Redacción Editorial
-Carlos Navarrete aseguró en 2023 que López Obrador es un hombre enfermo de poder que ha destruido los equilibrios de la Constitución.
-El exsenador advertía que no se quería una presidenta pelele que reciba instrucciones desde Chiapas tras terminar el sexenio.
-En 2026, al final las palabras del exsenador de la república se convirtieron en una profecía maldita
-Navarrete calificaba al régimen lopezobradorista como una larga noche de seis años que debía terminar mediante una votación masiva en 2024.
-El crimen organizado manda en Chiapas por encima del gobernador y los zapatistas según denunció Navarrete Ruiz en 2023.
La trayectoria política de Carlos Navarrete, desde sus reflexiones en la entrevista con Eugenio Amézquita en diciembre de 2023 -publicada por Metro News en marzo de 2024- hasta su reciente y demoledor análisis con Carmen Aristegui en julio de 2026, no representa una simple evolución de opinión, sino la crónica documentada del colapso de un proyecto político que prometió transformación y entregó una crisis estructural.
El círculo vicioso: Del engaño al pacto de impunidad
En 2023, Navarrete advertía sobre un Andrés Manuel López Obrador "enfermo de poder" y la urgencia de evitar una "presidencia pelele". Hoy, la realidad ha superado esa advertencia: el país no solo enfrenta la sombra de un maximato, sino la metástasis de un régimen que normalizó el uso de recursos ilícitos —el huachicol fiscal y criminal— como aceite de su maquinaria electoral.
La conexión entre ambas intervenciones es ineludible: lo que Navarrete calificaba hace dos años como una "enfermedad de poder" se ha consolidado en 2026 como una red transnacional de intereses. La acusación directa contra Mario Delgado, actual secretario de Educación, de haber operado el trasiego de dinero criminal hacia campañas estatales, confirma la tesis de que la "transformación" no buscaba reformar el Estado, sino capturarlo a través de un pacto de impunidad que protege a los operadores del pasado para sostener el control del presente.
La parálisis ante el abismo
El análisis comparativo es desolador. Mientras que el general Lázaro Cárdenas entendió en 1936 que la soberanía del mandato presidencial exigía el exilio político de su antecesor, la presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra atada a un cordón umbilical que le impide ejercer la autoridad mínima necesaria para frenar el desfalco nacional.
La negativa del gabinete actual a debatir el desfalco de 80 millones de barriles de petróleo, exhibido con rigor técnico por el Dr. Francisco Barnés de Castro, es la prueba de que el gobierno no busca la verdad, sino la ocultación.
Navarrete subraya con crudeza que la pasividad ante la presión de Estados Unidos —que ya tiene los expedientes financieros del Cártel Jalisco Nueva Generación y el trasiego de combustibles— no es una postura de dignidad soberana, sino una negligencia que expone al territorio nacional a una intervención de facto.
México, un país en estado de choque
La radiografía es clara: el gobierno ha renunciado a la rendición de cuentas para proteger un "pacto de impunidad" que involucra desde el control de las aduanas y el trasiego de hidrocarburos, hasta la estructura misma de la Secretaría de Educación Pública.
Lo que en 2024 Navarrete temía como una posibilidad —la pérdida del equilibrio constitucional— es hoy la realidad cotidiana. La "larga noche" de la que hablaba hace dos años no solo no ha terminado, sino que se ha oscurecido con la sombra de una intervención extranjera que, de concretarse, no será producto de la casualidad, sino del vacío de poder y la complicidad de quienes, teniendo en sus manos las riendas del Estado, decidieron subordinar la nación a la protección de sus propios operadores.
México no solo está "agarrado con alfileres", como decía Navarrete; hoy, ante la parálisis de una presidencia que no logra gobernarse a sí misma, el país se desliza peligrosamente hacia una crisis de soberanía cuyas consecuencias apenas estamos empezando a dimensionar.
La transcripción de la entrevista a Carlos Navarrete por el periodista Eugenio Amézquita Velasco, en diciembre de 2023
Eugenio Amézquita Velasco:
Carlos, estamos a unos meses, menos de un año creo, de elecciones aquí en México, y algunos mexicanos se sienten atemorizados; tienen miedo de que volvamos a seis años de lo mismo con una imposición que parece acabar con lo que tú dijiste: un esfuerzo de décadas de grupos de oposición para lograr un México mejor. ¿Qué hay que hacer para que no se nos vuelva a repetir este tipo de situaciones? ¿Qué tenemos que hacer los mexicanos? ¿Qué tiene que ser México?
Carlos Navarrete Ruiz:
Mira, Eugenio, hace rato, antes de la entrevista, platicábamos tú y yo que hace ocho años dejé la actividad partidaria. Organicé mi despacho, empecé a trabajar con el sector privado y he hecho muchas cosas en estos ocho años. Había pensado no regresar a la actividad política; la partidaria la tengo cancelada, ya no tengo ningún deseo de participar con ningún partido político y he declinado amablemente todas las invitaciones que me han hecho diciendo: "Yo ya fui, yo ya ejercí responsabilidades, ya di lo mejor de mí, le di 40 años de mi vida a la actividad política y partidaria".
Creo que es momento de que otras generaciones irrumpan en esto. Pero viendo lo que está pasando en estos últimos cinco años —por cierto, del 2015 al 2018 yo trabajé en mi despacho, no participé en política ni en la campaña del 2018—, no tenía esperanzas de que las cosas mejoraran con la llegada de López Obrador a la presidencia, pero visto lo que ha pasado en el país con este gobierno, me he sentido en la obligación moral, personal, de conciencia, de que, de alguna manera, si yo ayudé a que Andrés Manuel fuera presidente, ayudé a construirlo...
Eugenio Amézquita Velasco:
Entonces, estás reconociendo que tú también, al igual que muchos, eres uno de los que engañó.
Carlos Navarrete Ruiz:
No lo considero un engaño, porque no me prometió algo que me haya incumplido; simplemente cambió y afloró el verdadero López Obrador, el que no conocíamos. El que yo conocí no era este; el que yo conocí escuchaba, rectificaba, trabajaba, no permitía actos de corrupción. Este hombre es otro, es un hombre enfermo de poder y que hace daño, incluso sin proponerse, pero hace daño. Y el mayor daño es la destrucción de los equilibrios constitucionales en México. Hay tres poderes: el Poder Ejecutivo, que es el presidente; el Poder Legislativo, que son las dos cámaras; y el Poder Judicial, que representa la Suprema Corte. Esos tres poderes se equilibran entre sí, y cuando el Ejecutivo se extralimita, el Congreso y la Corte lo limitan para que no se vaya más allá de lo que dice la Constitución. Este hombre no respeta ni la Constitución, ni al Poder Judicial, ni al Congreso, ni las leyes, ni nada; es como dice el corrido de José Alfredo Jiménez: "hijo de mucho poder, acostumbrado a mandar". Ese es Andrés.
Eugenio Amézquita Velasco:
Regresamos, entonces, al qué hacer. ¿Qué hacemos?
Carlos Navarrete Ruiz:
Impedir que la concentración de poder siga acumulándose en una sola persona, recuperar una presidencia de la República equilibrada, que gobierne para todos, que dialogue con todos y que convoque a todos a sacar adelante al país. No nada más a los que lo apoyaron; a todos, porque todos somos necesarios.
Segundo: disputar la presidencia de la República, porque hay mucho voto inconforme que no se expresa ni en las encuestas, ni en las calles, ni en ninguna otra forma, pero que está preocupada por el país porque ve el sistema de salud destruido, porque ve el autoritarismo del presidente, porque perdió familia por el sistema de salud deficiente, porque sale a la calle con la preocupación de que no le va a tocar una balacera y quede muerto ahí, o que sus hijos no regresen en la noche después de ir a la disco. Hay muchas familias que dicen: "No estamos bien". Este hombre está enloquecido, enloquecido políticamente por esta enfermedad de poder, y esa se va a expresar en las urnas.
Pero hay que darles un motivo, hay que darles una candidatura; por eso he decidido participar en la campaña presidencial del 2024 apoyando a Xóchitl, para que Xóchitl encabece un gobierno plural, diverso, de unidad nacional, que convoque a todos los sectores; que siga atendiendo a los pobres, sí, pero sin condicionar los apoyos; que siga habiendo libertades, que siga el sistema constitucional de equilibrio de poderes y que convoque a todos a meter el hombro para que saquemos al país adelante. Porque el país no va bien, está agarrado con alfileres; lo estamos sintiendo y resintiendo todos.
Y que termine esta larga noche de seis años de López Obrador; muchos lo recordarán bien, muchos lo recordaremos mal, pero que termine. Que no haya maximato, que no haya poder tras el trono, que no haya quien esté en Palacio Nacional despachando y que quien esté mandando, esté en Chiapas mandando instrucciones. No queremos una presidenta pelele.
Eugenio Amézquita Velasco:
¿Quién manda en Chiapas ahorita?
Carlos Navarrete Ruiz:
Empieza a mandar el crimen organizado, por encima de los zapatistas y por encima del gobernador. Están diciendo los zapatistas que el crimen organizado está tomando territorios chiapanecos para controlar la migración, el gran negocio de la migración. Por lo tanto, en el terreno nacional, Eugenio, participar: quienes son militantes de los partidos, que lo hagan con su partido respectivo; quienes no estamos en los partidos, desde la sociedad civil, que voten, pero que participen. Primero, como puedan hacerlo, y que voten el día de la elección.
A fuerza de votos se puede derrotar toda la estrategia gubernamental. Aunque parezca invencible, es derrotable con el 70 por ciento de la gente en las urnas en 2024. No va a bastar todo lo que tienen ellos, ni recursos, ni aliados, ni presiones, para detener la avalancha de votos que haga una transformación, pero que no sea una transformación ni de un partido, ni de una mujer, ni de una sola persona, sino del conjunto de la sociedad.
Eugenio Amézquita Velasco:
Ya nos dieron el remedio y el trapito. Creo que tú más o menos estás diciendo, como dicen en las posadas: "tu tiempo se acabó". Se acabó, seis años y se acabó. Eso debemos lograr. Me despido con Carlos Navarrete Ruiz.
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