Equipo Metro News Celaya
-El acoso sexual y el hostigamiento laboral en la empresa de seguridad privada destruyeron la tranquilidad y la dignidad de Marlene.
-Las agresiones físicas incluyeron ataques directos en una caseta de vigilancia bajo la complacencia institucional.
-Directivos y supervisores solaparon a los agresores sexuales y despidieron injustificadamente a la trabajadora por alzar la voz.
-El hambre y la pobreza extrema golpean su hogar, donde dependen de ella sus dos nietos, su hija embarazada y una abuela enferma.
-Las amenazas de muerte y el amedrentamiento buscaron silenciarla para evitar que salieran a la luz las pruebas de los abusos.
-Asesores legales y defensores de oficio han mentido y obstaculizado el proceso, dejándola en total indefensión jurídica e institucional.
-Empresas de seguridad privada prácticamente contratan acosadores y ladrones operan con total impunidad en Celaya, poniendo en riesgo la seguridad de las mujeres.
El periodismo de investigación y de denuncia encuentra su razón de ser más genuina cuando otorga tribuna a quienes han sido silenciados por la maquinaria del poder, el abuso y la intimidación. En esta entrega editorial, analizamos el testimonio íntegro y crudo ofrecido por Marlene a través de Metro News, un caso que desmantela la impunidad y la vulnerabilidad a la que se enfrentan las trabajadoras con menores recursos en el municipio de Celaya.
Desde el inicio de este desgarrador testimonio conducido por el periodista Eugenio Amézquita Velasco, se pone sobre la mesa una realidad ineludible: el acoso sexual y el mobbing laboral no son meras eventualidades administrativas, sino agresiones sistemáticas que laceran la dignidad humana. Marlene, con valentía y sin pseudónimos, expone cómo la falta de preparación académica no es sinónimo de falta de inteligencia, sino un factor de vulnerabilidad del que se aprovechan jefes y supervisores sin escrúpulos.
La narrativa de los hechos expone la gravedad institucional cuando una empresa de seguridad privada, contratada por una dependencia gubernamental, actúa solapando conductas delictivas. Marlene detalla los abusos perpetrados por compañeros como Antonio y la complicidad directa de supervisores como el señor Paco, quienes convirtieron el espacio laboral en un entorno de coacción, hostigamiento físico, tocamientos e intentos de agresión extrema que llegaron al grado de la violencia física y el intento de asfixia dentro de la caseta de vigilancia.
El entramado de corrupción e indolencia se extiende más allá de los agresores directos. La afectada relata cómo, al intentar interponer su queja formal ante las oficinas centrales y directivos como el licenciado Óscar, la respuesta institucional fue la represalia inmediata, el despido injustificado y el hostigamiento psicológico, llegando incluso a la contaminación deliberada de sus alimentos. Todo esto ocurre bajo la complacencia de figuras supervisoras como Mari y Lilia, quienes priorizan la protección de la red de acosadores por encima de los derechos laborales y humanos más elementales de sus elementos.
Asimismo, la investigación revela un patrón preocupante de impunidad corporativa donde otras compañeras de trabajo también habrían sufrido abusos similares, robos y humillaciones, optando por el silencio ante las amenazas directas contra su integridad y la de sus familias. La empresa de seguridad no solo falla en su objetivo de resguardar el orden público, sino que contrata perfiles inadaptados y agresores sexuales, convirtiéndose en un riesgo latente para la sociedad celayense.
El calvario de Marlene no concluyó con el despido. En su búsqueda de justicia institucional a través de Conciliación y Arbitraje, se topó con la apatía, los engaños y la presunta negligencia de asesores legales y defensores de oficio como la licenciada Mariana y el licenciado Delgado, quienes minimizan el sufrimiento de una mujer sumida en la pobreza extrema, dependiente del sustento para sus dos nietos y una madre enferma del corazón.
Esta editorial es un llamado enérgico a las autoridades competentes para que revisen los permisos de operación de estas corporaciones de seguridad privada, a las instancias de procuración de justicia para que investiguen a fondo las amenazas y agresiones denunciadas, y a la sociedad en general para no normalizar la violencia de género. Como bien se advierte en este espacio periodístico, no hay fuerza más implacable que la de una mujer que ha decidido romper el silencio.
Transcripción de las cuatro cápsulas de la entrevista a Marlene, por Metro News. Parte 1
Eugenio Amézquita Velasco:
Y quiero agradecer a la señora Marlene que pidió pues la presencia de Metro News para tratar un asunto muy delicado, un caso de acoso sexual en su trabajo y también hablaríamos de mobbing, es decir, el acoso laboral para presionar, menospreciar su trabajo. Marlene, que es su nombre real, no es un alias, es un nombre real, es una persona me lo ha dicho y no lo dice con vergüenza, son realidades, son situaciones que se dan en la vida, no tiene estudios, no tiene preparación, pero es muy trabajadora, es una gente, yo le he comentado que no tener estudios no significa no tener inteligencia, es una mujer inteligente, pero desafortunadamente por esta falta de preparación hay personas que abusan, se aprovechan, no ha podido lograr que le paguen su dinero que le deberían de dar por haberla despedido injustificadamente, todo porque sus jefecitos cercanos, los que le supervisaban, el que le supervisaba no le concedió lo que este señor quería.
Eso es lo que vamos a platicar y ojalá las mujeres que están quizá en la misma situación que viven estos problemas, aquí está Metron, aquí está un foro de denuncia para darle voz a quienes no los escuchan, a quienes posiblemente se sienten vulnerables o vulneradas y es un placer para mí estar aquí con Marlén en esta entrevista de un tema tan delicado. Marlene, platíqueme por favor, ¿qué sucedió?, ¿cómo empezó el problema?, ¿qué fue lo que le dijo este señor, qué le hizo para presionarla?, ¿qué le sugerían que hiciera hasta llegar a esta situación del despido?, ¿cómo se dio, qué le argumentan?, y finalmente pues ya en estas cuestiones laborales pues lo que el abogado o abogada, no sé qué le dijo, y que la tienen ahorita así en una realidad de desesperación porque no le han entregado este dinero, está usted viviendo al día, tiene enfermitos en la casa y ya platicaremos un poquito de la realidad de su hogar, porque la pobreza está ahí presente con unas limitaciones económicas espantosas y que también buscaremos tocar puertas.
Y si tú que nos estás escuchando puedes apoyar a Marlene, ahí está el número telefónico de Metro News para en un momento dado resolver esto y sobre todo que cumplan con el mínimo derecho que tiene un trabajador que es despedido, a que se le aplique la ley, se le dé lo que en justicia le corresponde. Gracias Marlene, platíqueme cómo se dio esto, ¿qué fue lo que sucedió?
Marlene:
Gracias, buenos días, pues les voy a comentar lo que a mí me pasó y pues levantemos la voz, ¿no?, como mujeres, no es justo que por tener un trabajo abusen de ti o sexualmente, yo al grado de decirles que les agradecía por darme trabajo, pero pues salió mal porque abusan de ti. A mí un compañero me decía que pues que yo le gustaba.
Eugenio Amézquita Velasco:
¿Cómo se llama, sin decir el apellido?, ¿cómo se llamaba este señor?
Marlen:
Antonio.
Eugenio Amézquita Velasco:
Okay, ¿qué le decía Antonio?
Marlene:
Me decía que pues que yo le gustaba, andaba de mano larga al grado que yo le decía que pues que yo no le daba motivos, que yo venía a trabajar, que si fuera de eso pues yo no estuviera allí trabajando,
Eugenio Amézquita Velasco:
o sea, había tocamientos de esta persona, no vamos a entrar en más detalles. ¿Qué más?
Marlene:
Yo le comenté al señor Paco que era nuestro supervisor de lo que estaba pasando y él me decía pues que me dejara coger, que me dejara coger, total ni se le paraba pues ya estaba viejillo y no era la primera vez, al grado de que ya eran agresiones porque yo no me dejaba y un día eran las 8:15 de la noche cuando de repente entró y me llegó aventando diciendo que yo me tenía que dejar porque si no me iban a correr.
Y ya cuando me corrió me agarró del pescuezo y empezó a agarrar al grado de que ya no me podía yo ni mover, pero le cerró la caseta, ¿cómo le hizo? No sé, me atonté o no sé, cuando yo empecé a gritar era porque la gente se asomó, me dijo que qué tenía, a mí me dio vergüenza y tonta me callé, ya hasta de rato le hablé al señor Paco diciéndole lo que había pasado y me dijo pues que ya que yo le gustaba al señor y que pues él que pues que ya le diera un ratito.
Pues si no, yo en mis palabras le dije pues que no, no andaba buscando hombre, que yo andaba buscando trabajo, que eso pues iba a meter mi reporte al otro día con la directora o con el licenciado Óscar y otro licenciado.
Eugenio Amézquita Velasco:
Estas estas personas de las que estamos hablando y que también no vamos a mencionar, se trata de una dependencia de gobierno, hay que aclarar, donde la empresa de seguridad estaba siendo contratada para estos servicios precisamente de vigilancia y todo esto. ¿Qué más, Marlén?
Marlene:
Cuando ya eran varias veces que me faltaban al respeto, hasta que yo agarré el valor para subir allá arriba a las oficinas y poner mi queja, ¿no?, cuando una compañera me dijo que mejor no lo hiciera porque me iba a correr. Sí, dicho y hecho, así me corrieron, pero no tuvieron el valor, ¿me entiendes? Yo me fui en incapacidad porque me enfermé muy feo, ya en mi tos vomitaba sangre y le comenté al señor Paco, él según iba a fumigar la caseta que hasta fumigó mi comida y yo eso yo lo vi malo, me dijo: "No le hice nada, te la puedes comer", pero yo lo vi como que ya con malas intenciones, yo tiré mi comida, hasta mis compañeros me dijeron: "No te la comas porque le echó algo".
Yo me callaba, me callaba, hasta que dije: "Ya basta, ya basta, no tengo necesidad, ¿me van a correr?, ¿qué les voy a dar a mis nietos?". Y créame, este, yo estoy mal económicamente, estoy enferma, tengo una hernia muy grande y así le echo ganas a la vida y le sigo luchando, cuando llegó el otro día en la mañana que yo salí, me subí a las oficinas, esperé que llegara otro licenciado y él me dijo que hiciera un escrito, escribí lo que me estaba pasando.
Cuando yo le saqué fotos a ese escrito me dijo que no tenía por qué sacarle fotos, ya dije que no, que ya las había borrado, pero no es cierto, porque yo, esto si no me hacían caso, pues yo aquí, ¿cómo lo ven?, aquí lo voy a sacar a la luz. Cuando metí mi escrito y llegué de incapacidad, me corrieron injustificadamente, una compañera que después llegó de supervisora, porque iban a sacar al señor Paco, porque yo tuve el valor de decirle en su cara con el licenciado Óscar que qué me había dicho don Paco.
Pues le dije que él no servía como supervisor, que si él se prestaba a estas cosas, porque no era justo lo que estaba pasando, porque uno de mujer menos, yo no traía un letrero de puta, así se lo dije, para que me dieran trabajo, y se empezó a burlar el señor Paco, pero a la vez ponía la cara de tarugo, ¿verdad?, pero no era cierto, porque ellos bien saben lo que hacen entre ellos.
Eugenio Amézquita Velasco:
Vamos a un corte y regresamos con este tema tan crudo de acoso sexual a una trabajadora que solamente lo único que quiere es trabajar, que la dejen trabajar y que no ha podido cobrar la indemnización que le corresponde por este despido injustificado.
La entrevista a Marlene, por Metro News. Parte 2
Eugenio Amézquita Velasco:
Bien, estamos de regreso con Marlene, una mujer celayense de muy escasos recursos, persona muy humilde que ella me ha dicho, dijo: "No tengo estudios, no tengo preparación", pero tonta no es, que ya decidió alzar la voz para manifestar de qué manera la han venido, la estuvieron acosando sexualmente en la anterior empresa donde ella trabajó. Bien, Marlene, llegaron entonces con el licenciado Óscar, con estas personas de la dependencia donde usted trabajaba, donde la empresa está, sigue dando su servicio de seguridad, ¿y qué más le dijeron?
Marlene:
Me dijeron que sí, que iban a hablar con el supervisor, al grado de que ya después me la hacían cansada para que yo me fuera. Les platico, yo me fui por incapacidad, regresando me dijeron que ya no podía montar turno. Les dije que por qué, que ya no podía, que por órdenes de la supervisora Mari, que es una señora que ella dice que ella no se presta con guardias, porque ellos de supervisores para arriba, como si fuera una gran mujer, ¿verdad?, yo digo, "Soy mujer, pero a ese aspecto no va".
Le dije que sí, que subiera ahí arriba, pues no me dejaban subir, yo me subí a fuerzas, sí, valiéndome madre todo, dije: "Ya basta, ya está aquí". Me subí, me enfrenté al señor Óscar, al otro licenciado, por hablar, porque le hablaron a la supervisora Mari porque no tuvo los calzones para darme la cara, y la otra compañera que era supervisora se llamaba Lilia. Me dijeron que estaba, así se pone a decirme el señor Óscar el licenciado, que porque yo les iba a meter la televisión, que porque yo los había amenazado, le dije que me dijera en mi frente, en mi cara lo que estaba diciendo.
Dijo: "Sí", dijo, le dije: "¿En a qué hora le dije a usted?". Es que dicen: "Pues de chismes podemos decir todo". Yo apenas podía hablar porque no podía hablar, estaba sola, no tenía quién la defendiera en ese instante, yo sola me la enfrenté a ellos, dije: "Ya basta", me agarré de valor y le dije, le hablaron a la supervisora por teléfono y dijo que yo no tenía derecho de recibir ni un finquito por amenazas, ni me tenía que recibir nada, ¿por qué?, por abrir la boca de lo que no tenía que haber abierto.
Eugenio Amézquita Velasco:
A ver, aquí hay una cosa que a mí me llama mucho la atención: los dueños o los gerentes de esta empresa de seguridad donde usted trabajó y donde fue injustificadamente despedida como usted lo plantea, hablaron con usted, le dijeron: "Oye, Marlen", porque a mí la impresión que me está dando es de que esta empresa de seguridad está solapando a una bola de acosadores sexuales en esa empresa y que las mujeres están desprotegidas. ¿Tuvo usted noticia de que alguna compañera suya hubiera pasado por lo mismo y que a lo mejor pues ella sí tuvo que hacer lo que no debía de hacer?
Marlene:
Sí, y por esta persona que me encerró y la señora, vieras de ver qué feo la humillaba el supervisor.
Eugenio Amézquita Velasco:
¿Qué le hacía?, ¿qué le contó a usted?
Marlene:
Me dijo que también ya le había pasado lo mismo y también a mi otra compañera que me dijo que no subiera oficinas. Allí me robaron un teléfono, me acosaron, esa persona ya había acosado a más personas y se le ha avisado al supervisor para que nunca hizo nada, le valían madres, ella no alzaban la voz, ¿por qué?, porque las amenazaban como a mí, porque a mí me pegaron en la caseta, o sea, ya no solamente fue acoso sexual, sino hasta violencia sexual, sí, a mí me pegaron, a mí me mandaron quitar mi teléfono que después yo lo recuperé con la persona que a mí me mandaron golpear.
Eugenio Amézquita Velasco:
¿Cree usted que si las personas que fueron, digo, aquí ahora sí que no nos vamos a andar con medias tintas, cualquier abogado sabe que si hay cuatro, cinco, seis mujeres acosadas sexualmente y si las entrevistan una por una, va a resultar si es que es verdad lo que estamos escuchando aquí?, digo, por si alguien dice: "No es cierto". Ven, ¿qué les parecería si juntamos estas cinco o seis personas que se armaran de valor y a la hora de estar escuchándolas resulta que empieza a haber coincidencias?, pues entonces ya no es una casualidad ni tampoco es un invento ni es un chisme, o sea, hay acosadores sexuales entonces adentro de esta empresa y la convierte en una empresa muy peligrosa para las mujeres. Si ya de por sí es peligroso que un hombre de este tipo ande suelto y le den un cargo de confianza y se dedica a estar haciéndoles insinuaciones sexuales a las mujeres, ahora imagínense una empresa que los contrata, están contratando enfermos mentales, enfermos sexuales, eso es lo que tienen adentro de esa empresa y se andan haciendo tontos, pero ya las autoridades tendrán su oportunidad para intervenir y en un momento dado hasta retirarles el permiso como empresa de seguridad, porque no es posible, digo, esto le sucedió a una compañera trabajadora de esa empresa, ahora imagínense a una persona que ande a pie en la calle que llegue ahí a pedir acceso. Pero no quiero hacer volar la imaginación, finalmente, ¿acude usted a presentar la demanda?
Marlene:
Yo no presenté demanda, les voy a decir por qué, por amenazas, amenazas muy fuertes.
Eugenio Amézquita Velasco:
¿Qué le dijeron?
Marlene:
Me dijeron que yo ya me tenía que callar, que si yo fuera a conciliación y arbitraje, pero que si yo decía algo más, pues ya sabían dónde vivía, ya sabían quién es mi familia, y uno se queda callado, ¿me entienden?, pero no es justo por esto estemos pasando muchas o que en tus trabajos te dejes, necesitas que dejar que te falten, que abusen de ti para tener un trabajo. Yo digo que no es justo, me fui a conciliación y arbitraje ese día que me dijeron, porque sí me fui ese día que me despidieron, fui metí mi demanda y me encuentro con una licenciada, se llama Mariana, la licenciada, que ella me iba a ayudar, yo creída que me iba a ayudar, cuando me dice la licenciada, pues va a ser el camino, ¿verdad?, de la demanda, que nos íbamos a ir a largo, y luego ya después, como yo le preguntaba, pues uno no sabe de eso, que ella ya y ella se molesta porque uno le pregunte, que ella es molesto, que no tiene pila, cuatro o cinco mentiras me ha dicho ella y el licenciado Delgado, cuando yo he cachado en los juzgados que son mentiras.
Y si me estás escuchando, un día me vas a ver, te vas a acordar que yo hasta te dije delante de todos: "Te voy a dar doscientos pesos, pero no me digas mentiras, y si te tengo que pagar honorarios por tus mentiras que me has dicho, porque eres profesional", pero las mentiras, ¿qué quieres que yo piense que es ayuda?, ¿pero ayuda a quién?, y yo sí estoy molesta, porque no va que todo esto, todo me he callado, pero ahorita ya quiero alzar la voz y la voy a seguir alzando y más fuerte para nuestro público que está escuchando esta entrevista.
Eugenio Amézquita Velasco:
Vamos a un corte para explicarles nada más la situación económica en la que se encuentra Marlén y que para ella, a lo mejor tú que me estás escuchando doscientos pesos te los gastas en un ratito y y no te falta nada, para ella doscientos pesos es toda una semana, es toda una vida, son los pasajes de su camión. Regresamos con Marlene.
La entrevista a Marlene, por Metro News. Parte 3
Eugenio Amézquita Velasco:
Marlene, dentro de esta entrevista estamos platicando algo que es muy delicado sobre el tema del acoso sexual. A veces a los hombres, lo digo como hombre, como varón, se nos hace muy fácil, ¿no?, tratar de seducir a una mujer; hay formas, también hay formas, ¿no?, pero cuando una mujer abiertamente se está negando y nos está diciendo: "Ya no quiero, párale, no me hagas este tipo de insinuaciones groseras, grotescas como las que ahorita fuera de cuadro me estaba usted platicando", y además esta mujer tiene pruebas, ¿eh?, así es que ándense con cuidado, tiene pruebas, ándense con cuidado.
Pero a veces se nos olvida que tenemos hijas, que tenemos madre, que tenemos esposa, que tenemos nietas, ¿qué me diría usted?, ¿tú le harías lo mismo a tus nietas o le harías lo mismo a tus hijas o a tu misma mujer o a tu madre?, ¿qué sentirías tú si se lo hicieran a la persona que más quieres, que sean tus hijas o tus nietas, que hay veces que es lo que nos duele más, o a tu misma madre?, ¿qué sentirías?, ¿cree usted que un hombre tendría el suficiente desparpajo y la sinvergüenzada para repetirle las palabras que usted ha recibido de hombres, esos hombres que usted cree que se lo dirían a su madre o a su mujer o a sus hijas?
Marlene:
No creo, pero yo sí quisiera ver que a ver que algo le pasara, a ver qué sentiría como yo sentí todo lo que pasé, yo quisiera que pues que les pasara para que vieran lo que y lo que le estoy dando a entender de que ya no voy a callar más y tengo muchas pruebas, muchas.
Eugenio Amézquita Velasco:
Pues yo lo único que sí les podría decir es: mejor escuchen a esta mujer, respóndanle en derecho, que se le entregue lo que le corresponde en justicia, y ya déjense y dejémonos de tonterías, a una mujer no se le puede tratar así, y sí les puedo decir también una cosa: no hay nada más peligroso que una mujer enojada. Esto es Metro News.
La entrevista a Marlene, por Metro News. Parte 4. Final.
Eugenio Amézquita Velasco:
Estoy de regreso con Marlene, víctima de acoso sexual por parte de gentes de una empresa de seguridad aquí en la ciudad, que pareciera que a esta empresa lo que le gusta es contratar acosadores sexuales. Marlene, estábamos comentando antes de terminar la otra cápsula que 200 pesos para pagarle unos honorarios del día o de la hora del servicio de algún abogado, para usted puede ser toda una semana de pasajes del camión, puede ser la comida de dos o tres días, no sé dependiendo lo que coman usted en su casa. ¿Cómo está económicamente usted ahorita, platíqueme?
Marlene:
Pues ahorita, al grado de no tener ni un peso y pues darle las gracias a Dios y a usted por una rica comida que me comía, pero decía: "Puta madre, ¿qué le voy a dar a mis nietos?". Yo ya tragué, pero mi familia, y sí me la estoy llevando muy mal, pero estoy aquí echándole ganas y yo sé que esto se va a resolver, yo lo único que peleo es lo que me corresponde, ni un peso más ni un peso menos. Y si hay algo malo sobre esta persona que es la licenciada y agarró un dinero, pues qué mala onda, ¿no?, porque yo sí tengo de ver en su pobre casa cómo estoy, pero me hago tristes para sacar a mi familia adelante.
Eugenio Amézquita Velasco:
A ver, Marlene, ¿quiénes dependen de usted en la casa?
Marlen:
Dependen mis dos nietos, la abuelita que no anda muy bien de salud, ella está mala del corazón y sin embargo trabaja, mi hija que está embarazada. No juzgo ni voy a juzgar, ni tenemos por qué juzgar, pero dependen de mí, un hogar que me dieron chance de entrar a esa casa, no pago renta, pero pago agua y luz.
Eugenio Amézquita Velasco:
Pues la verdad es que en esta entrevista se me parte el alma, se los digo de corazón, y además me siento contento como periodista porque este es el motivo de Metro News, este es el real motivo de la existencia de Metro News, este es el real motivo de dedicar 45 años de experiencia periodística a este espacio que es para el servicio, para escuchar a las personas que no tienen voz, a las personas vulnerables. Para mí esta entrevista tiene mucho valor porque no todos los días una mujer viene a hablarnos de una realidad, darnos su nombre, la tengo plenamente identificada, sé dónde radica, tengo su número telefónico, así es que si alguien piensa: "No, es que le está echando, esto es mentira", piensen lo que quieran.
Pero si vieran lo que yo estoy viendo, si se dieran cuenta de lo que yo me estoy dando cuenta y lo que estoy percibiendo, la verdad es que es una desgracia que existan empresas que contraten acosadores sexuales y se pongan el nombre de empresas de seguridad privada. Por favor, no se vale que contraten este tipo de, ni siquiera les hagan un examen, qué bueno que estén contratando personas de la tercera edad porque muy difícilmente se les da trabajo.
Marlene no es de la tercera edad, pero es una mujer con necesidad, no lo digo tampoco con el ánimo de ofenderla, no tiene estudios, no tiene un grado académico, no tiene nada, pero eso no le quita su dignidad como persona y como mujer. Y sí, este es un foro, esta entrevista que sea un, volteen a ver acá, que sea un grito para muchas mujeres de esa empresa donde ella trabajó que han sido vejadas, que han sido ofendidas, que las autoridades, en vez de estar pensando si se van a reelegir, le pongan atención a estas personas. Y a nuestros amigos abogados, no todo es dinero, tiene que haber justicia, tiene que haber derecho, tiene que haber respeto. ¿Algo más que quieras agregar, Marlene?
Marlene:
Pues yo quiero agregar de que no es justo lo que pasé, fue un infierno y no me retiré de allí porque muchos van a decir: "¿Por qué no te retiraste?". No me retiré por la necesidad y pruebas tengo y muy grandes. Y si estoy haciendo esto es porque ya me harté, ¿me entiendes?, ya me harté de que siempre haya esto. Como mujeres, no te digo, no más la mujer, también los hombres pasan cosas muy fuertes, que yo no nomás digo "es la mujer", no, también los hombres, hay que también valorar al hombre. Pero no es justo que ahí en la empresa hay personas grandes y sean ratas, porque roban a las personas enfermas cuando están dormidas, mis compañeros les han robado y yo sé quién me robó el teléfono y tengo fotos, tengo todo, evidencia de muchas cosas.
Alcen su voz, mujeres, alcen su voz, y yo lo único que pido es que, como el licenciado Delgado me dijo que esto va para tres años, yo digo que no es justo eso, ni créeme que es ilógico, y si lo vas a escuchar, es ilógico y la verdad no les creo. Y como me dijiste que yo tenía el derecho de meter otro abogado, pues sí voy a hacer caso a tu palabra y hasta tope, lo único es mi dinero y no se los voy a dejar, porque ya sé por dónde van. Levanten la voz, mujeres, no es justo esto.
Eugenio Amézquita Velasco:
Te agradezco, Marlene, gracias, esto es Metro News.
#MetroNewsMx

Publicar un comentario