Redacción Editorial
En la política contemporánea, donde abundan el estridentismo, la descalificación llana y las formas agresivas propias de una fauna silvestre desorientada, el verdadero oficio político se distingue no por la fuerza del grito, sino por la precisión y fineza del concepto. Hace algunas horas, la prensa de Celaya presenció una muestra de esa categoría política que hoy parece escasear en las arcas del Ayuntamiento local: la lección implícita de diplomacia, experiencia y elegancia de Leopoldo Almanza Mosqueda.
El exalcalde, en un casual encuentro con medios de comunicación, ofreció declaraciones que, analizadas bajo la lupa de la actual coyuntura política y la gestión del alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez, resultan un ejercicio de sutilidad política magistral. Sin recurrir a la confrontación directa o la descalificación explícita de nombres propios, Almanza trazó "el deber ser" de un gobernante, lanzando dardos conceptuales certeros sobre las deficiencias, la improvisación y la falta de visión que percibe la población celayense -y de fuera del municipio- en la administración actual de Celaya.
Un encuentro de altura y contraste
El marco de estas declaraciones fue tan cotidiano como significativo. En la tranquilidad de conocido restaurante de la colonia Alameda —el barrio entrañable donde Almanza ha mantenido su domicilio de siempre— coincidió de manera casual con una rueda de prensa encabezada por Paulo Bañuelos, actual titular del Parque Xonotli, exsecretario de Agricultura y Desarrollo Rural de Guanajuato y exdiputado local. La prensa local, sorprendida por la presencia del exalcalde, bromeaba sobre los motivos de su visita -"fue a comprar unos chicles"-; en realidad, transitaba por el lugar para recoger comida para llevar.
Más allá de la anécdota, el breve encuentro dejó al descubierto un contraste de época y una muestra de clase política. Pese a situarse en trincheras partidistas distantes —Almanza, el último presidente municipal emanado del PRI en Celaya, excandidato del PRD a la diputación federal y posterior simpatizante de Morena; Bañuelos, un referente del panismo estatal—, la interacción entre ambos estuvo marcada por el saludo respetuoso, la educación y la solidez institucional. Una convivencia madura entre hombres de la vida pública que entienden que las diferencias ideológicas jamás deben reñir con la civilidad y la prestancia, a diferencia de otros actores que parecen haber deambulado en las pulquerías más bajas de la política y que no saben convivir entre personas.
La sutil crítica a la improvisación y la "curva de aprendizaje"
Al abordar a los medios, Leopoldo Almanza no necesitó levantar la voz para desmantelar el estado actual de la administración municipal. Su crítica más velada pero directa se centró en la experiencia y preparación necesarias para gobernar.
"Cualquier dama y cualquier caballero bien nacido, que tenga la vocación de servir, tiene la posibilidad de ser elegible siempre cuándo cumpla, obviamente, los requisitos que la plataforma su partido le exige, y cuidar los tiempos... no llegar para servirse, sino para servir".
Al ser cuestionado directamente sobre aspirantes, incluyendo al actual alcalde Juan Miguel Ramírez quien buscaría reelegirse, Almanza evitó señalamientos llanos y, en su lugar, enfatizó el perfil requerido:
"Yo creo que Celaya, por la diversificación que tiene, por el crecimiento tanto de sus comunidades como zona urbana, requiere en primer lugar gente con capacidad para saber servir... que conozca lo que es la vida pública..."
Y soltó la frase clave que resuena como una crítica sutil pero contundente ante la percepción pública de la actual gestión:
"Yo puedo tener ganas, pero a lo mejor no conozco la manera de hacerlo y al llegar va a haber una curva de aprendizaje muy grande, y en lo que aprendo se perdieron muchas oportunidades..."
En el lenguaje político, esta declaración es una condena a la improvisación. Almanza señala que la falta de preparación previa de quien gobierna le cuesta tiempo y oportunidades valiosas a Celaya. Esta diplomacia, plasma las fallas del presente a través de la exigencia de perfiles para el futuro es la definición de su sutilidad.
La distinción entre "querer" y "ser llamado"
Almanza utilizó una palabra para marcar una frontera clara: vocación. La etimología y el peso de esa palabra estriban en el llamado. Quien tiene vocación ha sido convocado por su preparación, su trayectoria y su arraigo social para asumir una responsabilidad. Tener vocación para el servicio público implica poseer el perfil adecuado, la madurez de criterio y el conocimiento técnico de las necesidades de la ciudad.
Esta reflexión adquiere un matiz ineludible al observar el devenir de la actual administración local. "Querer ser" no equivale a "estar llamado a ser". Cualquiera puede alzar la mano movido por la oportunidad; pero quien llega sin el equipaje de la preparación condena al municipio.
Fue el propio hoy edil, Juan Miguel Ramírez Sánchez, quien en su momento, ante el órgano electoral (IEEG), llegó a explícitamente señalar que "no debería estar aquí". Hoy, el paso del tiempo y la percepción de un amplio sector de la ciudadanía celayense —marcada por una notable desaprobación en encuestas desde octubre de 2024— parecen ratificar esa premisa involuntaria. Gobernar a base de ocurrencias, salidas supuestamente graciosas y frases efectistas termina desdibujando la investidura municipal, sobre todo cuando los discursos anticorrupción y los eslóganes de "no somos iguales" o "no mentir, no robar, no traicionar" se desvanecen frente a los cuestionamientos por nepotismo, olor a corrupción y falta de resultados.
Memoria política y visión de futuro
La presencia y vigencia analítica de Almanza Mosqueda traen a la memoria aquellos sondeos y análisis electorales —como aquellas palabras de septiembre de 2017 reflejadas por la Fanpage de Facebook "Serpientes y Escaleras"— donde su nombre figuraba como un referente constante en la conversación pública de Celaya, a la par de otros perfiles de la época como Julio Juárez o Antonio Chaurand. Mientras que figuras como Chaurand terminaron por diluir su presencia política tras una constante y fallida gestión en el Congreso local para convertirse en actores discretos y de mero acompañamiento decorativo en la órbita de la actual administración municipal sin autoridad, Almanza conserva el peso de quien sabe guardar la compostura, mantener la autonomía de criterio y opinar desde la autoridad que otorga la experiencia.
Al hablar de la agenda prioritaria, Almanza fue claro en que la ciudad exige visión de mediano y largo plazo, no solo popularidad o "caer bien al ciudadano". Señaló que no basta con responder al apremio de la seguridad, sino que es vital proyectar el futuro hídrico y el desarrollo agrícola para que Celaya tenga verdadera posibilidad de crecimiento.
Leopoldo Almanza demostró en unas cuantas frases lo que significa la sutilidad política: señalar las carencias del presente mediante la exigencia de virtudes para el futuro. Sin exabruptos ni estridencias, con la serenidad de quien conoce la administración pública por dentro, recordó a la prensa y a los celayenses que el gobierno de una ciudad tan compleja no es un terreno para la improvisación ni para meras ganas de querer ser, sino un compromiso solemne reservado para quienes verdaderamente atienden a la vocación y al llamado de servir. #MetroNewsMx

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