la de la Escuela de Pastoral. Es una y debemos estar unidos y organizados.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Tres: tenemos que aprender el diálogo y la colaboración. Hay que dialogar, hermano, sí. Cuando hay que dialogar con el gobierno se dialoga, y dialogar y negociar. Pero hay cosas que son no negociables; hay cosas que sí, hay cosas que no. Y el gobierno tiene que aprender a dialogar con nosotros. Eso es con ellos, y nosotros a defender lo nuestro y ellos lo suyo pues también. Pero pues hay que negociar, no se puede imponer ni de aquí para allá ni de allá para acá.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Cuatro: hago una pregunta al final, ¿qué tanto se puede confiar en el gobierno? No respondan porque ahorita están grabando aquí sus hermanos y para qué quieren. Pues la verdad es una pregunta que dejo al aire porque ¿cuántos de nuestros cristeros creyeron en los acuerdos y le creyeron al gobierno? Se depusieron las armas y ¿qué pasó con todos los hermanos cristeros? Los eliminaron. Entonces, y todo lo que prometieron que iban a devolver, esto y lo otro. Es más, las leyes, la del artículo tercero y el 130 quedaron iguales, no se les movió nada. Por eso muchos no quedaron muy contentos, pues muchos cristeros. Yo de hecho alguna vez con algunos descendientes de Enrique Gorostieta, que fue el general que estuvo al frente, pues ellos estaban medio desilusionados porque tanta era la lucha y quienes realmente pidieron los acuerdos fue el gobierno, no fue la iglesia. Fueron ellos que pidieron el acuerdo porque prácticamente habían perdido el conflicto. Y este tema en la historia no lo van a encontrar, eh, ni en los libros de la escuela mexicana, ni la nueva escuela, ni la antigua ni ninguna. Si tú ves algunos libros de esto vas a encontrar tres rengloncitos y los culpables somos nosotros porque quien escribe la historia pues gana. Entonces ahí no van a encontrar gran cosa, esta historia está intencionalmente borrada. Tuvo que venir este Jan Meyer francés a hacer una obra para escribir de este tema. Ahora ya hay bastante material, pero hace unos 50 años no teníamos casi nada de esto, nada más teníamos los testimonios de nuestras gentes.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
¿Cuáles fueron las consecuencias para nuestra iglesia? Positivas: el fortalecimiento de la fe porque los cristianos de ese tiempo, católicos de ese tiempo, sabían que la fe se defiende no solo con palabras o con buenas intenciones, se defiende con la vida. Y que nuestra iglesia nos ha costado sangre. Y yo me acuerdo cuando estábamos chiquitillos, los mártires esos de Pueblo Nuevo. El Viernes Santo, en el camino nos iban explicando las mamás o el tío, dicen: por aquí miren, en este camino aquí a los padres les rebanaron las plantas de los pies, aquí los hicieron caminar dos kilómetros, los crucificaron. Aquí estaban todavía unas cruces ahí. Luego con un picahielo les sacaron ahí la sangre que les quedaba en las plantas de los pies y luego les decían: ¿su fe o su vida? Y ellos decían: ¡Viva Cristo Rey! Y fuego. Y así se defendía la fe. Por eso en esos lugares dice uno: bueno, nosotros somos fruto de ese mundo. Por eso si en tu familia hablas mal del obispo, hablas mal de los curas, pues no esperes que salgan vocaciones, comadre. No se te vaya a ocurrir. Oye, ¿y por qué no saldrán de mi familia vocaciones? Pues oye, si quieres bien comer curas y los comes, ¿qué va a salir de ahí? O eres un católico marca patito, frío, indolente, acomodado, apachurrado en la vida. Ay misa otra vez, ay no qué aburrido. ¿Tú crees que de ahí va a salir gente fortalecida en la fe? Pues claro que no. Pues es que ya, como dijo alguien, ya quedamos pocos de esos que quedaron ahí y realmente participaron muchísimas gentes.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Otra enseñanza es la unión de la iglesia en torno a la defensa de la libertad religiosa. Yo creo que tenemos que mantenernos unidos en eso, pues es nuestra fe y hay que mantenernos unidos en la defensa de esto. Pero hay que hacerlo con honor, con alegría, con organización. Porque el día que se necesita el cristiano, su heroísmo y su fortaleza, salen con cada cosa: es que yo no puedo, es que yo para qué, ay que vayan otros. ¿Y tú qué, vas a vivir de las rentas o qué? No, también te toca. También te toca esa defensa de la fe y hay que unirnos. Hay que programar: cuando hay una marcha o una cosa, o vas, o envías o ayudas para que otros vayan. Pero no salgas con que yo... ay deja ver. Y no voy a reenviar en mi WhatsApp y las mandas a las mismas comadres de siempre, a las que no van. No, pues hay que animarnos. Entonces estamos ya que esa sangre nos la traigamos, pues no nada más llena, que esté limpia, que no tenga colesterol y que no tenga triglicéridos; una sangre que sea sangre cristera, o sea para defender lo nuestro.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
También hubo un reconocimiento internacional. ¿A qué me refiero? Jan Meyer dice por ejemplo: cuando fue el tema del mártir padre Agustín Pro, pues allá en Italia y en otros lugares editaron algunas estampitas del martirio del padre Pro. Allá cerca de la frontera con Francia una de sus parientes de Jan Meyer tenía estampitas allí del martirio del padre Pro. Esa gesta no fue nada más nuestra, o sea, eso está también fuera. Hay archivos en Estados Unidos, en Roma, en muchos lugares. Esa gesta cristera es reconocida a nivel internacional. Muchos de nuestros abuelos se murieron sin el reconocimiento, pero pues aquí les decimos al cielo: les reconocemos que gracias a ellos, su trabajo y todo, hicieron mucho bien por nuestra iglesia.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
¿Qué consecuencias negativas? Primero, pues continuó la persecución y represión. Eso va a continuar siempre. Dijimos que la iglesia nació perseguida; van a nacer nuevos, se mueren unos y nacen otros, y la iglesia siempre seremos perseguidos. O sea, no se espanten. Si antes nos llevaban a un paredón, ahora son linchamientos mediáticos; ahora nos van a traer en las redes y que el padre hizo y que el otro se envenenó. Nos van a traer, pero así vamos a ser. Pero ustedes ya no le entren a eso, no sean parte del mismo negocio de los linchamientos mediáticos contra la Iglesia Católica. Ustedes sepan defender lo suyo bien. También las expropiaciones de bienes pues siguen, eso no crean que se va a acabar. No doy ejemplos, no sea que vaya a dar ideas.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
La limitación del culto. Esa limitación del culto va a continuar. Nos van a seguir limitando, poniendo trabas: que porque se equivocaron aquí, que porque no llegó el esto, que porque faltó allá. Te van a hacer el engrudo boludo ahí. Pero la verdad es que es eso, siempre están limitando. Que la iglesia esto, que este evento aquí no, que allá por esto. A ver ve qué está haciendo la iglesia esto que estamos haciendo aquí. Ya estamos monitoreados, ni crean que... es más, si no querías salir ya saliste. Ya estamos monitoreados. Y siempre nos van a estar limitando; del color que sea en el gobierno, no quieren a la Iglesia Católica, punto. No nos quieren, y esa es la verdad. Y no solamente no nos quieren que sea cuestión de afecto, no quieren que existamos. Pero no pienses que es contra ti, que a Juan Carlos, que a Lupita. No, no es a ti, es porque tú crees en Jesús. Si tú y yo no creyéramos en Jesús, mira, ni te tenían en cuenta. Pero porque tú crees en Jesús y tú crees en Cristo y amas a Cristo y defiendes a Cristo y los valores de Cristo, por eso Jesús dice: a ustedes los perseguirán por mi causa. Entonces si agarras la causa de Cristo, ¿qué va a pasar? Nos van a perseguir. Entonces no pienses que nos va a ir bien. Pero cuando te persigan, dice Jesús: no te enojes ni nos enojemos con ellos. Dice el Señor: alégrate, salta de contento, tu premio será grande en los cielos.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
El último: muchos se escondieron o huyeron a Estados Unidos para evitar el martirio. La verdad es que no todos tienen las mismas agallas. Si ahorita hubiera aquí afuera un pelotón de soldados y nos dijeran a todos los que estamos aquí, a ver, como dijeron aquellos padres, como le dijeron a todos los demás mártires de ese tiempo los que tenemos aquí: ¿su vida o su fe? ¿Cuántos de los que estamos aquí estaríamos dispuestos a entregar la vida por nuestra fe? A ver levanten la mano... no todos, no hay nadie. O sea, no están afuera, o sea háganlo. Es que también miren, a la hora de la hora hay muchos que le corren, la verdad hay muchos que le corren. No crean que... a la media hora cuando nuestro Señor Jesucristo va a la cruz, ¿cuántos apóstoles habían dicho como Pedro: yo te seguiré a donde quieras, no Señor, yo por ti? Pedro, bájale, mira, cuando cante el gallo tú me vas a negar tres veces. ¿Pedro ante quién negó a Jesús? ¿Ante el procurador? No. ¿Ante Poncio Pilato? No. ¿Ante Anás o Caifás? No. ¿Ante quién negó a Jesús? Ante una que andaba repartiendo el café ahí. No pues como dice mi pueblo, con Timás. Si te pica la... pues ahí está. Muchos se escondieron. Ojalá que nosotros no estemos ahí.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Siguiente. ¿Cuál sería el legado? Miren, el legado del conflicto cristero yo pensaría esto. Primero: la canonización de nuestros mártires que estos nos recuerdan y nos siguen recordando. Están ahí, están sus vidas: ¿cómo se ama a Jesús?, ¿cómo se sirve en la iglesia? y ¿hasta dónde está uno dispuesto a defender eso? Todo lo demás puras palabrerías muy bonitas. Como dicen: de tacos de lengua me echo dos platos y repetiré yo que yo soy... a ver a la mera hora si aquí le sacamos a cositas así, detallitos sencillos. Que la misa te cambió una cosa, ay yo no sé qué esto. Que una plática para las... ¿qué?... para el bautismo. Ándele pues. Ah, yo no sé para qué piden tantos requisitos en la iglesia. Bueno pues imagínate, si se te hace mucho una plática, se te hace mucho que vayas a un cursito, se te hace mucho eso, imagínate ¿tú crees que estás dispuesto tú a entregar la vida? Si tú no puedes con un costal de cal que pesa 25 kg ¿vas a poder con un costal de cemento que pesa 50?
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Hermanos, estos nos recuerdan esto, es el legado, estos hermanos mártires ahí están esas reliquias. Pero no nada más es para que digas: ay para que me hagan el milagrito, ay para que... no, pues también nos puede hacer el milagrito pero no son para eso. Su legado es más grande. Segundo: el establecimiento de las relaciones Iglesia-Estado, hasta el 92. Y que quede claro que los templos de antes del 92 son del gobierno. Para que no: es que la iglesia y que miren los templos. Y sobre todo para los jóvenes que no conocen: es que la iglesia está bien rica, miren los templos. No son nuestros, son de gobierno. Nosotros los administramos y todavía tenemos que repararlos si es que ya nos vienen a dar con qué, y todavía cuando queremos reparar todavía no dejan. Bueno, aléguenle pues a esos asuntos.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Tres: hoy tenemos la oportunidad de conmemorar esto, de estudiarlo, conmemorarlo, celebrarlo, revivirlo sin revanchas, sin resentimientos. Simplemente lo estudiamos porque sucedió y queremos reconocer nuestra historia. Y quien no conoce su historia está condenado a repetirla muchas veces. Y no queremos que vuelva a suceder esto. O sea, no queremos, no salió nada bueno de ahí. Bueno nosotros varios mártires, verdad, pero el hilo conductor de este conflicto fue la organización de los cristeros. Ese es un gran legado que tenemos que aprender de ellos: a organizar. Sin organización no hay nada. La única espada que puede abatir cualquier tiranía es la organización. Sin organización no hay nada. Y para eso necesitamos organizarnos y dejarnos organizar. Porque si no, si tú no eres la generala dices: yo no me organizo si no soy la generala. No pues es que no todos son la generala, algo tienes que ser aquí, otros de otras funciones y todo servir a nuestro Señor.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Bien, terminamos ya con esto. Nada más les voy a dar algunos números así para que ustedes vean que pues no era poquita gente. Miren, en ese tiempo la población de México eran más o menos 10 millones de habitantes y la organización de los cristeros había llegado a 2 millones de la organización. Entonces la cosa estaba... por eso el gobierno lo vio peligroso, dijo: no, mejor vamos a unos acuerdos porque esto ya la cosa se nos salió. ¿Cuántos andaban? Pues miren, nada más de las brigadas de las mujeres se calcula que cerca de 25,000 mujeres. Dicen ahí los cristeros: pero había un montón de mujeres, eh. Que los cristeros que eran puros hombres y mártires; no, también había muchas mujeres, muchas. Las brigadas eran 25,000 y cerca del ejército cristero estamos hablando de más de 100,000. Y el gobierno traía ciento y tantas mil, 150,000. Entonces no estábamos tan disparejos. Entonces hubo mucha participación, mucha organización y un gran amor y una gran fe. Es por eso hermanos, cuando vean todo esto recuerden: nuestra fe desde el primer mártir en el Gólgota hasta hoy nos ha costado sangre. Y eso es lo que San Pablo te dice: ustedes valen lo que vale la sangre de Cristo. Y también nuestra fe, eso vale en México: nuestra sangre. Gracias.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Bueno vamos a prepararnos. Quisiera que hubiera pues un momentito de preguntas pero pues ya como les digo, ya me dejan la última parte ya me los dejan bien traqueteados ya pues tengo que irme así un poquito rápido. Pero quizá esto nada más sea como un calentamiento y quizá podamos dar unas conferencias más adelante para ir agarrando temita por temita e ir profundizando el tema con la historia, con los acontecimientos, con los videos y todo que nos pueda apoyar. Muchas gracias. Nos preparamos para la Eucaristía, los que quieran quedarse ahorita nos vemos para la celebración. Muchas gracias a todos. #MetroNewsMx

Publicar un comentario