
Redacción Editorial
-El alcalde admite que la pista de hielo "no le gustó" y no se volverá a contratar tras las constantes quejas ciudadanas.
-Juan Miguel Ramírez justifica el subejercicio presupuestal culpando al gobierno estatal por falta de aportaciones.
-Ciudadanos y oposición cuestionan la congruencia del edil al despedir funcionarios mientras mantiene decisiones de gasto fallidas.
La administración de Juan Miguel Ramírez Sánchez enfrenta una crisis de credibilidad tras aceptar el fracaso de la pista de hielo sintética que costó 1.9 millones de pesos. Mientras el edil ordena purgas en su gabinete por bajo desempeño, defiende como buena inversión un atractivo que él mismo calificó de mala calidad y que lució desierto.
La principal contradicción radica en la evaluación de la pista de hielo sintético. Por un lado, el alcalde reconoció públicamente que la pista no le gustó y que su calidad era cuestionable, admitiendo que la mayoría del tiempo lució vacía. Sin embargo, en el mismo discurso, insistió en que fue una buena inversión, y la pregunta sería para quién o para quiénes y al final quién se beneficio realmente con ese dinero.
Resulta contradictorio calificar como "buena inversión" un gasto de 1.9 millones de pesos por un producto que él mismo admite que no cumplió con las expectativas de calidad ni de afluencia ciudadana.
Sus justificaciones se basaron en argumentos tales como que al ser sintética se ahorró agua y electricidad; también de que sostuvo que duró un mes, a diferencia de las de hielo real que duran menos, aunque los ciudadanos reportaron que los patines se atoraban y la experiencia era deficiente.
La conexión entre el fiasco de la pista de hielo y el criterio de despidos
Lo que estos eventos dejan ver es una planeación deficiente. Gastar casi dos millones de pesos en una atracción que resultó fallida evidencia una falta de visión para priorizar el gasto público.
Dada la analogía del desempeño del alcalde para este tema -y muchos más que se han descubierto en lo que va de su gestión y si ello podría llevar a si debería aplicársele el mismo criterio que a los funcionarios despedidos, existen varios elementos a destacar.:
El primero, es que el alcalde ha despedido personal de la Oficialía Mayor y Desarrollo Social argumentando bajo desempeño.
El segundo es que si se aplicara un criterio de "eficiencia y resultados", el fracaso de la pista de hielo y las críticas por el gasto innecesario en un contexto de necesidades básicas (como bacheo o seguridad) colocarían al alcalde en la misma posición de "bajo desempeño" que sus subordinados.
Bajo una lógica de rendición de cuentas empresarial o de resultados estrictos, sería lógico que enfrentara una sanción equivalente y aplicarle el refrán de "con la vara que midas, será smedido".
El marco legal y sanciones que marca la ley
Cuando un gobernante "tira" o gasta erróneamente el dinero público, las leyes que entran en juego son la Ley de Responsabilidades Administrativas y las leyes de fiscalización.
En ese tenor, deberían entrar en acción la ASEG -Auditoría Superior del Estado de Guanajuato-, encargada de revisar que el gasto público se apegue a la legalidad y eficiencia. También la Contraloría Municipal -que brilla por su ausencia- y que debería iniciar investigaciones de oficio por posibles faltas administrativas en la contratación del proveedor. Finalmente, el Tribunal de Justicia Administrativa, para sancionar si se detectan desvíos o daños al erario.
Las sanciones posibles van desde amonestaciones y suspensiones hasta la inhabilitación para ocupar cargos públicos. En casos graves de malversación, existen sanciones penales.
La pregunta sobre estas tres instancias sería ¿Están actuando?
Hasta el momento, las noticias reflejan la crítica mediática y social, pero no hay registros de un proceso de auditoría formal o sancionador en curso específicamente por el contrato de la pista, más allá de los señalamientos de la oposición en el cabildo.
¿Qué demuestra la persona del alcalde con estas actitudes?
Todo este escenario proyecta la imagen de un gobernante que le encanta minimizar el error. Al aceptar que el producto es malo pero defender el gasto, muestra una desconexión con la realidad económica del municipio.
También aplica una doble vara ya que es implacable con el desempeño de sus subordinados, pero condescendiente con sus propias decisiones fallidas y que le están costando dinero al erario público.
Demuestra también la falta de autocrítica. Se transforma en un "ser perfecto". Prefiere culpar a factores externos -el estado, funcionarios, oposición, quien sea- antes que admitir un error de gestión en la selección de proveedores y prioridades. Es interesante ver que no hecha a nadie la culpa de la contratación. ¿Acaso él decidió quién se contratara?
Fuentes informativas:
#MetroNewsMx
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