Redacción Editorial
-El rechazo masivo en redes delata la fractura social: el pueblo ve en el retiro del tren una cobardía en comparación ante el crimen impune diario.
-La indignación ciudadana es total; acusan al municipio de tener hambre de dinero mientras solapa la anarquía de las motos.
-Celaya vive una esquizofrenia política: el alcalde predica sensibilidad mientras Fiscalización opera como una milicia represora.
-El retiro del trenecito no parece ordenamiento, es una ejecución burocrática que desnuda la nula ética de la administración municipal celayense.
-Imponer multas impagables de 11 mil pesos a un trabajador humilde es una condena de muerte económica bajo el disfraz de la ley.
-Fiscalización abandonó su naturaleza regulatoria para ser un brazo de choque que asfixia al ciudadano y agrede a la prensa.
-El alcalde sugiere una vaquita para pagar multas; una respuesta frívola que evade su deber de generar justicia administrativa.
-Existe un hilo conductor entre la porra y la multa: el desprecio absoluto de la autoridad municipal por la dignidad humana.
-Condicionar el trabajo a pagos inalcanzables es una simulación de diálogo diseñada para fabricar culpables y castigar la fe.
-El municipio aplica la ley al débil pero guarda silencio ante la anarquía de motociclistas y la delincuencia que azota Celaya.
-El derecho al mínimo vital podría estar siendo pisoteado en el Jardín Principal; el Estado no puede recaudar a costa del hambre del ciudadano.
-La soberbia institucional ignora el pulso social: el 82 por ciento de la gente rechaza el autoritarismo contra el trenecito.
-Llamar a la caridad ciudadana es confesar que el sistema administrativo está roto y que la autoridad renunció a su función.
-Podría verse el uso de la legalidad como castigo contra Jesús Nava por impugnar multas; un mensaje claro de que defenderse tiene consecuencias.
-Mientras el trenecito es llevado al corralón, el desorden y el crimen real gozan de total libertad en las calles de la ciudad.
-El silencio del trenecito es el grito de una sociedad traicionada por un gobierno que prefiere el garrote sobre los tan sobados "bienestar", "esperanza" y "paz".
-Eduardo Griss Kauffman es el rostro represor de una administración que insulta la inteligencia y el sustento de los celayenses.
Fiscalización en Celaya: El garrote del desgobierno
El escenario político en Celaya ha mutado en una puesta en escena de lo absurdo. Por un lado, el alcalde Juan Miguel Ramírez Garibay sostiene una narrativa de puertas abiertas y sensibilidad social; por el otro, su Dirección de Fiscalización opera como una milicia administrativa dedicada a la cacería de ciudadanos vulnerables. El reciente retiro del "trenecito" del Jardín Principal, propiedad de Jesús Nava, no es un acto de ordenamiento público, sino una ejecución burocrática que desnuda la falta de brújula ética en el Ayuntamiento. Al dueño de esta atracción tradicional se le imponen multas superiores a los 11 mil pesos —un adeudo que el trabajador califica como impagable—, condicionando su derecho al sustento a una capacidad recaudatoria que el municipio no aplica con la misma severidad a otros sectores.
Esta conducta no es aislada. Los antecedentes de agosto de 2025, donde se documentaron agresiones físicas contra periodistas y ciudadanos, confirman que la Dirección de Fiscalización ha abandonado su naturaleza regulatoria para convertirse en un brazo de choque. La premisa es clara: quien no se somete al arbitrio de la ventanilla, es borrado del espacio público. La "esquizofrenia política" mencionada en la crítica mediática reciente apunta directamente al corazón del problema: un gobierno que dice defender al pueblo mientras le arrebata las herramientas de trabajo bajo el pretexto de una legalidad selectiva. ¿Cómo puede el alcalde hablar de paz social mientras su gabinete ejerce violencia administrativa contra un hombre cuyo único pecado es pasear niños en una plaza pública?
El caso de Jesús Nava es emblemático de la violación al derecho humano del "mínimo vital". La Constitución Mexicana, en su artículo 5°, protege la libertad de trabajo, y la jurisprudencia ha establecido que el Estado no puede ejercer una presión fiscal tal que prive al individuo de lo necesario para vivir. Sin embargo, en Celaya, la autoridad parece ignorar que el trenecito es un modo de vida. Al ofrecer permisos temporales de apenas tres meses condicionados a pagos onerosos, el municipio no busca la regularización, sino la rendición del ciudadano. Es una simulación jurídica diseñada para fabricar un culpable y justificar el uso del corralón como mecanismo de castigo.
La desconexión con la ciudadanía es absoluta. Mientras la población abraza al trenecito como parte de la identidad cultural de Celaya, la autoridad argumenta una "molestia" que nadie siente, excepto los burócratas encargados de limpiar la plaza de lo que ellos consideran "informalidad". Esta falta de sensibilidad es la misma que permitió que periodistas fueran agredidos por documentar la realidad. Existe un hilo conductor entre la porra y la multa: el desprecio por el ser sintiente. La administración municipal ha olvidado que detrás de cada permiso negado hay un drama humano y que la legitimidad de un gobierno no emana de la fuerza de sus inspectores, sino del bienestar de sus gobernados.
Desde una perspectiva legal, la Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado de Guanajuato -PRODHEG- tiene elementos de sobra para intervenir. La desproporcionalidad de las multas, la falta de una alternativa real de pago y el uso del espacio público como una propiedad privada del Ayuntamiento son agravios que vulneran el Estado de Derecho. Si el municipio argumenta que el orden es su prioridad, debería empezar por ordenar la conducta de sus funcionarios, quienes parecen disfrutar del ejercicio del poder sobre los más desprotegidos.
En conclusión, Celaya vive bajo un régimen de contradicciones. El acalde Ramírez Sánchez decidir si su gobierno será recordado por el diálogo que promete o por el garrote que su Dirección de Fiscalización blande diariamente. El retiro del trenecito es una mancha que no se borra con discursos de campaña; es una herida a la economía popular y un insulto a la tradición.
La justicia no es aplicar la ley de forma gélida y deshumanizada, sino garantizar que la norma sirva para el desarrollo del hombre. Hoy, en el Jardín Principal, el silencio del trenecito es el grito de una ciudadanía que se siente traicionada por quienes juraron protegerla. "Esquizofrenia política" es, quizá, el análisis más benevolente ante una realidad que raya en la crueldad institucional.
La reacción de los celayenses: Info Celaya, con un espejo de muestra
A partir del análisis cuantitativo y cualitativo de los más de 300 comentarios vertidos en la publicación de Info Celaya, que se desprenden de un video publicado el 2 de marzo de 2025 a las 3:37 de la tarde, desde el se presenta una nota de conclusión que refleja el pulso social ante el retiro del "trenecito".
Este análisis divide las opiniones para entender no solo el "qué" dicen, sino el "por qué" de su malestar o aprobación.
El análisis de sentimiento Ciudadano: Caso del "Trenecito de Celaya"
En un balance cuantitativo -estimación basada en muestra de 300+ comentarios-, el 82% de los comentarios está en contra del retiro, lo que echaría por tierra de que el trenecito es algo que la sociedad exige quita. Los señalamientos de los comentarios plasman la nostalgia infantil, icono cultural así como el "hambre" de la autoridad, y la inacción contra criminales reales.
Sólo el 12% de la muestra está a favor del retiro del trenecito. Los argumentos son la necesidad de regularización, "piso parejo" en impuestos, cobro excesivo del servicio.
Finalmente, el 6% donde se encuentran los comentarios que van desde el escepticismo hasta lo político manejan las teorías sobre la llegada de un "tren guinda" o beneficios para allegados del partido en el poder.
La crítica más feroz y recurrente -aproximadamente 6 de cada 10 comentarios- señala una asimetría en la aplicación de la ley
Los ciudadanos perciben que Fiscalización y Tránsito son implacables con un vehículo infantil, pero "omisos o miedosos" ante "motosicarios" y motociclistas, muchos de ellos sin placas, ruidosos, circulando por banquetas y cometiendo delitos. El comercio informal mayor, donde se perciben otros puestos en el centro o la Alameda que no son tocados. y la inseguridad, es decir el sentimiento de que el gobierno da un "golpe histórico al crimen" capturando un juguete mientras la ciudad sufre violencia real.
Muchos usuarios coinciden en que el trenecito es "patrimonio cultural e infancia" de Celaya. Hay testimonios de personas que se subieron hace 20 o 30 años y ahora llevaban a sus hijos. Para la población, el valor tradicional del tren supera la falta administrativa de un permiso.
Existe una narrativa de desconfianza hacia la administración de Juan Miguel Ramírez. Los comentarios sugieren que el retiro tiene tintes políticos -quitar lo "azul" para poner lo "guinda"- o meramente recaudatorios. La frase de que el gobierno tiene "hambre" de dinero se repite como un mantra.
Una minoría, pero presente, sostiene que ser una tradición no exime de responsabilidades. Argumentan que el dueño "gana bien" y que es justo que pague impuestos y permisos como cualquier otro comerciante, evitando que se convierta en un "dueño del centro".
El análisis de la reacción digital ante el caso del trenecito revela una fractura profunda entre la administración municipal y la ciudadanía. Mientras que para el presidente municipal Juan Miguel Ramírez Sánchez el retiro es un acto técnico de fiscalización y ordenamiento, para el celayense promedio es una agresión a la nostalgia y un acto de soberbia institucional.
La objetividad de los datos muestra que la mayoría no aboga por la anarquía, sino por la proporcionalidad. El sentimiento generalizado es de burla y coraje: se percibe como una "cobardía administrativa" que el gobierno municipal despliegue operativos para "encarcelar" un vehículo de madera y lámina, mientras las calles de las colonias populares permanecen bajo el control de la delincuencia real y el desorden de los motociclistas.
La autoridad ha ganado un expediente administrativo, pero ha perdido una batalla de legitimidad social. La percepción de que "el gobierno tiene hambre" y que "el profesor -el alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez- solo hace acciones de relumbrón" se ha solidificado. Si el municipio no logra resolver este conflicto con sensibilidad —y no solo con el reglamento en la mano—, el trenecito se convertirá en el símbolo de un gobierno que prefirió "ponerse guapo" en el discurso, pero actuó con el garrote en la plaza pública y de paso ratificaría por qué en las encuestas de Mitofsky el alcalde tiene meses y meses reprobado y no es aceptado por la ciudadanía celayense. (https://www.metronewsmx.com/2026/02/juan-miguel-ramirez-sigue-reprobado-por.html )
Los derechos de Jesús Nava y la fuente de trabajo
El caso de Jesús Nava y el retiro de su trenecito en Celaya pone en relieve una tensión jurídica clásica entre el derecho constitucional al trabajo y la facultad regulatoria del Estado.
Desde una perspectiva legal y constitucional, el análisis de hasta dónde se vulneran sus derechos se divide en el Derecho a la Libertad de Trabajo (Artículo 5°) donde la Constitución Mexicana establece que a nadie se le puede impedir que se dedique a la profesión, industria o comercio que le acomode, siempre que sean lícitos.
Si la autoridad impone requisitos imposibles de cumplir o cobros desproporcionados -como las multas de más de 11 mil pesos que el dueño consideró "caras"- que de facto anulan su fuente de ingresos, se podría argumentar una vulneración al derecho al sustento.
Este derecho no es absoluto; está sujeto a que la actividad no ofenda los derechos de terceros ni de la sociedad, lo que faculta al municipio a exigir permisos de Fiscalización para el uso de la vía pública. La simple encuesta generada por los comentarios de Info Celaya muestran que la sociedad no está en contra del trenecito, comprobándose que no ofende a terceros.
La Suprema Corte ha interpretado que el Estado no debe ejercer una presión recaudatoria tal que prive al ciudadano de los recursos básicos para una vida digna. Al ser el trenecito su modo de vida y fuente de empleo, el retiro del vehículo y el condicionamiento de su regreso al pago de adeudos acumulados desde 2017 podría considerarse una afectación al mínimo vital si Nava.
No obstante, la autoridad argumenta que ofreció un permiso temporal de tres meses para facilitar su regularización, el cual no fue aceptado por el propietario.
Nava tiene derecho a que cualquier acto de molestia -como el retiro del trenecito al corralón- esté fundado y motivado por escrito. El hecho de que Nava haya impugnado legalmente cerca de 60 infracciones es un ejercicio de su derecho a la seguridad jurídica, buscando que un tribunal determine si las multas fueron justas o arbitrarias.
El municipio sostiene que el retiro no es arbitrario, sino la consecuencia de años de operar en la informalidad y de ignorar las notificaciones de regularización.
La ley ampara al ciudadano en su derecho a trabajar de forma honesta, pero también otorga al municipio la potestad de cobrar derechos por el uso exclusivo de un espacio que es de todos -el Jardín Principal-. La violación de derechos ocurriría si se demuestra que el municipio utiliza las multas como un mecanismo de exclusión en lugar de fomento, o si el proceso de retiro careció de las formalidades legales.
El gran "Pero...": Fiscalización ha venido actuando con política de intolerancia, abusos a los derechos humanos y de "garrote vil"
A partir de antecedentes mediáticos, pruebas documentales y el conflicto actual con el propietario del trenecito, se puede deducir que la Dirección de Fiscalización de Celaya opera bajo un patrón de conducta que prioriza la coerción administrativa y el autoritarismo sobre la sensibilidad social y el respeto a la dignidad humana.
Al observar casos previos, como la agresión a periodistas y trabajadores en agosto de 2025, queda claro que el retiro del trenecito no es un hecho aislado, sino parte de una política de intolerancia.
Los antecedentes muestran que Fiscalización ha incurrido en el uso excesivo de la fuerza y en la vulneración de derechos fundamentales, lo que sugiere que la dependencia se ha convertido en un brazo ejecutor que ignora los protocolos de respeto a la integridad física y moral de los ciudadanos.
En el caso de Jesús Nava, esta actitud se traduce en un acoso administrativo donde se acumulan multas -cerca de 60- no con un fin de ordenamiento, sino como una estrategia de asfixia para forzar el retiro de un trabajador independiente.
La deshumanización del servicio público: "El ciudadano como enemigo"
La actitud de la dependencia revela una profunda desconexión con la realidad social de Celaya.
Mientras los medios señalan que "los periodistas también son sintientes" —apelando a la humanidad que se pierde en el ejercicio del poder—, en el caso del trenecito se ignora que detrás de la "falta de permiso" hay un modo de vida y el sustento de una familia.
Fiscalización parece operar bajo la premisa de que la ley debe aplicarse a rajatabla solo cuando se trata de ciudadanos vulnerables o críticos, mientras que el argumento de la "molestia ciudadana" se utiliza de forma subjetiva, pues la población no ve al trenecito como un estorbo, sino como parte de la identidad del Jardín Principal.
Se deduce que la autoridad municipal utiliza el marco legal no para regular, sino para excluir. El ofrecimiento de un permiso de apenas tres meses condicionado a pagos "caros" -más de 11 mil pesos- es, en la práctica, una simulación de diálogo. Es una técnica para poder decir "les ofrecimos una salida", sabiendo que las condiciones son inalcanzables para el nivel de ingresos de ese oficio.
Al igual que en las agresiones previas contra la prensa, donde se intentó silenciar la verdad mediante la fuerza, con el trenecito se intenta eliminar una tradición mediante la burocracia impositiva, castigando al ciudadano posiblemente por haber impugnado legalmente sus multas previas.
Finalmente, se deduce una actitud de soberbia institucional. Ignorar el respaldo ciudadano y los llamados a la destitución del titular de Fiscalización demuestra que a la dependencia no le interesa la paz social ni el bienestar comunitario, sino demostrar un poder absoluto sobre el espacio público. Este tipo de acciones, sumadas a los ataques previos contra quienes documentan la realidad -periodistas-, crean un clima de desconfianza donde el gobierno municipal es visto como un ente recaudador y represor, y no como un facilitador del trabajo y la armonía ciudadana.
La actitud de Fiscalización es la de una autoridad que ha perdido la brújula del servicio público. Existe un hilo conductor entre la agresión a la prensa y el retiro "legal" del trenecito: en ambos casos se desprecia la dignidad del individuo en favor del control estatal arbitrario.
La frivolidad de Juan Miguel Ramírez Sánchez de "ponerse guapo", declarada a El Sol del Bajío
La frase expresada a El Sol del Bajío de "ya saben que yo me pongo guapo siempre" resulta altamente problemática por tres razones (https://oem.com.mx/elsoldelbajio/local/exigen-destitucion-de-eduardo-griss-kauffman-por-retirar-el-trenecito-del-jardin-principal-28797669
)
La primera, el desplazamiento de responsabilidad. Al sugerir una "vaquita" -colecta-, el alcalde traslada la solución de un conflicto legal y administrativo a la caridad ciudadana. Es una renuncia implícita a su deber como autoridad de generar esquemas de regularización justos y proporcionales.
La segunda, el tono condescendiente. Mientras un ciudadano pierde su patrimonio y sustento (el trenecito), el lenguaje del alcalde suena a una "dádiva" personal en lugar de una política pública. Trata un derecho constitucional -el trabajo- como un asunto de favores personales.
La tercera, el contraste con la realidad. Resulta paradójico decir que se "pone guapo" cuando su Dirección de Fiscalización actúa con una rigidez absoluta, negando prórrogas reales y enviando la grúa a una atracción infantil.
La simulación del diálogo de Juan Miguel Ramírez Sánchez
El alcalde afirma que "se le ha querido ayudar", pero los hechos narrados por los afectados dicen lo contrario. Ofrecer un permiso de solo tres meses condicionado a pagar más de 11 mil pesos de adeudos históricos -muchos de ellos impugnados- no es ayuda; es una sentencia de muerte económica para un pequeño negocio. Es una táctica de "negociación de mala fe" donde se imponen condiciones que se saben inalcanzables para luego culpar al ciudadano de "no querer arreglarse".
La doble vara de medir del presidente municipal
Existe una contradicción flagrante entre el discurso del "Gobierno del Pueblo" y las acciones de Fiscalización.
Se exhibe una actitud de "con el débil, la ley; con el fuerte, el silencio". El alcalde pide legalidad absoluta para un trenecito, pero su administración ha sido señalada por permitir la anarquía de motociclistas y por la violación de derechos humanos de sus funcionario contra periodistas de parte de su propio director de Fiscalización.
La otra es el uso de la legalidad como castigo. Las declaraciones sugieren que el municipio está castigando a Jesús Nava por haber impugnado sus multas. La autoridad parece decir: "si te defiendes legalmente, te quito el derecho a trabajar".
El impacto en la paz social: Gris actuación de Griss Kauffman en Fiscalización
Al descalificar las protestas que exigen la destitución de Eduardo Griss Kauffman y sugerir que "hagan una vaquita", el alcalde minimiza el descontento social. No entiende —o no quiere entender— que la gente no protesta solo por el dinero, sino por la arbitrariedad y el autoritarismo de una dependencia que se ha vuelto el rostro represor de su gobierno.
Las declaraciones contenidas en la nota de El Sol del Bajío son el retrato de un gobernante que busca mantener una imagen de "bondad" ante los micrófonos mientras permite que su gabinete actúe con el "garrote".
Llamar a pagar una multa mediante una colecta es la confesión de que el sistema administrativo de Celaya está roto: si la ley fuera justa y proporcional, no se necesitaría que el alcalde "se pusiera guapo" ni que la ciudadanía limosneara el derecho a trabajar. Esta actitud no solo vulnera el derecho al sustento de Jesús Nava, sino que insulta la inteligencia de una ciudadanía que ve cómo, mientras el trenecito está en el corralón, la delincuencia real y el desorden administrativo siguen libres en las calles (https://www.metronewsmx.com/2026/02/16922-delitos-en-celaya-durante-2025-y.html ). #MetroNewsMx
Fuentes Informativas



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