
Brozo/Latinus/Redacción Editorial
-El autoritarismo actual busca desaparecer la legitimidad de los otros, imponiendo una sola verdad y una ideología única.
-La reforma judicial es una "venganza" del Ejecutivo contra una Corte que se atrevió a revisar y frenar actos inconstitucionales.
-Someter a jueces al voto popular politiza la justicia; el juez termina debiendo su cargo a un partido y no a la Constitución.
-El oficialismo creó una mayoría artificial del 74% en el Congreso con solo el 54% de votos, violando el pacto democrático.
-Las reformas electorales actuales se diseñan para el beneficio inmediato del gobierno, ignorando que el humor público cambia.
-El desmantelamiento de órganos autónomos como el INAI deja al ciudadano indefenso y sin herramientas de transparencia.
-Al recortar financiamiento público a partidos, se abre la puerta para que el crimen organizado financie y domine las campañas.
-La CNDH ha sido desactivada como contrapeso; hoy prefiere defender la narrativa del régimen antes que los derechos ciudadanos.
-Se ha pasado de una etapa de coexistencia plural a una donde la disidencia es catalogada oficialmente como el "antipueblo".
-La desaparición de la autonomía institucional impide que el gobierno reciba alertas sobre fallos en salud, fiscalía o seguridad.
-La militarización y la Guardia Nacional bajo la SEDENA representan un retroceso estructural en la seguridad civil del país.
-La ampliación de la prisión preventiva oficiosa permite encarcelar a ciudadanos sin juicio previo, vulnerando derechos humanos.
-El régimen habla a nombre de un "pueblo unificado", negando la realidad de un México masivo, diverso y contradictorio.
-La izquierda llegó al poder usando la escalera democrática y ahora busca destruirla para que nadie más pueda subir por ella.
-Ninguna fuerza política está condenada a ganar siempre; legislar eliminando la competencia es un error histórico de corto plazo.
-El éxito electoral de 2018 fue posible gracias al sistema que hoy el oficialismo tacha de podrido y busca desmantelar.
-La austeridad es usada como coartada para jibarizar a las oposiciones y concentrar el control de los recursos en el Ejecutivo.
-El poder legislativo actual ha renunciado a su función de contrapeso para convertirse en una oficialía de partes del gobierno.
-El diálogo político ha sido sustituido por una "nueva lengua" oficial que exorciza la pluralidad y premia la lealtad ciega.
-México está perdiendo la capacidad de resolver sus conflictos por la vía institucional, regresando a la era del poder absoluto.
El réquiem de la pluralidad y la venganza contra el contrapeso
La entrevista entre Brozo y José Woldenberg no es solo un encuentro periodístico; es un diagnóstico clínico sobre la agonía de la democracia mexicana. En un país que parece haber olvidado las lecciones de su propia transición, Woldenberg surge como la memoria histórica que advierte sobre el peligro de "tirar al niño junto con el agua sucia". La tesis central es clara y alarmante: México está transitando de un sistema diseñado para la coexistencia de la diversidad a un régimen que busca, por diseño, la desaparición simbólica y operativa de "los otros".
El análisis de Woldenberg desmenuza la estrategia del actual régimen: la destrucción de la autonomía. No se trata de ineficiencia, sino de una direccionalidad política hacia el autoritarismo. La saña contra el Poder Judicial se explica no como una reforma para mejorar la justicia, sino como una "venganza" por haber cumplido su función de revisar la constitucionalidad de los actos del Ejecutivo. Al obligar a jueces y ministros a someterse al voto popular, el régimen no ciudadaniza la justicia, la politiza irreversiblemente. Como bien señala Woldenberg, el voto es la herramienta sagrada para la representación, pero meter el voto al "quirófano de la justicia" es invitar al cirujano a operar bajo consignas partidistas, rompiendo la imparcialidad que debe proteger al ciudadano frente al poder.
Un punto crítico de la exposición es la denuncia de la mayoría artificial en el Congreso. La distorsión de la voluntad popular, donde un 54% de votos se traduce en un 74% de escaños, representa una violación al pacto de 1996 que garantizaba que ninguna fuerza política pudiera cambiar la Constitución por sí sola. Este asalto legislativo ha permitido el desmantelamiento de órganos autónomos como el INAI y la captura de la CNDH, transformándolos en apéndices del Ejecutivo que ya no vigilan derechos, sino que resguardan la narrativa oficial.
Woldenberg también advierte sobre el riesgo de las reformas electorales hechas "para hoy". Una democracia sana requiere reglas negociadas con la oposición para que funcionen gane quien gane. El oficialismo, al legislar desde una comisión presidencial sin pluralidad, está ignorando que el humor público es cambiante. Al debilitar el financiamiento público bajo la falsa bandera de la austeridad, el Estado está entregando la política a las garras del crimen organizado, que es hoy el único actor con la liquidez suficiente para llenar los vacíos financieros en las regiones más violentas del país.
Finalmente, el lenguaje se convierte en la última trinchera. El uso de términos como "antipueblo" para descalificar la disidencia es el síntoma inequívoco del autoritarismo que niega la legitimidad de la pluralidad mexicana. México es un país masivo y contradictorio que no cabe en una sola ideología. El intento de encajonarlo por la fuerza en una visión única no es solo un retroceso político; es una afrenta a la riqueza social que tanto costó reconocer. La democracia mexicana está en terapia intensiva, y como sugiere el título del libro de Woldenberg, quizás necesitemos más que ansiolíticos para enfrentar la realidad que se avecina.
Entrevista con José Woldenberg: Crisis democrática y autoritarismo
Brozo:
Mis chamacas, mis chamacos, qué bueno que seguimos juntos en esta aventura de este Tenebroso solo por hoy. Porque hay que experimentar una cosa que verdaderamente a mí, más allá del alcohol y de los enervantes y las adicciones, hay algo que me emociona mucho, que es juntar los peores momentos con los mejores; y entonces, de alguna manera, se arma aunque sea una especie de nata de equilibrio. Estamos pasando por uno de los momentos más peligrosos de este país. Hemos pasado por un chingo de problemas, de destrozos, de sinrazones, de ineptitudes, de idioteces; pero ya llegamos al punto donde se le puede poner el último clavo al ataúd de la democracia mexicana, por ejemplo. Eso es un "peor momento", es un peor momento para la historia. ¿Cómo lo hacemos mejor? Me doy cuenta que un hombre acaba de presentar su libro que se llama "Ansiolíticos", y este hombre es un histórico en la cuestión electoral mexicana y un histórico en la secuencia de la democracia mexicana. Hace tiempo que no lo vemos y dije: ¿por qué no tener uno de los más grandes placeres que sería platicar con él?, con uno de los momentos más peligrosos del país aquí está, hoy esta noche, José Woldenberg. José, bienvenido.
José Woldenberg:
Gracias por la invitación, Brozo. Es un gusto estar contigo y con todos ustedes.
Brozo:
Gracias y felicidades por tu libro, "Ansiolíticos", del cual vamos a hablar porque además viene a cuenta de todo. Antes de que empecemos a platicar, aquí tengo mi asistente digital y entonces le voy a pedir... mucha gente debe de estar diciendo: "José Woldenberg, puta, ¿te acuerdas Pati?". Y otros dirán: "José Woldenberg, ¿en qué grupo canta?". Entonces le voy a pedir a Chachita, mi asistente digital... Chachita, dime en forma breve, porque tiene que ser en forma sana.
Asistente digital Chachita:
José Woldenberg Karakowsky es un político, analista y académico mexicano. Se desempeñó como presidente del Instituto Federal Electoral (IFE). Actualmente es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y columnista de El Universal y en Nexos.
Brozo:
Gracias, Chachita. Le pedí la versión breve porque si no, nada más de tu biografía nos llevamos todo el programa. Entonces qué bueno que te tenemos aquí en este momento. Le decía yo a la chamacada: en uno de los momentos más tenebrosos, más peligrosos del país, y tenerte a ti, que eres un referente de lo contrario a lo que estamos viviendo ahora. Veía yo en tu libro, "Ansiolíticos" —os lo recomiendo—, y nada más por decir: en este momento recibimos los ansiolíticos, pero como vamos tendremos que tener pronto unos antidepresivos y después unos antidiarreicos porque esto se va a poner peor. Y en tu libro, me gusta mucho, haces un recuento de memorias de tus libros favoritos, de tus autores, de la música... incluso hasta llegas a hablar hasta del Necaxa, tu equipo del Necaxa, y todo a propósito de lo que has vivido, lo que has aprendido, lo que has leído y lo que ves. Eso además siempre remata en nuestra cochina realidad.
José Woldenberg:
Bueno sí, este es un libro hecho de muy breves textos. Son cien textos que publiqué de 2016 a 2025 en la revista Nexos, gracias a la generosidad de Héctor Aguilar Camín, que es el director, y de Katia Millares, que es la editora. Y los pude publicar gracias a Rafael Pérez Gay, que es el director de Cal y Arena. Y en efecto, como tú lo dices Brozo, es un libro digamos donde ejercí la libertad al máximo: lo mismo se habla de política, de historia, de lo que sucede en la sociedad, que de música, que de cine, de literatura y hasta de deportes. Y se trata de reflexiones muy breves que cualquiera puede leer en unos cuantos minutos.
Brozo:
A mí me encanta el concepto porque estás muy ligado a lo más importante de nuestra historia política de los últimos cincuenta años y estás ahí presente. O sea, de pronto: "Oye, ¿cómo se logró por ejemplo que surgiera el STUNAM?". Bueno, él tuvo que ver. "Oye, pero ¿te acuerdas cuando la izquierda se quería unificar?". "¿Te acuerdas cuando surgió el IFE y la autonomía electoral, Pepe?". O sea, ve nada más de dónde vienes, José... y mira dónde andamos.
José Woldenberg:
Bueno, a mí me tocaron... a mí me tocó estar en varios procesos que en su momento creo que fueron venturosos. El sindicalismo académico en la UNAM —quizá muy poca gente lo recuerda— surgió cuando un grupo de vándalos —esa es la verdad—, Castro y Falcón, tomó la rectoría de la universidad cuando el rector era don Pablo González Casanova. Entonces un grupo de profesores e investigadores universitarios —entre los que yo no estaba todavía— se reunieron y dijeron: "No puede ser que una universidad tan importante como la UNAM sea tan vulnerable y que cualquiera la pueda prácticamente secuestrar". Y lo que ellos dijeron es: "Tenemos que tener una organización como profesores e investigadores que reúna a la inmensa mayoría de los trabajadores", y la única manera es un sindicato que defienda los intereses laborales de los profesores, pero al mismo tiempo que defienda a las universidades públicas, porque eran años donde las universidades públicas estaban bajo el acoso de gobiernos locales y había muchísimos conflictos. Los más viejos de por aquí seguramente se acordarán.
Y esos fueron los dos grandes motores: la defensa de los derechos laborales y la defensa de la universidad pública. Claro, por desgracia hoy los sindicatos universitarios siguen siendo defensores de los derechos laborales de sus afiliados, pero se les ha olvidado que trabajan en una institución singular que son las universidades públicas y que hay que defenderlas, sobre todo cuando hay intentos de mermar su autonomía. Luego me tocó sí, el proceso de unificación de la izquierda. Un grupo de compañeros hicimos en aquel entonces, allá por inicios de los ochenta, el Movimiento de Acción Popular. El Partido Comunista Mexicano llamó a crear un nuevo partido, incluso se disolvió, y de ahí surgió el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), en donde bueno, yo fui ahí militante y parte de su dirección. ¿De qué se trataba? Pues de básicamente atender dos grandes asuntos: tratar de democratizar al país por un lado y, por el otro lado, construir una sociedad mucho más equitativa de la que teníamos, porque si de algo adolecía y adolece México es precisamente sus abismales desigualdades. Y el PSUM fue el primer eslabón del proceso de unificación de la izquierda; de ahí surgió luego el Partido Mexicano Socialista y luego, después de las elecciones del ochenta y ocho, el ingeniero Cárdenas llamó a constituir el PRD.
Yo salí del PRD por diferencias políticas; yo era de los que decía que el asunto estaba puesto para un gran pacto nacional precisamente para la democracia después de lo que había sucedido en el ochenta y ocho. Pero bueno, la línea del partido era otra. Y luego me tocó estar, en efecto, primero como consejero ciudadano —así se les llamaba antes— y luego como el consejero presidente del Consejo General en el IFE. En una etapa realmente interesante porque fue una etapa donde por un lado la competitividad crecía y la exigencia de unas autoridades imparciales también crecía. Y afortunadamente México vivió varias reformas que construyeron lo que hasta hace algunos años teníamos: es decir, un marco electoral donde la diversidad política podía convivir y competir de manera institucional. Y al mismo tiempo se generaron en esa dinámica pues muchas novedades: la Corte se empezó a convertir en un verdadero tribunal constitucional; en la Cámara de Diputados y Senadores no había mayorías y era necesario escucharse y negociar; el presidente de la República se tuvo que acostumbrar a vivir con otros poderes constitucionales donde él no mandaba y con gobernadores de diferentes partidos. Y todo eso —digo, me podría alargar— se hizo a través del voto.
Es decir, la gente votando fue castigando a unos y premiando a otros; y los premiaba a unos en un momento y luego los castigaba en el otro. Por eso vivimos fenómenos de alternancia en todos los niveles: en la presidencia, en las gubernaturas, en las presidencias municipales, congresos plurales, etcétera, etcétera. Y bueno, el problema es que todo lo construido se ha empezado también a destruir en los últimos años y eso pues yo creo que es una de las pérdidas más fuertes, no para uno o para otro, sino para el país en su conjunto. Porque a final de cuentas este es un país muy grande, masivo, contradictorio, que no cabe ni con calzador en una sola ideología, en un solo partido; no puede ser representado por una sola voz. Y eso es lo que aparentemente quiere el anterior gobierno y este, que hablan a nombre de un pueblo unificado que ellos representan encarnado en... y bueno, todos sabemos porque todos tenemos amigos, todos tenemos familiares, todos tenemos centro de trabajo o centro de estudio, que si algo existe en México es pluralidad. Unos piensan de una manera, otros piensan de otra; y a eso es lo que al parecer se le está tratando de cercenar: a la coexistencia de esa diversidad.
Brozo:
Bueno, al final lo que hemos estado viendo los últimos siete años es una destrucción sin ton ni son.
José Woldenberg:
No, no creo que sin ton ni son, perdón que te interrumpa. Yo creo que tiene una direccionalidad, que es el autoritarismo. Es decir, cuando uno ve lo que le pasó al poder judicial... ¿Por qué el expresidente López Obrador no soportó que una Corte le revisara la plana? Pero para eso es un tribunal constitucional: para cuando los procedimientos legislativos no se siguen o cuando se quieren impulsar normas que atentan contra los principios de la Constitución, el tribunal dice: "Esto va para atrás". Pero, ¿qué fue lo que sucedió? La venganza fue descabezar al poder judicial, modificarlo, cambiarlo, correr a muchos... y hoy tienen una Corte alineada al poder gubernamental. Entonces se perdió ese contrapeso. ¿Qué más ha sucedido? Lo platicábamos: vamos a unas elecciones de 2024 donde sin duda gana la coalición gobernante, pero ganó con el cincuenta y cuatro por ciento de los votos y las autoridades electorales le dieron el setenta y cuatro por ciento de los diputados, contradiciendo la Constitución que pone un tope de ocho por ciento entre porcentaje de votos y porcentaje de escaños.
Entonces ahí también se creó una mayoría artificial, pero una mayoría calificada que hoy ha cambiado la Constitución. Incluso cuando en 1996 se hizo el diseño del poder legislativo, se dijo con todas sus letras y está en la Constitución: "Ningún partido y coalición podrá tener más de trescientos diputados", es decir, el sesenta por ciento de la cámara. ¿Para qué se dijo? Para que ninguna fuerza política en singular pudiera cambiar por sí misma la Constitución. Quien se acerque a la prensa de aquellos años verá esto en los titulares de todos los periódicos. Es decir, esa fue la gran... ese fue el gran pacto político del noventa y seis precisamente para avanzar en términos democráticos. Y bueno, no le sigo: la Guardia Nacional se le inscribió a la SEDENA, la militarización... y por ejemplo, cada vez se aumentan las causales para aplicar la llamada prisión preventiva oficiosa; o sea, cada vez más causas por las cuales antes de ser juzgado uno puede ser encarcelado y ya en la cárcel seguir su proceso.
Brozo:
Bueno, con los "jueces del bienestar".
José Woldenberg:
Entonces, yo creo que ha habido retrocesos muy... bueno, ha habido retrocesos hasta en el lenguaje. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre un régimen democrático y un autoritario? En el régimen democrático se reconoce, se valora y se le ofrece un cauce de expresión a la diversidad política que hay en un determinado país; no se le quiere exorcizar, se le da un marco para que, decía yo, conviva y compita, para que coexista en términos civilizados. ¿Cuál es el punto de partida de todos los autoritarismos, de derecha o de izquierda? Desaparecer a los otros. "Solo hay una verdad", "solo hay un sujeto político venturoso" (normalmente un partido), "solo hay una ideología correcta", etcétera, etcétera. Y por eso se erigen sistemas autoritarios que niegan la legitimidad de los otros. Y ese es el verdadero problema en el que estamos: que hemos retrocedido de una etapa en la que yo creí que México se estaba acostumbrando a vivir dentro y con la pluralidad, y que eso era parte de la riqueza del país, estamos pasando a una etapa donde quienes gobiernan dicen que hay un solo ideario correcto y quienes tenemos puntos de vista distintos somos el "antipueblo". Pues caray.
Brozo:
Sí, y la verdad es la que ellos deciden que es la verdad; porque entonces puedes acabar siendo como un traidor a la patria. Estabas hablando de la sobrerrepresentación y meses después viene la elección judicial. La presidenta hace... no sé, esta semana o la otra, en su programa de variedades de la mañana, ella habla y se ufana de esto que están teniendo: que la reforma electoral, vean la reforma judicial, la democracia... es decir, oiga doctora, realmente ahí ganaron con el trece por ciento. Con el trece por ciento fueron a votar; trece por ciento se retiró, este canceló su voto... fue el diez por ciento los que fueron a votar. ¿Cuál es la democracia?, ¿cuál es la fiesta?, ¿cuál es la pinche victoria?
José Woldenberg:
No, pues de lo que se trató fue de desplazar a los que estaban y poner a algunos que sean fieles o seguidores del actual gobierno. Pero a ver, yo creo que, en efecto, para elegir autoridades ejecutivas y legislativas el voto es la fórmula consagrada y hay que reforzarla y hay que pelear por ella; pero el voto no es bueno para todos los asuntos. A nadie se le ocurriría meter el voto al quirófano; digo, nadie se operaría ahí con el anestesista, el doctor y las enfermeras opinando: "A ver qué hacemos, ¿no?, y vamos a votar". Es decir, sé que es una caricatura y lo hago adrede. Porque tampoco en el poder judicial es correcto que se vote. ¿Por qué? Porque a final de cuentas estos jueces, estos magistrados y estos ministros acaban politizándose. Si uno quiere ser juez en estas circunstancias, si uno quiere ser magistrado o ministro, tiene que acercarse a alguno de los partidos políticos porque sin ellos simple y sencillamente no gana la votación.
Por eso los famosos acordeones y demás. Bueno, se suponía —y se suponía en México desde la primera Constitución republicana— que el poder judicial debía estar por encima de las pasiones políticas y por eso no involucrarlo en votaciones, porque al final un juez que ha sido votado por determinadas personas pues les debe algo a esas personas que lo apoyaron. Entonces ahora, visto fríamente, el ejercicio fue un fracaso de principio a fin. Tú lo acabas de decir: es el porcentaje de votación más bajo de una elección que ha organizado el INE. Pero no hay siquiera el resorte de decir: "Bueno, ¿qué pasó?, ¿qué está mal?, ¿qué debemos corregir?, a lo mejor esta no es la ruta". No, ¿por qué? Porque lograron el objetivo: lograron descabezar a la Suprema Corte y poner en cambio pues ahora una Corte a modo, digámoslo así.
Brozo:
Y sigue la caricatura, porque al final de la caricatura el chiste es: "Pero me la pelaron". O sea, háganle como "haiga"... fíjate, "haiga sido como haya sido", pero "la pelada ahora".
José Woldenberg:
Pero esa siempre es una reacción de muy corto plazo. Ahora que se discute el asunto de la reforma electoral —aunque todavía no la conocemos ya la propuesta definitiva, pero sí conocemos las tres que impulsó el expresidente López Obrador y la presidenta ha hablado y el grupo que está haciéndolo también, o sea que ya hay varios indicios—, parece que están pensando en una reforma electoral para hoy, para este gobierno. Y el problema es que no se hacen cargo de que los humores públicos son cambiantes. Las reformas electorales hay que hacerlas para que duren años. ¿Y para qué? Para que se entienda que hoy puede ganar A y mañana puede ganar B; esa es la clave de las elecciones. Porque no es cierto que ninguna fuerza política esté condenada a ganar de una vez y para siempre y otras a perder de una vez y para siempre.
Y por lo que han dicho, pues de lo que se trata es de jibarizar a las oposiciones, de sobrerrepresentar a la coalición gobernante y, al mismo tiempo, vamos a ver, debilitar a las oposiciones. Se habla de bajarle el financiamiento a los partidos políticos. Eso suena muy bien si uno sale a la plaza pública y dice: "Saben qué, propongo que a los partidos políticos les den menos dinero", todo el mundo aplaude. ¿Por qué? Porque sí hay mucho descrédito de los partidos políticos, eso es cierto. Pero pensémoslo fríamente: si queremos partidos, que son necesarios para la democracia, esos partidos requieren recursos. No hay más. Y no hay más que dos fuentes: recursos públicos o privados. Y otra vez, en aquella reforma del noventa y seis a la que me refiero, hubo una discusión muy intensa, muy interesante, y se llegó a una conclusión: el financiamiento público debe ser preeminente sobre el privado.
El privado no está penado, claro, pero sí muy limitado. ¿Por qué? Porque es transparente el financiamiento público —cosa que el privado no—, porque nos iba a ayudar a equilibrar las condiciones de la competencia —y en efecto así fue, a partir de esa reforma la competencia fue más pareja— y el tercero, para que los partidos políticos no fueran dependientes de los grandes grupos económicos o, peor aún, de grupos delincuenciales. Eso ya se decía en el noventa y seis; ahora más se necesita. Es decir, si algo se ha expandido en el territorio nacional son precisamente los grupos delincuenciales.
Brozo:
Y donde más se notó fue en las intermedias del veintiuno.
José Woldenberg:
O sea, ya hay elementos para decir que esos grupos en algunas zonas del país han estado interviniendo en las elecciones y dominan. Entonces, hombre, esos son los asuntos que hay que resolver: es decir, los asuntos medulares de la representación, de la autonomía de las autoridades electorales, de que nuestras elecciones sean pacíficas y al final decidan los ciudadanos. Esos son los grandes asuntos cuando estás pensando, o si estuvieras pensando, en la democracia de los próximos treinta años.
Brozo:
Así es, entonces te pones a armar algo que pueda recorrer esos años. Nada es seguro, todo puede pasar, pero la intención o el espíritu...
José Woldenberg:
La intención. Y bueno, pero además en nuestra propia historia están las lecciones. Las últimas cuatro reformas políticas —la de 1994, la de 96, la de 2007 y 2014— todas se negociaron entre los grupos parlamentarios y fueron las oposiciones el motor de los cambios. Y yo digo, lo escrito honra a aquellos gobiernos: haber recuperado muchas de esas iniciativas. ¿Por qué? Pues tenían la mayoría, porque esos eran gobierno, pero en esas cuatro reformas se esmeraron en que las fuerzas políticas estuvieran de acuerdo en lo que son las reglas del juego. Porque la materia electoral es singular: no es cualquier reforma, es la que va a regular cómo van a ser las reglas de la competencia entre la diversidad política.
Y si esa diversidad política no está de acuerdo con las reglas, ya la reforma empieza a dar traspiés desde el primer momento. ¿Y qué hicieron? En vez de llamar a que se sentaran a la mesa los diferentes partidos o los grupos parlamentarios: no, una comisión presidencial con puros funcionarios de la propia presidenta. Bueno, por eso mismo hoy está haciendo agua por varios lados. Por ejemplo, el PT y el Partido Verde, que han sido aliados de Morena, no quieren perder parte del marco que les permite tener diputados, tener financiamiento y demás. Pero además, incluso en la propia constelación que es Morena pues hay gente preocupada. ¿Por qué? Porque no es cierto que tengan asegurado de hoy y para siempre que sean la primera fuerza.
Brozo:
Pero el "día de mañana" puede no serla, pero hoy les vale madres. Evidentemente hemos visto siete años donde el mañana les vale madres. Es más, tú hablabas perfectamente de la historia que nos trae hasta acá y hablabas ahorita de la comisión presidencial... ahí está Pablo Gómez. Sí tiene la edad para acordarse de todo lo que acabas de decir, el cabrón estuvo ahí.
José Woldenberg:
Fuimos compañeros en el Partido Socialista Unificado de México. Él fue en aquel entonces el secretario general y secretario de prensa; lo conozco bien. A ver, esa historia él la conoce bien, no se puede hacer... La izquierda llegó a la Cámara de Diputados a través de los diputados plurinominales: Arnoldo Martínez Verdugo, Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Pablo Gómez, Rolando Cordera, Pablo Pascual "el Búho"... todos ellos llegaron por la vía plurinominal en la primera etapa. Ahora, el asunto ni siquiera es de plurinominales o uninominales, porque también nos meten a una discusión de "¿quieren plurinominales o no?". Esa no es la discusión. La discusión es cómo queremos que se traduzcan los votos en escaños.
Si un partido político saca el veinte por ciento de los votos, ¿cuántos diputados debe tener?, si otro saca treinta, ¿cuántos diputados puede tener? Y pregunto: ¿es justo que el cincuenta y cuatro por ciento de los votos te dé el setenta y cuatro por ciento de la cámara? Claro que no. Bueno, eso ya lo prohibía la Constitución, pero dado que ya pasó, si algo tendríamos que ajustar es eso. Yo digo, la izquierda democrática —subrayo: democrática— de aquellos años, si por algo luchó o luchamos fue porque existiera una representación proporcional estricta: tú sacabas tres por ciento, tenías tres por ciento de diputados; sacabas sesenta, tenías sesenta. En aquel entonces era el PRI el que estaba en contra porque decía que una cámara sin mayoría absoluta era ingobernable. Luego vimos que hubo varias legislaturas sin mayoría y claro que puede ser gobernable. Pero bueno, en su momento ese fue el argumento. Pero incluso el PRI en el noventa y seis aceptó que no podía haber una distorsión de la voluntad popular como la que pasó en 2024; por eso aceptó poner un límite del ocho por ciento. Es decir: hombre, si sacabas el cuarenta y dos punto dos por ciento de los votos, okay, ibas a tener el cincuenta punto dos por ciento de los diputados; una sobrerrepresentación pero matizada, pero no veinte puntos porcentuales.
Brozo:
Claro, porque ya es evidente que nada de esto se reformó a lo güey. Por eso cito a Pablo Gómez, porque tú viste nacer la autonomía del Instituto Electoral.
José Woldenberg:
Bueno, era también una reivindicación, ahí sí no solamente de la izquierda, sino básicamente de la pluralidad de partidos políticos opositores. ¿Qué era lo que se buscaba? Es que hay que acordarse por qué surge el IFE: después de las elecciones del ochenta y ocho, aquellas primeras elecciones a la presidencia de la República realmente competidas que generaron un conflicto postelectoral enorme. Entonces se dijo desde la oposición —y afortunadamente también desde el gobierno—: "México no puede ir a otras elecciones con las mismas instituciones y las mismas normas que fracasaron en el ochenta y ocho". Y entonces por ello se crea el IFE.
Y el primer IFE todavía estaba ahí sentado el secretario de Gobernación, pero el IFE empezó a funcionar de una manera profesional y bien desde el inicio, esa es mi impresión. Y en el noventa y seis todos los partidos llegaron a la conclusión: bueno, para inyectarle más credibilidad, más confianza, etcétera, hay que hacerlo cabalmente independiente; el gobierno se va a salir de la organización de las elecciones. Y se salió. Y bueno, ¿qué pasó a partir de ahí? Pues lo que todo el mundo ha visto: hemos vivido fenómenos de alternancia en todos los niveles, congresos plurales, presidencias municipales, gobernadores, presidentes; presidentes que han tenido que convivir con gobernadores de diferentes partidos, gobernadores que han tenido que convivir con presidentes municipales de diferentes partidos.
Todo eso se generó por una vía pacífica, participativa, y en donde las elecciones estuvieron en el centro. En algunos estados de la República incluso hasta tres partidos han gobernado de manera sucesiva porque la gente se cansa, o se siente defraudada, o castiga a quien gobierna y vota por el otro. Y esa mecánica tan estaba funcionando que ganaron legítimamente en 2018. Legítimamente.
Brozo:
Por eso todavía más triste que traten de destruir la escalera con la que subieron exactamente.
José Woldenberg:
Yo creo que para explicar el fenómeno López Obrador hay dos elementos macro. Uno, esto que en México se construyó un auténtico sistema democrático y que las reglas del juego estaban para que quien ganara, ganara, y se respetara su triunfo. El otro elemento es de otra naturaleza; yo creo que sí, nuestro proceso de tránsito democrático le dio la espalda a la cuestión social, eso es cierto. Y la pobreza parecía imbatible, las desigualdades estaban ahí, y yo creo que para millones de personas ese tránsito democrático significó nada o casi nada.
Entonces había un malestar muy implantado en la sociedad mexicana que Morena supo explotar. Entonces yo digo: el asunto es que luego que ganas, no tires al niño junto con el agua sucia. Y el niño es aquello que se había construido en términos democráticos. Esa es la... digamos, por lo menos a mí, lo que me genera tristeza.
Brozo:
Pero además en ese aspecto todo valió madres. Y por eso citaba yo lo de Pablo Gómez, porque pensé en ti cuando dijo Pablo, en su calidad del mero mero de la comisión presidencial de la reforma electoral, dijo: "No, sí tiene que tener libertad y tiene que tener independencia, pero eso de autonomía yo creo que ya...". Ya lo corrigió la presidenta. Ah, no lo puede corregir la presidenta y lo puede corregir Dios Padre, no... pero, ¿qué quieren? Es como si oyes a Ricardo Monreal tratando de maromear una pendejada que dijo alguien más. No importa que lo diga Ricardo Monreal o que sea Fernández Noroña: son piezas, son juguetes.
José Woldenberg:
Sí, no les gusta la autonomía en general. No estoy hablando líricamente: ahí estaba el Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública, que era autónomo, y lo terminaron. Y en la Comisión Nacional de Derechos Humanos lo que hicieron fue introducir a una militante de su partido y, en buena medida, desactivar lo que una auténtica comisión de derechos humanos tiene que hacer. Porque ¿qué tiene que hacer una comisión de derechos humanos? Plantarse frente al poder. Es decir, los problemas entre particulares no los ve la Comisión de Derechos Humanos; lo que ve es cuando alguna institución del Estado vulnera derechos de los ciudadanos. Y esa comisión tiene que acompañar al ciudadano frente a la autoridad, frente a las autoridades.
Brozo:
Y así llegamos a verlo trabajando muchos años.
José Woldenberg:
Así es. Y si la autoridad fuera sensible, le conviene tener una comisión de derechos humanos autónoma. ¿Por qué? Porque ni la presidenta de la República puede saber lo que pasa en todas las dependencias del Ejecutivo. Entonces, tener esas instituciones autónomas que le puedan decir: "Oye, en salud está pasando esto", "en la fiscalía está pasando esto" o "en la Secretaría X". Bueno, en buena lid eso le ayudaría al propio gobierno. Pero no quieren voces ni siquiera de alerta.
Brozo:
Ni ahí, porque la misma Comisión Nacional de Derechos Humanos actual, con la señora Piedra, lo presume: "Nosotros estamos aquí para defender al pueblo". ¿Quién encarna al pueblo, Pepe? No, por eso en el discurso oficial incluso se han mimetizado al discurso oficial. El nuevo vocabulario, el nuevo lenguaje, la "nueva lengua".
José Woldenberg:
Exacto.
Brozo:
Oye, y ya se nos acabó el tiempo. Es un placer platicar contigo. Ya veremos a ver si hay una próxima y a ver en qué condiciones, porque todavía falta por venir mucho. Va a pasar todavía mucho y ya ni siquiera hablamos de la situación con Estados Unidos; nada más estamos hablando de la desgracia interna. Ya no nos dio tiempo de hablar de la otra desgracia. Lean "Ansiolíticos". Yo lo sé, porque este hombre tiene mucho que decir aparte de todo esto que es invaluable, pero además tiene un universo amplio de la vida y de las cosas. Te agradezco que estés aquí.
José Woldenberg:
No, el agradecido soy yo. Es un gusto. Gracias, un placer.
Brozo:
Un placer. Y ojalá nos encontremos, aunque sea a lo mejor no en mejores situaciones, pero no en peores. Y ya estamos hablando de mucho.
José Woldenberg:
Que así sea. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido
Publicar un comentario