Eugenio Amézquita Velasco
-Fue la voz original de Kalimán, en la radio y el gran conductor del programa "Sube, Pelayo, sube"
-La censura de Luis Echeverría contra Luis Manuel Pelayo marca uno de los episodios más oscuros y aleccionadores de la televisión.
-El veto presidencial no solo destruyó el éxito de Sube Pelayo Sube, sino que arrastró al actor a una crisis económica y emocional.
-Tras años de ostracismo, el hombre que fue la voz de Kalimán murió intentando recuperar la gloria que el sistema le arrebató.
La historia de Luis Manuel Pelayo Ortega es la crónica de un ascenso meteórico y una caída provocada por el choque entre el carisma popular y el autoritarismo estatal. Tras haber sido vetado por Luis Echeverría, el entonces presidente de México, Pelayo vivió un calvario profesional que se extendió incluso después de que el mandatario dejara el cargo en 1976. Durante casi doce años, el animador sufrió los rechazos sistemáticos de la misma industria del entretenimiento que lo vio crecer y consolidarse como uno de los animadores más importantes del país. Este veto, si bien no terminó por costarle por completo su carrera y reputación, sí le costaría su estabilidad económica y emocional, afectando profundamente a toda su familia.
Nacido en la Ciudad de México el primero de abril de 1922, Pelayo inició su trayectoria a mediados de los años 40. Su debut en la película A la de Triana impulsó una carrera que lo llevaría a compartir créditos con figuras de la talla de Pedro Infante y Mario Moreno Cantinflas. Sin embargo, su primer gran éxito llegaría a través de las radionovelas.
Gracias a una técnica impecable y un manejo magistral de su voz, incursionó con éxito en el doblaje, dando vida a personajes de Disney como el conejo blanco en Alicia en el País de las Maravillas y Bagheera en El libro de la selva.
Pero su papel definitivo fue ser la voz de Kalimán, el hombre increíble, el héroe que marcó la radio y la cultura popular de la década de 1970.
La fama alcanzada le permitió conducir Sube Pelayo Sube en Telesistema Mexicano. El programa de concursos, que ofrecía premios tan ambiciosos como casas amuebladas en plena crisis económica, se convirtió en una tradición nacional. Pelayo, innovador, llevó la producción fuera de los estudios a parques y plazas de toros, convirtiéndose en un precursor del entretenimiento masivo. Sin embargo, su popularidad comenzó a incomodar a Luis Echeverría. El presidente, conocido por su sistema autoritario y su política de censura, veía con desagrado cómo las frases del programa eran utilizadas por el pueblo para ridiculizarlo.
Existen testimonios de actos públicos donde la gente coreaba arriba papi pa arriba mientras el presidente escalaba la Pirámide del Sol, o cantaban Pelayo sube durante el izamiento de la bandera en el Zócalo. Aunque Pelayo no tenía una actitud política militante, el ego presidencial se vio afectado. El golpe final ocurrió cuando Pelayo, en un acto de ingenuidad, pidió en vivo la ayuda de la primera dama, María Esther Zuno, para una niña con leucemia. La pareja presidencial consideró esto una intromisión ofensiva. De un día para otro, Echeverría amenazó a Televisa y el programa fue cancelado.
Lo que siguió fueron doce años de exilio televisivo y una depresión profunda. Pelayo pasó meses sin trabajo, poniendo en riesgo el sustento de su familia. Aunque volvió al cine y las telenovelas tras el sexenio de Echeverría, nunca recuperó el éxito de antaño. Tuvo que aceptar múltiples proyectos pequeños para sobrevivir económicamente. Lamentablemente, el 21 de julio de 1989, justo al terminar la película La taquera picante, sufrió un infarto fulminante a los 67 años. Su muerte dejó a su familia en una situación financiera difícil, pero su legado perdura en sus 70 películas, 22 radionovelas y en el talento de sus hijos, Alejandro y Rosita Pelayo. Esta última confirmó siempre que el bache en la vida de su padre fue una represalia política y lamentó cómo sus propios compañeros le dieron la espalda en su momento más oscuro.n #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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