
Redacción Editorial
Resulta, cuando menos, una ironía digna de una tragedia griega que en Comonfort, mientras las calles se sumen en una penumbra cómplice y los vecinos imploran por un servicio básico, el presidente municipal, Gilberto Zárate Nieves, se resguarde tras unas gafas oscuras que, según se dice, ocultan las huellas de un reciente "ajuste estético" en su rostro. Es, sin duda, una metáfora visual insuperable: un gobernante que se empeña en no ver la realidad que lo rodea, prefiriendo la oscuridad propia a la luz que le debe a su pueblo.
El Derecho de Alumbrado Público (DAP) no es un favor que el Ayuntamiento le concede a la ciudadanía; es una contribución que los habitantes pagan puntualmente –a menudo a través de su recibo de energía eléctrica, mediante convenios entre el municipio y la Comisión Federal de Electricidad (CFE)– precisamente para que el alumbrado sea una realidad en calles, plazas y avenidas.
El artículo 115 constitucional es tajante al respecto: el servicio de alumbrado público es responsabilidad ineludible de los municipios. La CFE, en este entramado, actúa únicamente como un recaudador, un puente que traslada el recurso al municipio para que este lo administre, opere y mantenga la infraestructura.
Sin embargo, en Comonfort parece haberse invertido el sentido común. La queja ciudadana, llega a la Redacción de Metro News con la urgencia de quien se siente estafado, detalla cómo para sustituir una simple lámpara en una calle se exige a los vecinos una "cooperación" cercana a los 750 pesos. ¿En qué momento una promesa de campaña sobre la gratuidad y la "economía moral" se transformó en un peaje por la iluminación?
¿Cómo es posible que mientras el alcalde se recupera de una intervención cosmética –un derecho personal que nadie cuestionaría si no fuera por el contraste con el abandono municipal–, se retiren luminarias de las zonas que verdaderamente las necesitan para llevarlas a instalaciones deportivas que, si bien son necesarias, no pueden ser priorizadas a costa de la seguridad y la visibilidad de las arterias viales?
La norma es clara: el DAP debe servir para el costo real del servicio público, garantizando proporcionalidad y equidad. No es una caja chica para el embellecimiento selectivo de espacios que otorgan mayor visibilidad política. Iluminar una cancha no redime el pecado de dejar a oscuras a una comunidad. El alcalde de los lentes oscuros parece haber olvidado que la administración pública no se trata de quién luce mejor frente al espejo o bajo el reflector, sino de quién logra, con transparencia y eficacia, disipar la oscuridad de las carencias sociales.
Lo que hoy vive Comonfort es una administración que ha decidido ignorar la máxima de su propio cargo: para ver los problemas del pueblo, hay que quitarse las gafas de la soberbia. La ciudadanía no necesita autoridades que "vean" desde su confort, sino funcionarios que "miren" donde está el dolor, la inseguridad y el olvido.
La "recuperación" que el alcalde tanto necesita no es la de sus ojeras, sino la de su brújula moral. Porque al final del día, lo que más urge en Comonfort no es la estética de quienes mandan, sino la iluminación de la verdad y, sobre todo, la claridad de las cuentas. Que no se equivoque el edil: la oscuridad en las calles no se combate con gafas, sino con voluntad política. Y, hasta ahora, Comonfort sigue esperando a alguien que, finalmente, se atreva a encender la luz. #MetroNewsmx



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