Equipo Metro News Editorial/Video de Valentina Alazraki
-El legado de San Juan Pablo II se mantiene incólume frente a los señalamientos de omisión, revelando cómo las redes de complicidad y encubrimiento se gestaron en los círculos burocráticos del Vaticano a espaldas del pontífice.
-La crisis moral desatada por los abusos en la estructura eclesiástica no invalida la esencia divina ni la doctrina de la Iglesia Católica, sino que expone la condición falible y desgastada de sus miembros.
-La celebre reflexión de Fray Agostino Gemelli cobra vigencia al explicar que la crisis del clero no responde a la naturaleza de la institución, sino a la resistencia individual de sus integrantes para vivir en santidad.
-La distinguida periodista deja ver que no puede confundirse lo que es la Iglesia, con los hijos de la Iglesia
-En una familia, aunque la madre enseña a sus hijos lo bueno y como deben portarse, jamás faltan los hijos "cabezones" que con sus actos avergüenzan a toda la familia, la lastiman y la dañan
La figura de San Juan Pablo II permanece como uno de los pilares espirituales y morales más significativos de la historia contemporánea. Sin embargo, su pontificado ha sido objeto de constantes revisiones a la luz de los dolorosos escándalos de abuso y encubrimiento que sacudieron a la Iglesia Católica a finales del siglo XX y principios del XXI. Un análisis objetivo y riguroso de los hechos demuestra que las fallas del sistema no provinieron de la cúspide papal, sino de una burocracia interesada en tejer complicidades y filtrar la información que llegaba al escritorio del Santo Padre.
El testimonio de diplomáticos, prelados y periodistas de investigación coincide en que el Santo Padre operó en un entorno donde los informes críticos sobre figuras como Marcial Maciel fueron sistemáticamente bloqueados por colaboradores cercanos.
Quienes conocieron de cerca a Karol Wojtyła dan fe de un hombre volcado al orbe, entregado a la oración y con una visión del sacerdocio fraguada en la resistencia contra el régimen comunista polaco, donde la difamación contra los clérigos era una herramienta del Estado. Cuando la verdad incuestionable salió a la luz, el pontífice impulsó las reformas que sentaron las bases de la política de cero tolerancia.
Es imperativo trazar una distinción clara entre la institución y las personas que la integran. La Iglesia Católica, en su doctrina y misterio, sostiene una misión sagrada; sus fallas estructurales son, en rigor, las fallas de sus miembros. La corrupción, la codicia y la falta de integridad moral no pertenecen al dogma, sino a las debilidades de los hombres que asumen responsabilidades dentro de la jerarquía. Confundir la santidad de la institución con las faltas de sus integrantes resulta un error conceptual que opaca el bien incalculable que miles de sacerdotes, religiosos y laicos realizan a diario en el mundo.
Ya en 1932, el fraile franciscano Fray Agostino Gemelli sintetizó esta condición humana en su obra El Franciscanismo al señalar con agudeza que "los hermanos no son malos, lo que pasa es que no quieren ser buenos".
Esta sentencia expone la raíz del problema: la crisis moral no surge de una deficiencia en la fe o en la regla, sino de la voluntad individual de quienes, teniendo las herramientas para actuar con rectitud, eligen el camino de la omisión, la comodidad o la complicidad.
El llamado a la conversión dentro de la Iglesia sigue siendo una exigencia permanente para que la conducta de sus hijos corresponda finalmente a la grandeza de su vocación.
La transcripción del video de Valentina Alazraki
Valentina Alazraki:
Hola, ¿cómo están? Hoy con un tema complicado y doloroso. Desde que salió la serie sobre Marcial Maciel, he recibido varios mensajes pidiéndome mi opinión, pidiéndome sobre todo qué pienso yo del rol, del supuesto rol del Papa Juan Pablo II en esta historia. Quiero decirles que ustedes lo saben, las personas que me siguen desde hace décadas saben que nunca mentí. Ninguna de las informaciones que he dado a lo largo de 50 años ha sido desmentida. ¿Por qué? Porque sencillamente yo cuento lo que veo, lo que veo, lo que oigo, lo que me cuentan, y no tengo ningún interés en mentir. Este caso, digamos, el caso Maciel, ha sido un caso para mí muy doloroso.
¿Por qué? Porque a finales de los años 90, principios de los años 2000, aquí en el Vaticano, obviamente, se empezó a hablar de este caso, tarde con respecto a otras partes del mundo, como los Estados Unidos o el mismo México, pero evidentemente fue un tema, pero fue un tema sobre todo a raíz de la muerte de Juan Pablo II y del inicio de la causa de beatificación. Yo fui llamada a ser testigo de la causa de beatificación y tuve la oportunidad de trabajar muy de cerca con el postulador de la causa, un obispo polaco que se llama Sławomir Oder, y él me dio la posibilidad de tener acceso a todos los testimonios, más de 100. Es decir, yo los pude leer uno por uno.
Iba a escribir un libro con dos condiciones: una, que nunca revelaría quién había dicho qué, es decir, yo podía utilizar todo el material pero sin mencionar directamente a las personas, a los testigos; y dos, que nunca daría una información de la que yo vendría a conocimiento a través de él durante la causa, es decir, que siempre me tenía que esperar los momentos en los que él hiciera pública una noticia. Obviamente respeté estas dos reglas a tal grado que, después de la beatificación, decidimos escribir un libro sobre la canonización juntos, es decir, a cuatro manos, y hasta la fecha somos muy, muy amigos. Yo a lo largo de la causa de beatificación muchísimas veces hablé con él del caso Maciel.
Él sabía muy poco, era un obispo polaco que trabajaba ni siquiera dentro del Vaticano, sino en San Juan de Letrán, y la verdad él tenía muy poco conocimiento de todo lo que se contaba, de lo que se decía, y yo le fui informando. Las personas responsables de la causa, es decir, el postulador, escribió una carta a la Congregación para la Doctrina de la Fe pidiendo si, porque ahí llegaban todos los casos de abusos, si había algún documento que comprobara que Juan Pablo II de alguna manera se había involucrado con el tema Maciel, había parado las investigaciones o no había permitido que esas investigaciones iniciaran. La Congregación para la Doctrina de la Fe le contestó al postulador con un documento oficial diciendo que no había ningún documento que comprobara el involucramiento del Papa Juan Pablo II en la causa.
Esto, digamos, a nivel de documentos formales. ¿Qué tuve que hacer yo? Evidentemente para escribir un libro sobre la beatificación y la canonización tienes que estar absolutamente enterada de lo que dices, y aparte tú das tu cara, es decir, si yo escribo un libro sobre la santidad de Juan Pablo II tengo que estar absolutamente convencida de esa santidad, no puedo mentir sobre ella u ocultar elementos que pondrían en duda quizás esa santidad. Entonces por mi cuenta hice muchísimas investigaciones sobre el caso Maciel. Debo decirles que yo tengo dos o tres grandes referentes morales que me ayudaron muchísimo durante las investigaciones y los años que siguieron para hacerme la idea que yo me hice.
El primero es, bueno, era porque ya falleció, el nuncio en México a finales de los años 90, monseñor Justo Mullor, un español. A él le toca, estuvo en México en la nunciatura del 97 al 2000. A él le toca enviar los primeros informes de las víctimas, las primeras víctimas de Marcial Maciel que dieron su testimonio. A él le toca enviar esos testimonios a la Santa Sede, a su jefe en la Secretaría de Estado. Su jefe en ese momento era el cardenal Angelo Sodano. A partir del momento en el que él empieza a enviar información sobre lo que las víctimas, las primeras víctimas que dieron su testimonio, empieza a enviar toda esa documentación al Vaticano, prácticamente empieza una guerra terrible contra él.
Yo conozco al legionario que me dijo en mi casa: "Yo hice el trabajo sucio en esa oportunidad", porque él iba recorriendo México y enviando de las diferentes diócesis de México cartas como si fueran de las diócesis en contra de monseñor Mullor para que lo quitaran, digamos, lo quitaran del puesto de nuncio en México, y lo lograron. De hecho, él fue llamado al Vaticano, fue devuelto al Vaticano con dizque una promoción, entre comillas, porque se volvió el presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica, es decir, la academia que forma a los diplomáticos. Aquí empieza la historia en el sentido de que él tenía una buena relación con el Papa Juan Pablo II, lo estimaba muchísimo, el Papa lo estimaba al grado que cuando la Santa Sede reconoció a las tres repúblicas bálticas, Lituania, Letonia y Estonia —que para el Papa Juan Pablo, como polaco, evidentemente era un evento histórico—, ¿quién manda ahí como nuncio, como primer nuncio? Pues envía justamente a monseñor Justo Mullor.
Pues él regresa a Roma echado prácticamente de México por los legionarios, por esta maniobra para que se alejara de la nunciatura y no siguiera informando del caso Maciel, y nunca más lo dejan acercar al Papa Juan Pablo II, con el que repito tenía una muy buena relación. Vuelve a Roma y su secretario, el secretario personal del Papa Juan Pablo, monseñor Stanisław Dziwisz, empieza a decirle cada vez que él solicita una audiencia o quiere volver a hablar del caso Maciel del que se enteró en México, el secretario le dice: "Usted olvídesese de Maciel, usted está obsesionado con Maciel, olvídesese de esta historia." Monseñor Mullor llegó a tener un infarto, sufrió muchísimo los últimos años de su vida.
Yo mantuve una gran relación con él, una gran cercanía, prácticamente lo vi, lo acompañé hasta, estuve en cuidados intensivos cuando estuvo muy mal, lo acompañé hasta el final de su vida, y él en todo momento, durante todos esos años, nos veíamos, nos reuníamos en su casa, y él me decía: "Yo estoy absolutamente seguro de que esa documentación que yo empecé a enviar, esos informes, nunca llegaron sobre la mesa de Juan Pablo II." Él tenía una convicción extraordinariamente fuerte de la coherencia, de la santidad personal del Papa Juan Pablo II, y se murió con el dolor de no poder hablar con él y de no poderle contar, y hasta el final me dijo: "Esa documentación nunca se la entregaron al Papa Juan."
Monseñor Justo Mullor era nuncio en México cuando a finales de 1997 fueron publicadas las acusaciones de un grupo de víctimas de Marcial Maciel. Pues sí, pero el Vaticano las tenía muchas ya, porque eran cosas que los amigos de Maciel las habían cubierto. Yo naturalmente informé, sabiendo que informaba con una cosa objetiva, y ese gran fundador pues tenía muchos amigos en México y muchos amigos en Roma. Pero realmente lo que yo tenía que decirle, pues las cartas pues no le llegaban al Papa. Volvió a Roma en el año 2000 como presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica. Se dijo en su momento que había sido ascendido para que no siguiera informando acerca del caso Maciel.
Años más tarde, como miembro de la Congregación para las Causas de los Santos, le tocó examinar la causa de beatificación de Juan Pablo II, al que siempre consideró como una persona santa. Es el Papa de nuestras vidas y realmente para mí ha sido un modelo de hombre y un modelo de cristiano. No estamos condicionados por estos, condicionados solamente por el Evangelio. Durante el proceso se estudió la relación entre Juan Pablo II y Marcial Maciel. La gran equivocación es pensar que el Papa era amigo de Maciel, ¿no? Maciel se hacía pasar por amigo y otras personas lo hacían pasar por amigo. El Papa no tenía medios para controlar quién era Maciel en sí mismo.
Valentina Alazraki:
Según monseñor Mullor, los que no informaron correcta y exhaustivamente a Juan Pablo II tendrían que haber asumido su responsabilidad públicamente. Naturalmente eso es el sueño que tenemos todos los que lo hemos querido entrañablemente, tenían que declararse responsables, pero yo no conozco todavía ninguno. A monseñor Mullor le consta que al final de su vida Juan Pablo fue informado acerca de quién era realmente Marcial Maciel. Uno de esos grandes amigos suyos, quizás sintiéndose en responsabilidad y con la responsabilidad también de otros, lo dijo al Papa, y Juan Pablo II, esto es mi conocimiento, es que dijo: "Si esto es así, habrá que exigirle muchas responsabilidades", y dijo: "El que sea mi sucesor que le exija responsabilidades grandes."
Y el sucesor de Juan Pablo II fue Ratzinger. Y entonces se puede explicar por qué Ratzinger hace el Vía Crucis y se nombra prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y se pueden explicar tantas cosas como por qué Ratzinger, antes de mismo que el Papa muriera, manda a monseñor Scicluna a América. De modo que yo creo que cuando se conozcan los volúmenes que yo conozco y que conocemos todos los mismos de la Congregación de los Santos, pues era muy claro que la vista de Maciel con Juan Pablo II pues era un montaje. Monseñor Mullor está convencido de que en Juan Pablo II los fieles tienen un gran modelo de santidad porque su verdadera historia es su relación con Dios y no con Marcial Maciel. En el Vaticano, Valentina Alazraki, Noticieros Televisa.
Eh, Joseph Ratzinger era la persona con más información porque obviamente todo llegaba a la Congregación que él presidía, y él es mi otro referente moral en este sentido. Él tenía toda la documentación, sabía quién le ponía frenos a esa investigación, quién se oponía abiertamente a que él investigara ese caso. Él sabía quiénes eran y no eran Juan Pablo II. En cuanto Juan Pablo II muere, él estaba tan convencido de la santidad personal de Juan Pablo II que decide eliminar los cinco años que hay que esperar después de que un candidato a los altares muere para poder iniciar la causa de beatificación. Y año tras año, en el aniversario de su muerte, él oficiaba una misa, y las palabras más bonitas que yo he leído sobre Juan Pablo II las pronunciaba el cardenal Joseph Ratzinger, que luego se volvería el Papa Benedicto XVI: "Giovanni Paolo, grande dono di grazia...".
En cuanto muere el Papa Juan Pablo, finalmente Joseph Ratzinger decide enviar a sus representantes, entre ellos a monseñor Charles Scicluna, a México, a Estados Unidos, para investigar el caso Maciel. Cuando eligen al Papa Francisco, yo en varias oportunidades le pregunté en entrevistas a Noticieros Televisa, le pregunté: "A ver, de lo que usted sabe, de lo que el Papa Benedicto XVI le contó cuando le entregó digamos el pontificado, prácticamente cuando se vieron después de que él había sido elegido, yo quería saber qué le constaba al Papa Francisco sobre el caso Maciel." El Papa Francisco, cuando vivía en Argentina, no tenía conocimiento de ese caso. Me dijo varias veces que en Argentina no llegó a ser un caso sonado, había pocos legionarios, etcétera.
Pero en todas las entrevistas en las que yo le pregunté sobre el supuesto involucramiento del Papa Juan Pablo II, él siempre me contestó que estaba muy agradecido tanto con el Papa Juan Pablo II que le había dado la autorización al cardenal Ratzinger para iniciar la investigación que luego seguiría cuando el cardenal Ratzinger se volvería Benedicto XVI, como su agradecimiento al Papa Benedicto XVI por haber llevado a cabo toda la investigación y luego la decisión de hacer retirar a vida privada a Marcial Maciel. Nosotros en México tuvimos un gran escándalo relacionado con el fundador de una congregación mexicana de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, y este ha sido un tema tabú durante muchísimos años dentro y fuera del Vaticano. Siempre se dijo que este caso había sido encubierto incluso dentro del Vaticano.
Entrevistador:
Usted llegó a conocer a Maciel, este caso, ¿qué percepción tiene? ¿Hubo de alguna manera encubrimiento en su opinión?
Monseñor Ricardo Watty Urquidi:
Cuando me enteré del escandalazo realmente me dolió mucho, me escandalicé. O sea, ¿cómo esta persona pudo llegar hasta esto? Evidentemente que era una persona muy enferma, porque además de todos los abusos creo que también había dos o tres mujeres de por medio, hijos con una o con otra, no sé. O sea, que había algo ahí y mucha plata. Volviendo a lo mismo, ¿no? La corrupción empieza por los bolsillos, ¿no? Pero creo que se trataba de un enfermo, un gran enfermo. Acá cuando se tomó conciencia de la cosa se empezó a actuar fuerte. El cardenal Ratzinger llevó la cosa adelante y la llevó, y la llevó, y la llevó, y el Papa San Juan Pablo II le dio luz verde para llevarla. O sea, él dio luz verde, y cuando le hicieron Papa ya actuó este porque estaba maduro el proceso.
Pero quiero dejar muy claro que el entonces cardenal Ratzinger y San Juan Pablo II eran conscientes y dijeron "Adelante", uno en la investigación y el otro dando luz verde. Segundo, ¿hubo encubrimiento? Uno puede presumir que sí, aunque siempre en justicia hay que presumir la inocencia, pero sería raro que no tuviera algún padrinito por ahí medio engañado, medio que sospechara y no supiera. Eso yo no lo he investigado.
Valentina Alazraki:
Estas dos personas, digamos, tanto monseñor Mullor como el cardenal y luego el Papa Benedicto XVI, para mí son grandes referentes morales que estaban ambos convencidos absolutamente de la santidad personal de Juan Pablo II. Hubo una tercera persona que se llamaba también, falleció, monseñor Ricardo Watty Urquidi, un obispo mexicano que fue uno de los obispos delegados por el Papa Benedicto XVI para, cuando prácticamente intervino la Legión de Cristo, visionar, de escuchar, de ir a los colegios, universidades en diferentes partes del mundo y escuchar todos los testimonios referentes al caso Maciel. Yo, este hombre habló con decenas, yo creo que centenares de personas.
Al cabo de todas sus entrevistas yo le pregunté y le dije: "Mire, yo tengo que escribir libros sobre la beatificación, luego sobre la canonización. Yo quiero tener la certeza moral de que Juan Pablo II no encubrió a Marcial Maciel." Y entonces le pregunté de todas las personas con las que usted habló, ¿hubo una sola persona que le dijera 'pues yo le dije a Juan Pablo II y Juan Pablo II no procedió con la investigación'?" Y él me dijo: "Yo no he encontrado ninguna persona que me haya dicho eso." Es decir, ninguna persona que me haya dicho "Yo informé directamente al Papa Juan Pablo II y él no me hizo caso." Entonces esa también, esa certeza moral, también esa declaración suya para mí representó pues una certeza moral de que así fue.
¿Qué es lo que yo vi durante esos años en el Vaticano? Pues nosotros sabíamos de la red de corrupción muy extensa que había tejido Marcial Maciel, que desde los años 50 había sido acusado y siempre había salido como limpio de las investigaciones en el Vaticano. Nosotros sabíamos que los más cercanos colaboradores del Papa Juan Pablo II recibían dinero, recibían coches, estaban con las manos dentro de muchos negocios, vamos a decir así. Uno, por ejemplo, los Legionarios de Cristo tenían que construir unas universidades, querían construir unas universidades en los alrededores de Roma en terrenos que no tenían el permiso para poder construir.
Pues el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado en este momento, le pidió al alcalde de Roma que concediera los permisos para que pudieran construir esas universidades, esos colegios. ¿Y quiénes efectivamente recibieron la autorización para poder construir y quién hizo todas las obras? Pues el hermano del cardenal Sodano, que tenía una constructora. Yo vi cuando hicieron cardenal a Sodano, a Sandri, al secretario del Papa, Stanisław Dziwisz; todos celebraron prácticamente en el colegio de los Legionarios. En algún momento estuvo presente Marcial Maciel, en otros no, eh, pero siempre acababan agradeciéndole a Marcial Maciel por los festejos de los que habían sido objeto cuando habían sido nombrados cardenales.
Entonces digamos son toda una serie de cosas que nosotros fuimos viendo y que yo entiendo perfectamente que pueda parecer absurdo de que no toda la documentación, no todos los informes llegan sobre los escritorios del Papa, de los Papas. En realidad es así y lo vimos con el Papa Benedicto XVI, lo vimos con el mismo Papa Francisco que pasó por una situación parecida cuando, por ejemplo, le informaron mal de todo lo que estaba sucediendo en Chile en cuanto a los abusos por parte de varios obispos y de personalidades muy importantes en Chile. Entonces es así, mucha de la... si hay documentación que no quieren que llegue a las manos del Papa, no llega. Eso es así, ha sido siempre así.
Y yo creo que también fue el caso. Y hay un antecedente del que quiero hablar, que es en el caso de un monseñor polaco que se llamaba Praś. Él era de los más cercanos colaboradores del Papa Juan Pablo II al principio del pontificado. Luego el Papa lo envió a Polonia como obispo, y después de unos años varios seminaristas empezaron a acusarlo de pedofilia, digamos de molestias o de abusos sexuales cuando él estaba en el seminario en Polonia. Esos informes nunca llegaron sobre el escritorio de Juan Pablo II, y ante las protestas de las víctimas fue su mejor amiga, que era una psiquiatra polaca, Wanda Poltawska, quien le llevó a Juan Pablo II toda la documentación y se la dio, se la entregó así en sus manos.
Inmediatamente después de que ella se la entregara, el Papa Juan Pablo II pidió la renuncia de monseñor Praś, es decir que cuando sabía ya actuaba. Eso es lo que sí se vio, digamos así. En el caso de Marcial Maciel hay otra agravante, que es que él le juró públicamente cuando empezaron las acusaciones, le juró ante Dios de que todo era falso, que todas las acusaciones eran falsas y que eran una forma para desacreditar a la Iglesia y al mismo Papa Juan Pablo II. Yo en esos años le preguntaba a los más cercanos colaboradores de Juan Pablo... perdón, de Marcial Maciel: ¿Qué sabía Juan Pablo II? ¿Qué le habían dicho?
Entonces ellos siempre me contestaban lo mismo: "Pues sí, que le dijimos que había unas acusaciones, pero que acusaciones que eran totalmente falsas y que eran para desacreditar la Legión de Cristo y desacreditar al mismo la Iglesia y al mismo Papa." Eso es lo que se hacía y lo que decían en el Vaticano en esos años. Hay otra cosa que es un mito. La relación entre Juan Pablo II y Marcial Maciel es un mito, porque no es que ellos fueran amigos. Lo que hay que tener en cuenta es que Marcial Maciel fue la persona que de alguna manera hizo posible toda la logística del primer viaje de Juan Pablo II a México. ¿Por qué? Porque no había relaciones diplomáticas.
El Vaticano no podía tratar con el gobierno, y Marcial Maciel era muy cercano a la mamá y a las hermanas del presidente José López Portillo. Hay que decir que Marcial Maciel siempre estuvo cercano de presidentes, todos los empresarios, los principales empresarios de México, familias de México a las que engañó, engañó prácticamente a todo el mundo. Entonces Marcial Maciel fue el que hizo la logística, prácticamente hizo posible a nivel práctico que la visita, la primera visita de Juan Pablo II a México se realizara. De ahí el enorme agradecimiento del Papa Juan Pablo con Marcial Maciel. No es que fuera una amistad, había... este fue el hecho digamos que los acercó.
Después, cada vez que visitaba una universidad, un colegio, o cuando siempre venían al Vaticano en las audiencias llegaban los legionarios, el Papa veía las apariencias, veía colegios y universidades que funcionaban perfectamente bien. Y entonces él siempre decía que la gente se juzgaba por sus obras, por sus frutos, y que bueno, los frutos o las obras aparentemente eran buenos frutos y buenas obras. Entonces creo que hubo muchos factores, digamos así, que pudieron haber hecho que Juan Pablo II no viera esta situación. Otro elemento es que él tenía una idea altísima del sacerdocio y venía de un país de Polonia donde desafortunadamente el régimen comunista acusaba de cualquier cosa a los sacerdotes para desacreditar a la Iglesia.
Entonces Juan Pablo II creció en ese ambiente y tendía a no creer en las acusaciones en contra de los sacerdotes porque creció con esa con esos hechos de que el régimen comunista siempre los acusaba pero de manera falsa para desacreditarlos. Entonces yo creo que son como muchos factores juntos. Cuando el escándalo verdadero de pedofilia hacia 2002 estalla en los Estados Unidos, él cambia las normas y convoca a los cardenales norteamericanos aquí, y empieza bajo su pontificado lo que se llamaría la línea de tolerancia cero. Él mismo en 2002 escribió una carta a los sacerdotes de todo el mundo lamentando terriblemente esta... denunciando, lamentando y denunciando esta plaga de los abusos. Y en Toronto, en la última Jornada Mundial de la Juventud, ante jóvenes de todo el mundo, él dijo que sentía vergüenza por los abusos.
Quien ha conocido a Juan Pablo II, quien lo ha visto rezar, quien ha estado a su lado prácticamente toda la vida, piensa que es imposible hipotetizar que encubriera sabiendo que estaba encubriendo. Yo no quiero convencer a nadie, creo que es legítimo dudar, es legítimo hacerse preguntas. Yo solo aporto mi propia experiencia, mi convicción moral, digamos así, basada en lo que personas que para mí han sido muy importantes, muy importantes, y cuyo... sobre cuya limpieza moral, digamos, certitud moral no tengo dudas, me han ayudado, digamos, a tratar de entender este caso. Esto es lo que yo les puedo decir después de haber hecho muchas investigaciones, de haber hablado con muchísimas personas, y yo siento muchísimo que los principales colaboradores del Papa Juan Pablo II no hayan dado la cara y hayan hecho que esta sombra, digamos así, pues se reflejara, esta sombra cayera sobre la imagen y el pontificado de Juan Pablo II.
Yo creo que todas esas personas coludidas que recibieron favores y dinero por parte de Marcial Maciel tienen una deuda moral histórica por no haber asumido su propia responsabilidad y no haber tenido el valor de decir "Pues sí, nosotros por equis o por cualquier otra razón no le dimos esa información al Papa Juan Pablo II". Eso es lo que yo pienso. Solo quiero... espero que les pueda ayudar a hacerse su propio juicio personal teniendo en cuenta lo que ustedes han visto, sentido, escuchado durante los 26 años y medio de pontificado del Papa Juan Pablo II. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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